Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



jueves, 21 de junio de 2012

127. Crímenes y Pecados

Durante toda la vida debemos tomar decisiones morales que resultan desgarradoras. Algunas son importantes y muchas lo son menos, pero estas decisiones nos definen. Somos la suma total de ellas.
Los acontecimientos ocurren de forma tan imprevisible e injusta que parece que la felicidad humana no se incluyó en el diseño de la creación. Sólo con nuestra capacidad para amar le damos significado a un universo indiferente.
Louis Levy

Alicia tiene razón, si mañana volviera a nacer quisiera hacerlo como Woody Allen, si con el sexo cambiado, en el cuerpo de Peggy Guggenheim, si something in between elegiría, pese a todo, volver siendo Oscar Wilde. Si vamos a pedir, pidamos.

Guillermo escribió sobre Manhattan, para mí esa película es parte de la trilogía de New York (perdón, Auster) junto con Annie Hall y Sueños de un Seductor, que ¡Oh paradoja! se filmó en San Francisco por problemas gremiales. Si a ese tridente ofensivo le sumamos Zelig, Hannah y sus Hermanas y Crímenes y Pecados… puedo decir, muy seguro, nosotros seis contra todos lo que se vengan. Películas que de alguna manera me construyeron, o al menos amoblaron mi dos ambientes.

Difícil quedarme con una, pero luego de tanto hablar de amores contrariados, elegir la cinta que mejor se interna por el túnel de la culpa pareciera no ser una mala elección.

Glosa en los márgenes. Si buscan liberación en Google obtendrán 10.900.00 resultados (no es un mal número). Si buscan culpa 24.400.000. Huelgan los comentarios.

En Crímenes y Pecados se cuenta las historias de Judah (Martin Landau) oftalmólogo exitoso y la de Cliff (Woody Allen) documentalista fracasado. Sus vidas sólo se tocan al final, cuando se encuentran, por casualidad, en un casamiento y cambian algunas pocas frases, mientras otros, alegres, festejan.

Judah tiene carrera, mujer, hijos grandes y una amante, Carmen, que puede tirar todo por la borda. Judah ha malversado fondos, cometió fraude y disimula con beneficencia. Carmen lo sabe todo, y no acepta el abandono, está desesperada y pasa de la amenaza a los hechos. Caminan al borde de la cuerda, está oscuro y el mar da miedo, mucho, se puede comer, rápido, al profesional modelo y a su familia ejemplar.

Pero Judah también tiene un hermano con capacidades especiales, un hermano oculto, pragmático e inmoral, un asesino a sueldo que se encarga de terminar con la vida de la amante.

Cliff es fiel a sus convicciones y a la ética de su obra. Lo encontramos haciendo un documental sobre el profesor Louis Levy, pero éste se quita la vida antes que el trabajo esté terminado.

La mujer no lo valora, lo compara con su exitoso hermano Lancer (Alan Alda) director de televisión. Cliff lo desprecia por superficial y vacío, pero sin trabajo ni proyectos acepta filmarlo para un especial en su honor. Allí conocerá a Holly (Mia Farrow) productora que trabaja a desgano con Lancer. Los dos se ríen a sus espaldas. Holly le trae un poco de felicidad, Cliff la besa, se declara enamorado y piensa que ella puede ser su segunda oportunidad. Desea a una mujer que no es la suya, en su matrimonio no queda traza de amor.

A Judah le cuesta (algo…) aceptar el asesinato como solución del conflicto, pero acosado la toma. Dios es un lujo que no me puedo permitir, dice.

Cliff trabaja para Lancer, es verdad, pero no puede traicionarse y en los avances que vemos del fílmico, las imágenes de su cliente se contraponen con la de Mussolini y Mr. Ed.

Cliff pierde el trabajo y también a Holly que terminará casándose ¿Adivinen con quién? …Sí… con el rico y arrogante Lancer.

* * *

Escribo de memoria, he visto Crímenes y Pecados más de diez veces. Releo. Mis líneas son a la película, lo que los huesos de un dinosaurio a la bestia infernal que reinaba en el jurásico. Nada. Quiero romperlo todo y escribir una oda a la cebolla, al calcetín, a la cuchara.

Medianoche, el viento es despiadado con los árboles y mi ventana no lo contiene. En la calle hiela, me preparo un café, pongo el DVD, y vuelvo a ver al cansado león de la MGM, otra vez. Afuera algunas luces ámbar.

Rápido me convenzo, mi error no fue limitarme a describir la peripecia, el esqueleto, dejando de lado las líneas del diálogo… Cada réplica es tan buena, que hubiera terminado copiando íntegro el guión, dibujando, al fin, un mapa borgiano, completo, perfecto pero completamente inútil.

Al contar Crímenes y Pecados como un teorema, aunque en el fondo pueda serlo, pierdo el clima, la luz, su temperatura.

