¿Qué hice? ¿Qué idea les metí en la cabeza a mis amigos? ¿Qué vientos desaté cuando los empujé a escribir más allá de sus experiencias como padres? Las entradas son cada vez más oscuras, tristes, finales ¡Por Favor! ¡Un poco de frivolidad, glamour, burbujas y confeti! Sol, good locations, beautiful people, nice stories. Chocolates Godiva, Col Porter y Burberry ¡Nos vas a abandonar todos…nadie nos va a leer! ¡Hey! ¿Me escuchan? Please, vuelvan a ser los de siempre ¿Sí?... ¿Siií?
A ver… ¿Cómo salimos de ésta? …Guillermo dice que a veces, persistir en una idea empobrece. Me acuerdo que en el ingreso a Derecho, a principio de los ochenta, durante la dictadura, nos hicieron leer Antígona, allí un personaje decía “Es más fuerte el árbol que pierde sus hojas en el invierno, ningún viento puede con él”. A los dos nos parecía un sacrilegio, sólo los cobardes mudaban de ideas, sólo los cobardes las dejaban ir para protegerse. Hoy Guillermo lee las mismas líneas con otros ojos. Y aunque en aquel momento detestamos esa idea, la obra nos llevó a enamorarnos de la tragedia griega y el mundo helénico.
Nunca me voy a olvidar cuando estuve en Grecia por primera vez…
Ahí estaba el palacio del rey Minos en la isla de Creta, levantado mil años antes que naciera Cristo. Ese palacio es el padre de todos los laberintos y matriz del minotauro, mitad toro, mitad hombre.
Fue el albergue de la primera puesta teatral de Europa, siglos antes de que Europa existiera.
Cuna del primer escrito de la historia del hombre, el poco romántico Linear B.
Ruina arqueológica: patios posibles, escalones dispersos, silos subterráneos, corredores entrevistos, muros pintados: jóvenes desafiantes, escenas marinas, bellas esclavas.
Polvo y piedra y sol y polvo y piedra y sol.
Hasta las ruinas han perecido.
La imaginación trata de completar lo que la arquitectura y el tiempo roban.
¡Maldita suerte! Hacía la visita justo cuando desembarcaban las hordas de colegas turistas. Todos los cruceros llegan y se van el mismo día a la misma hora: misterio de la organización naviera mediterránea.
Recuerdo ordenarme estoicamente en la fila que lleva hasta el trono del rey Minos, el más antiguo que se conserva en occidente.
La razón me indica que nunca la cabeza de toro descansó sobre el pecho del rey y que jamás el hilo de Ariadna cruzó esta sala.
Sin embargo esas paredes inciertas pero verdaderas, hacen que Asterión el minotauro e Icaro su ejecutor, aparezcan ante mí como tipos reales, tipos de carne y hueso y cuernos y plumas.
Quizá la palabra “tipo” no sea la más adecuada para nombrar a semejantes sujetos.
Mientras espero, surgen –inevitables- recuerdos de Borges y mi expectativa aumenta.
Cruzo finalmente un dintel bajo, el recinto es pequeño y apenas iluminado, detrás de mi lo hacen dos parejas. El grito bestial de una española rompe el silencio ¡¿Y después de estas casuchas queeeéh…?!
El pequeño trono del rey Minos se deshace ante mi vista.
Gracias a Dios lo único que se deshace es mi ilusión a manos del grito de aquella señora.
Nuevamente la palabra “señora” parece no ser la más adecuada para nombrar a ese sujeto ibérico, alimentado a puro castillo de la revista Hola, con su pelo moldeado a fuerza de metros cúbicos de spray, educada por Corin Tellado, apretada en pantalones ya muy ajustados color rosa flamenco rosado.
A ese sujeto histórico que venía haciendo equilibrio sobre sus tacos agujas, tropezando y comiéndose su enojo y desilusión, la habían timado ¿Cómo llamar palacio a semejante baldío? Ella venía de visitar Buckingham palace y no esperaba menos del legendario palacio minoico.
Aquel momento fue para mí una revelación que me acompañaría siempre: cuando viajamos nunca salimos del museo de nuestra mente.
Viajar no es otra cosa que recordar. Nos desplazamos sólo para reencontramos con los artefactos que ya hemos juntado y venimos llevando de amigo en amigo, de siesta en siesta, de vida en vida.
Waldo Williams, 24 de Septiembre
viernes, 24 de septiembre de 2010
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