Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



viernes, 16 de octubre de 2015

146. Ni con Perros ni con Chicos

Jueves a la noche en el West End, teatro histórico a metros de Covent Garden. Reservé las entradas hace meses, tiempo suficiente para llegar con todas las crónicas leídas y bien repasadas las vidas de Charles Laughton y Elsa Lanchester.

Estoy ansioso por entrar al cabaret reducido y sentarme a la mesa mínima con velador de pantalla colorada, adelanto el disfrute de Nor Dogs Neither Children. Soy el reloj pulsera de un novio.

Lo que no fue. Nada de eso pasó, pero ninguna tristeza, el encantamiento obró idéntico.

Jueves, mismo cabaret, misma mesa y velador, Ni con Perros ni con Chicos de Fernando Albinarrate se estrena en el Cervantes de Buenos Aires, sólo porque el azar lo trajo a nacer aquí. Sólo por azar anoche no estuvimos en Londres, nada más.

Me siento quizá en la mejor ubicación para gozar del tímpano de los actores, justo en el extremo izquierdo del arco que delimita el escenario. En otro momento me hubiera volcado todos los  ceniceros en la cabeza. Hoy no. Me interesa mucho más la obra que el modo en que actúen la obra. Desde mi platea, podré ver luego como Fernando dirige la música, parado contra la pared de la última fila, enfrentando a  los actores y la orquesta. Me hubiera gustado estar al lado. Llamémoslo nostalgia.

La obra cuenta la vida de dos actores ingleses que triunfan en Hollywood durante los treinta y los cuarenta. Pareja disfuncional, glamour en tonos de negro y plata. Ella sería Peter Pan y la Novia de Frankenstein, él… Captain Kidd y Quasimodo. Monstruos y Angeles. Engaños y celos y alcohol y reproches y necesidades y soledad y depresión y risa y tabla en la tormenta y tormenta y compañía y vida, una vida. Un matrimonio.

La obra es musical, no una mera sucesión de textos y canciones. La obra es una partitura donde se indican las notas de comedia y drama. No nos requiere la suspensión del juicio para hacer creíble la entrada de los instrumentos y las voces, es un devenir natural, como la curiosidad por esos actores –casi- olvidados, la identificación, la  risa, el aliento en suspenso, el nudo en la garganta y de nuevo lo amable y lo ligero y burbujeante. No hay revés de la trama, nunca mis ideas interponiéndose con las de los personajes, nunca una objeción por el camino ni por el tono que elijen. Es bueno encontrar  un lugar donde descansar de uno mismo.

Como en una película de Woody Allen, todo nos lleva a creer que la historia es sobre él, pero a medio andar nos damos cuenta (o cuenta para mí) que todo tiene más que ver con Elsa que con Laughton.

Ni con Perros ni con Chicos, habla de la tensión entre lo bueno y lo genial y la imposibilidad de dar el salto si antes no fuimos tocados por el hada. Nos habla de la difícil convivencia entre el hombre común, capaz y el superdotado. Y sobre entender y no entender y de la búsqueda de un lugar y nuestro esfuerzo para que ese lugar nos guste y el cerrar los ojos y mordernos el labio y esperar, desesperados, que el otro alguna vez, no pueda dormirse sin darnos la mano.

Dos momentos: Elsa cantando La Novia de Frankenstein y luego preguntándose sobre sí (para qué está en el mundo) cuando Laughton conoce Brecht. Estuve a punto de llorar y enamorarme de Laura Oliva. En ambos casos conseguí controlarme. No sé si hice bien.

Les dije, mi platea me da una visión inmejorable de Fernando dirigiendo. Y allí está, impecable, disfrutando de su trabajo. Quedaría rendido y pleno y orgulloso y emocionado. Y en las cien personas que lo rodean no están ni Raúl, ni Lola, ni China pero se dejan ver en cada línea de la obra y yo de esos cien, quizá sea el único que lo sepa. Quizá seamos dos. Melodías  tontas y aristogatos y  la noche del cazador y la malvada y  mary popins y rick y el chico gordito –como Laughton- ensayando en el piano de la parroquia y el jazz y las primeras obras y la valentía, la valentía, la valentía.

Fernando hizo lo que sus amigos de entonces no nos animamos.

Ni Con Perros Ni Con Chicos es una cumbre, un trabajo bien hecho, un trabajo que llevó años.

Estoy rendido y pleno y orgulloso y emocionado.


Guillermo Avogadro, 16 de Octubre