Los colores son cálidos, pero todo es frío, más frío que el invierno de la ciudad y de los personajes, más aún que el frío de sus abrigos, de sus piletas cubiertas y su pasto quemado por la helada.

Me refugié en la anécdota y perdí las manos que frotan, tensas, la frente y el sonido de un teléfono como un puntazo en la espalda y la mirada febril y perdida y la espera de algo, de nada, en el interior de un auto y matar el tiempo y las nubes negras que pasan y el mal humor y un golpe sobre la mesa y el aire que no alcanza y el cuerpo que se retuerce por dentro y la certeza del insomnio y en medio de la noche, nosotros girando sobre lo mismo y la ansiedad y la cabeza llena de paja y el fuego tan cerca y el pecho tan angosto y partido y nadie a nuestro lado… Y todo eso que hemos vivido tantas veces.

No supe describir el frío de un mundo sin centro, que gira alrededor de una estrella muerta.

* * *

En el final veremos a Judah y a Cliff de smoking. Uno muy cerca de un Cary Grant sombrío, el otro de una casa de ropa de alquiler. Conversan al lado de un piano. Es la boda de la hija de Ben, rabino, paciente de Judah y cuñado de Cliff. Todo es blanco o negro. Todo claro y distinto.

Judah abre el diálogo, casi un monólogo, de algún modo, una confesión.

Ben me dijo que usted hace películas.... Tengo la “gran historia” para “una de asesinatos”. Un argumento increíble... Hay un hombre muy exitoso, que lo tiene todo...

El director, con pudor, evita que Judah le hable a la cámara sobre los detalles del crimen, se aleja al salón y vuelve cuando su hombre retoma el aspecto filosófico del relato.

…Y una vez que el infame trabajo está hecho, la culpa lo abruma…. Surgen chispas de un pasado religioso que había sepultado, escucha la voz de su padre, imagina a Dios mirando todos sus movimientos, de repente no es un universo vacío... Es un universo justo y moral...Y él lo ha violado... Entra en pánico, está al borde del colapso mental y a pasos de confesar todo a la policía...

El plano se ha cerrado sobre el rostro de Judah, casi un terreno baldío. Habla desde el fondo de una caverna sellada con siete candados.

…Pero una mañana se despierta...y brilla el sol y su familia está junto a él. Misteriosamente la crisis desaparece… Va de vacaciones a Europa con su mujer y sus hijos...y con el correr del tiempo ve que no es castigado. Al contrario, todo se encarrila… Culpan a otro por el asesinato... Un hombre con más víctimas en su historial. Que importa... Una más no cambia nada.... Ahora es libre… se ha liberado. Su vida vuelve a la normalidad. .. Está de vuelta en un mundo protector, en un mundo de riqueza y privilegios.

Cliff: (preocupado) Sí, pero… ¿Usted cree que realmente puede volver?

Judah: Bueno…todos cargamos con algún pecado.... Digo… de vez en cuando se tiene un mal momento....pero pasa… y con el tiempo todo desaparece.

Cliff: Entonces sus peores temores se hacen realidad...

Judah: Yo dije que era una historia espeluznante… (con algún cinismo en el modo de mirar, ligero)

Cliff: A nadie le sería fácil vivir con eso… muy pocos podrían vivir con algo así en su conciencia.

Judah: (liberado) Muchos hombres cargan con faltas graves… ¿Qué se supone que haga? ¿Que confiese? ¡La realidad es así! En la realidad racionalizamos, negamos… o no podríamos seguir viviendo.

Cliff: …Yo haría que él se entregue... Así la historia alcanzaría una dimensión trágica… Ante la ausencia de un Dios, él debe asumir toda la responsabilidad. Se excede y parece escapar del destino pero finalmente le llega su castigo… Una gran tragedia.

Judah: Eso pasa sólo en las pantallas… ¿Vas demasiado al cine, verdad? Yo hablo del mundo real… Para finales felices están las películas de Hollywood…

Judah sonríe algo nervioso, entonces entra su mujer vestida de color verde esmeralda, se miran, se toman de las manos y ella le dice que se ve muy apuesto, se besan con cariño y ahora sí, Judah es Cary Grant en su mejor momento.

Cliff se queda mirando el piso. En el salón, Ben, el rabino ciego, baila el vals con su hija. En su oscuridad es el único que parece ver una luz.

Mientras vemos girar, felices, a padre e hija escuchamos al profesor Levy, que sabemos se ha suicidado, cerrando con un hilito de voz “La mayoría de los seres humanos parecen tener la habilidad de seguir intentando, e incluso encontrar placer en las cosas simples como su familia, su trabajo y en la esperanza que las próximas generaciones quizá entiendan mas…”

Waldo Williams, 21 de junio, 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario