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miércoles, 8 de febrero de 2012

105. Como una manada de luciérnagas

Nota. Este artículo es parte de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.


Hoy me levanto temprano yo, dije y cumplí conmigo. Frente a nuestra mesita, intina, tres sfogliatellas de pasta de almendra. Enrico me contó que de chico le encantaban. Nos tomamos nuestro tiempo, nos demoramos en nosotros mismos. Vamos y volvemos y nos quedamos un rato más y terminamos saliendo tarde para Pisa. Nunca me pasó esto con una clienta, dice Enrico. Yo tampoco tuve un cliente como Usted, nunca, respondo con la misma ironía.

Penúltimo día. A pleno sol, pero tibio, del invierno. Villas toscanas y viñedos raquíticos, algunas ovejas esquiladas, decenas de caminos divergentes. Evitamos la autopista, viajamos por los senderos del Chianti. Además del desayuno preparé una cesta de picnic (Feliciana estaría orgullosa de mi diligencia).

Hablo sobre mí, como puedo y siento una culpa enorme por los recortes que debo hacerle a la historia, sabe que soy viuda con siete hijos y preocupado me pregunta como hago para mantenerlos en Buenos Aires, que él podría –que por favor no me sienta mal- ayudar en algo; y yo clavo la vista en el paisaje y vaya a saber cómo interpreta mi silencio… la vida es tan corta para el ajedrez, digo al rato y prendo la radio y la apago, prefiero el silencio y el sonido del viento sobre el parabrisas.

Comemos sobre una cerca de piedra, yo apenas picoteo algo. Enrico vuelve con lo de Alice, eres transparenti y yo con la copa de mi Colline Pisane en los labios, pregunto ¿Soy transparente? ¿Perché dici? ¿Come fai a saperlo?

Usted es rica Alice ¿no? Yo estoy por contestar en deudas, pero evito regodearme en el personaje. El está parado dándoles miguitas a los pájaros… Usted lo sabe… los ricos elevan a nivel de arte lo cotidiano, el arreglar la casa, vestirse, comer. No sólo son los ingredientes, es todo, hasta las copas de vino que necesariamente deben ser copas Riedel para poder tomarlo. Comida de autor… procesar de modo complejo y caro “cervo” haciéndolo pasar por “zucchini”. Minimalismo… la calidad sobre la cantidad… Los conozco bien.

Entre el enojo y la vergüenza. Non capisco.

Todo Alice, este vino, las sfogliatellas que estoy seguro hizo traer de Napoli…

¡No, te juro que no! Digo aparentando ofensa y al borde de la carcajada.

Pero por sobre todo, Usted no come nada, las mujeres ricas no comen nada y se mata de la risa y yo también y me acuerdo cuando Victoria Ocampo comía antes de una comida, para evitar hacerlo luego, pasando –creyendo pasar- por más sutil, ligera, espiritual (Tagore aprovechaba su plato y el de ella). Rodamos por el pasto como en un comercial de Milka, yo más repuesta del susto inicial, aunque reprochándome no haber tenido coraje para blanquear la situación… Y ahí va como una manada de luciérnagas, la tarada enamorada, a punto de estrellarse.

* * *

Pisa. Salvo Piazza dei Miracoli, el resto olvidable… pero esta piazza es realmente un miracoli. Cuando hablamos de Pisa, hablamos como si lo único que existiera fuera la torre… Fotografiarnos sosteniendo su inclinación de casi cinco metros y punto… nunca una foto la apone en contexto, sólo muestra su rareza (¿Puede ser raro, algo tan conocido?).

Yo creía, que como tantos monumentos célebres, la torre estaba en medio del caos urbano, condenada como la pirámide de Keops. Pero no, no señor… Hay otras dos construcciones que solas serían el orgullo de cualquier ciudad de la tierra; una catedral y su baptisterio, combinando el gótico con el estilo árabe y el bizantino. Es la primera vez que vemos en una iglesia las fajas horizontales en mármol blanco y negro, El efecto cebra. En su altar destaca un Jesus pantocrátor hecho en mosaiquitos dorados, que bien podría ser ciudadano de Estambul.

La tercera es un campo-santo que dicen –y lo creo- es el más bello de la antigüedad. Tres naves enormes, la central abierta (para poder conectarse con el cielo) convertida en jardín, tierra santa traída desde Jerusalén (beneficio de las cruzadas). Cubriendo sus paredes (cien metros por veinte… ¿Me explico?) frescos, luchas de ángeles y demonios por las almas de los hombres; un inmenso diablo comiéndose a los condenados…ese tipo de cosas… tren fantasma para grafitteros.

Catedral, Baptisterio, Campo-santo y Torre están sobre una plaza verdísima, recortada por una antigua muralla. Los turistas, quizá –seguramente- inducidos por los guías, suelen confundirse y llamar a la Piazza, Campo – dei Miracoli- por el campo que aparece en el cuento de Pinocho, donde una moneda de oro hacer crecer un árbol de monedas.
Milagrosamente, las cuatro construcciones se salvaron de las bombas de la segunda guerra mundial, aunque su nombre es muy anterior, le fue puesto por el escritor Gabriele d´Annnuzio en 1.910, quizá una premonición.

* * *

Me planto frente a la Torre, como Esperanza en En Cualquier Lugar, descubro con pena (¿Nostalgia?) que “ya estoy curada…”.

- Por los buenos tiempos, Enricono soy Queen Latifahpero sería capaz de engordar un par de quilos si fuera necesario.

Me levanta con sus brazos de oso Yogui y subimos por los escalones bien inclinados de piedra, gastados… como estar navegando en el interior de un pequeño velero.

En las alturas apenas protegidos por una baranda de hierro, a lo lejos la tierra toscana y el mare nostro. Tengo la sensación que la torre se va a venir abajo en cualquier momento y pese a los experimentos de Galileo veo que primero vamos a llegar nosotros y después las piedras.

Me pregunto con Tolstoi… Si una manzana cae ¿por qué cayó? ¿Es debido a la gravedad, porque maduró o tornó seca por el sol, por volverse más pesada, porque el viento la sacude, o porque el chico de pie bajo el árbol quiere comerla?

Ya lo sé, me conozco, cuando cito mucho es porque quiero escapar de la realidad, del medible y cronometrable aquí y ahora. La realidad no es ilusión, es una tenaza de hierro.

Todos caemos.

Alicia Lis, penúltimo día, Pisa, 8 de Febrero 2012

2 comentarios:

  1. Será que la mención de recuerdos comunes me hace disfrutar más? Esperanza es un ícono para mí con un significado mayor, perdón flaco, que el mismo Spinetta


    La descripción de la significación que le dan los ricos a ciertas cosas también la he visto en los pobres de algún pueblo catamarqueño, cuando matar al chancho engordado, compartir una gallina, cebar un mate y pasarlo sentados al rescoldo, es también un momento religioso, pletórico de significado, que convierte al silencio en diálogo de intimidad.

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  2. Muy emocionada por Esperanza, el hada que velará por nuestros sueños. Alicia

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