Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



lunes, 6 de septiembre de 2010

46. Arrojo o cobardía

Somos una Fe de Erratas.

El error nos constituye y el señalamiento del error en el otro nos hermana (estuve en la duda y aún no estoy muy convencido si debería haber usado redime en vez de hermana).

Las últimas entradas fueron mera actividad detectivesca de incidentes menores. Pero lo último fue grave. Y no me refiero al neoplatonismo de un cielo poeta y de versos que devienen en traducciones siempre perfectibles. A la hora de escribir coincido con mi vieja amiga Asunción Prado, escribir es como ir al baño luego de aguantarse mucho tiempo: una liberación, algo físico y natural, que sucede casi de modo automático.

Pensar que en los ochenta Guillermo decía que esperaba que sus escritos se leyesen del mismo modo en que comemos un plato de pasta, rápido, sin preguntar por los ingredientes, con placer infantil. Una vez terminada la obra, el lector, llegado el caso, podía reflexionar –o no- sobre lo que había leído, como manteniendo una charla de sobremesa con el autor… Ahora Guillermo “re-traduce” y justifica su error (horror) con el gran Bernard Noël, en base a la romántica hipótesis de Alicia. Más respeto.

Pero tampoco esa “justificación” de su error es lo grave.

¿Cuál es el punto entonces? Guillermo señala que Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn escribió de memoria El Archipiélago Gulag en un campo de trabajo ruso. Es completamente falso, y he aquí el grave error que me cabe señalar, para no ser menos, en esta entrada.


Solzhenitsyn, graduado en Matemática y Física, luchó en el frente de Prusia Oriental, en la segunda guerra. Fue detenido en 1945 y condenado a ocho años de trabajos forzados y a destierro perpetuo por opiniones contrarias al régimen, escritas a un amigo.

Una vez cumplido los ocho años de condena, Solzhenitsyn tuvo que cumplir el destierro a perpetuidad. Fue enviado a Kok Teren y allí trabajó en secreto mientras daba clases en la escuela primaria.

Liberado y rehabilitado en 1956, a Solzhenitsyn se le permitió vivir en en el centro de Rusia, donde pudo llevar una vida normal, dando clases de matemáticas y escribiendo sobre su vida en la cárcel.

El Premio Nobel de Literatura de 1970 lo ayudó a terminar su obra más conocida, El Archipiélago Gulag (exactamente lo contrario de lo que dice Guillermo).

Ese libro enorme, compuesto por piezas autónomas, fue redactado entre 1958 y 1967 en la clandestinidad y sin archivos, pero no lo escribió de memoria durante su cautiverio (como también señala Guillermo).

La primera parte fue publicada en diciembre de 1973 en París, después de que una copia del manuscrito se perdiera al caer en manos del KGB en Rusia y su portadora, secretaria del autor, se suicidara tras haber sido torturada. “Con el corazón oprimido -explicó Solzhenitsyn en la primera página- durante años me abstuve de publicar este libro, ya terminado. El deber para los que aún vivían podía más que el deber para con los muertos. Pero ahora, cuando pese a todo, ha caído en manos de la Seguridad del Estado, no me queda más remedio que publicarlo inmediatamente”.

El Archipiélago Gulag describe el sistema de prisiones soviético y de la policía secreta. Enumera las atrocidades de un Estado enfrentado demencialmente a su propio pueblo. Entre 40 y 50 millones de personas fueron enviadas a cumplir condenas en lo campos de trabajo repartidos por toda Rusia. La mitad de ellas nunca regresaron.

Solzhenitsyn murió el 3 de agosto de 2008 en su casa en Moscú, a la que regresó luego de un largo exilio. La tumba del escritor se encuentra en el cementerio del monasterio Donskói, un camposanto del siglo XVI donde en el pasado recibían sepultura los miembros de la realeza.

¿Realmente Guillermo desconocía esto, o falseó la verdad histórica con algún propósito?

Digo esto pensando que toda historia, es, inevitablemente, un recorte de hechos. Podríamos tener dos biografías de la misma persona escrita por sendos autores y lo único que nos llamaría la atención es que habríamos leído sobre dos hombres muy distintos, que coinciden –extrañamente-en el nombre y en las fechas de nacimiento y muerte.

Recortando con dedicación, una vida podría ser resuelta en un solo momento que la define. Para asegurar que la escena transmite el peso de una vida completa se requiere acentuar los contrastes, la acuarela no sería la técnica indicada.

Un hombre de ciencia deviene en denunciante de un régimen sanguinario, sufre la cárcel y el exilio por la delación de una carta. Ahora trabaja a escondidas, jugándose la libertad y la vida, llevando en la cabeza más de doscientos testimonios, porque es la única forma de protegerse y proteger a los demás. El libro que produce, lo hace más célebre aún que el Nobel que ya había ganado. Guillermo niega los hechos, sí, pero sacrifica en el altar de la verdad cinco líneas que hacen más justicia a la vida real de ese hombre que toda su dramática biografía “Aleksandr Solzhenitsyn escribió de memoria las más de quinientas páginas de El Archipiélago Gulag, durante su cautiverio en un campo de trabajo ruso. Tras la liberación se encerró semanas y tipió sin parar el libro completo que llevaba dentro de sí, lo publicó y ganó el Nobel.”

La historia no sería el pasado, si no una imagen del pasado, una interpretación que concentra y superpone hechos dispersos y quizás contradictorios.

Toda una vida resuelta en un momento que la define.

Ese momento es, inexorable, un momento de arrojo o cobardía.
Sea cual fuere el resultado siempre supone una pérdida.

Waldo Williams, 6 de Septiembre

No hay comentarios:

Publicar un comentario