Leo la entrada donde Alicia me participa. Es completamente cierto que en su auto sonaban las Variaciones Goldberg y tenía puesto un vestido con grandes círculos de colores. Lucía cansada, quizás alguna discusión con sus hijas, aunque ella prefiera describirlo como un estado entre el sueño y la vigilia (casualmente las Variaciones nacen del insomnio del Conde Kaiserling que alberga al clavicordista Johann Goldberg con el único objetivo de entretenerlo durante las noches…).
Para nada recuerdo la monumental frase …necesitamos de diversas muestras de arte para captar lo bello que está detrás de cada obra, quizás sea inmaterial seguir haciéndolo si ya lo hemos aprendido… Tal vez cierto mal humor por la espera (se me había quedado el auto) y una urgencia por volver temprano, la llevaron a que dijera, escuetamente, no creo que haya algo muy distinto en esta exposición –mientras hojeábamos el catálogo del año anterior- es tarde… ¿Querés qué te acerque a algún lado?
Alicia lucía cansada. Me preocupó, en las mujeres como ella el cansancio es una de las formas que toma la tristeza. Alicia estaba triste y quería quedarse sola.
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Como Alicia -totalmente sesgado por la narración de Sábato- siempre tuve a Lavalle por un héroe romántico, por un hombre que habiendo batallado en ciento cinco combates por la libertad de este continente, en su gesta final para terminar con la tiranía de Rosas y acosado por el fantasma de Dorrego, de modo inexplicable, decide huir hacia el norte desértico y cansino, norte donde encuentra la muerte, de modo casual, a manos de las fuerzas federales.
Guillermo presenta otra historia, la de un Lavalle que al igual que el Coronel Kurtz de Apocalipsis Now, descubre, maduro, el horror de la guerra, las de la emancipación y las civiles, de todas las guerras.
Cualquier guerra se resume en matar. En matar y matar hombres y hombres y Lavalle en un atardecer pampeano entiende que ése es su don, la destreza para dar muerte. Decide entones incendiarlo todo, un colosal incendio que barra también con la gloria de la campaña de los andes, al fin una guerra más. El combustible es una orgía de ordalías y ejecuciones que no bastan para llevarle tranquilidad alguna y termina dándose muerte por su propia mano, como un cobarde, como un valiente.
La Historia son historias, como apunta Gustavo Bulacio. Solamente.
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Zelig de Woody Allen es un falso documental para contar la historia de Leonard Zelig, el camaleón humano que en su deseo de obtener la aprobación de los demás toma atributos y rasgos de quienes lo rodean, volviéndose negro en compañía de Louis Armstrong y haciendo suyas por mero contacto las habilidades de médicos, músicos y pilotos.
Tras sobreponerse una temporada a su mal, la falta de identidad, vuelve a caer en el conformismo y la existencia camaleónica y huye del país. Zelig es seguido en el periplo intercontinental por la Dra. Eudora Fletcher (Mia Farrow) esposa, terapeuta y responsable de su cura, quien finalmente lo encuentra en la comitiva bávara de Hitler.
En la mitad del discurso del fuhrer, molesto por la presencia de los americanos, se introduce una segunda película basada en esos hechos reales. Zelig dentro de Zelig. Un documental dentro de otro. Eudora y Leonard, protagonizados por apolíneos e inmarcesibles estrellas de los años cuarenta, alcanzan su final made in Holliwood, escapando de sus perseguidores nazis a bordo de una avión piloteado por él. Baten el record mundial de vuelo transoceánico. Nada en ese film luce como los acontecimientos que narra el primero, tan falso como el segundo.
Años más tardes dirá el inevitablemente inglés Jeremy Irons “no importan los géneros, todo lo que filma Hollywood es ciencia ficción”.
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Alicia nos cuenta, naturalmente, un encuentro, una charla que no fue. Lo real es insignificante sin trascendencia alguna. Ella lo recrea, crea un motivo que merezca el recuerdo.
Zelig evidencia la imposibilidad de llegar a ser como uno es. No somos muy diferentes de Alicia, todos queremos ser recordados de un modo especial, aceptados, queridos. Nos rescribirnos.
En la Historia perduran, complementarios y contrapuestos, cada intento de eternidad, versiones de nosotros mismos, agradables a distintos lectores, incompatibles con el principio de identidad.
Zelig, el falso documental y el falso documenta al cuadrado son la extensión visual de esa incertidumbre. De la incertidumbre de la Historia, de las historias de cada uno de nosotros.
Tres pájaros picotean una piedra, pobres.
Waldo Williams, 24 de Octubre, 2011
lunes, 24 de octubre de 2011
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