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martes, 28 de septiembre de 2010

50. Tinta azul lavable

L'Art c'est l'azur
Víctor Hugo


Me gusta como los muebles de rattan se amoldan a nuestro cuerpo, flexibles y acuáticos, como diseñados por Bauman, el filósofo de la sociedad líquida. Este juego de jardín es centenario, lo trajo de Ceylán Ricardo Güiraldes y se lo regaló a la tía Delfina cuando le comunicó que se casaría con Adelina del Carril. Mami decía que a Güiraldes le encantaba como Delfi preparaba el té. Delfi nunca se casó y siempre mantuvo el juego, bajo techo, en su cuarto. Creo que ella se había hecho ilusiones cifrando demasiado esperanzas en su té, para la época a mi tía –yo creo- le faltaba un poco de apellido.

Pero el té no es lo mío, me hice un cappuccino con café Britt, que me trajeron de Costa Rica y me lo estoy tomado mientras como un chocolate con chili de Lindt (el sólo peso de la tableta ya es sensual, no les digo el colorado profundo del chili, recortándose sobre el marrón tropical de la etiqueta). En la mano tengo el libro Kind of Blue de Gisella du Mée, edición de la autora.

Cuando éramos chicas –más chicas- con Quety jugábamos a cumplir colores en vez de años. Mi cumple preferido fue cuando cumplí Azul.

Escribe Gisella “mis primeras memorias se remontan a mirar un cielo azul sin fin mientras alguien colgaba sábanas blancas para secar al sol”.

Mi primer recuerdo es la tinta azul lavable sobre las hojas color tiza de mi cuaderno de clase Rivadavia. También los blazers pesados muy navy de papá, siempre con perfume Eau Sauvage.

El libro es un álbum de fotografías tomadas en cinco continentes de viajes familiares. Un libro sólo de color azul en todas sus variaciones. Las fotos están buenísimas. Buenísimas como lo puede estar una fusa, semifusa o corchea, pero lo mejor es como están dispuestas en las páginas, en el tiempo, una rhapsody in blue, aunque en mi galería esté sonando Charles Aznavour, el embajador de la música francesa, nacido con el nombre de Shahnourh Varinag Aznavourian en Armenia.

Gisella dice “este libro es puro capricho…las imágenes dan inspiración y energía instantánea, belleza visual a través del color y la forma”.

Me encanta sentarme las primeras tardes de primavera en el jardín. Tengo un vestidito viejo de cachemir color maíz que compré hace años en Ralph Lauren de Key Biscayne (no creo que Ralph tenga una tienda en el desierto de Gobi en Mongolia). El sol apenas me roza la falda, busco en el Cambridge International Dictionary (Cambridge University press 1995) y leo las acepciones de Blue.
Además de definir el color (el cielo sin nubes), también encuentro: gritarle a alguien hasta ponerse blue (perder el tiempo, sin conseguir resultados); si algo pasa out of the blue (es algo inesperado), once in a blue moon (algo muy ocasional), shouted blue (quejarse a los gritos), are in a blue funk (estar ansioso, confuso), blue joke (un chista verde), sólo blue, deportista que ha representado a Oxford o a Cambridge y finalmente tristeza…y…blues…blues… canciones, lentas, tristes, nacidas en el sur de los Estados Unidos donde la cantante nos cuenta de los problemas de su vida y de la mala suerte en el amor.

En Alta Fidelidad, John Cusack se encuentra con Bruce Springsteen (nota. , me gusta el ex camionero, pop, en el sentido más estricto de popular, con todo lo que eso significa en la América profunda. Lo admito, ninguna es perfecta, todas tenemos un elefantito de vidrio escondido en el placard). Durante el encuentro, Cusack cuenta sus penas de amor mientras Bruce comparte sus puntos de vista entre rasgueos de blues. La misma escena podría darse en una estancia argentina, a la sombra de un montecito rodeado por un cielo azul inclemente.

Azul fue el primer libro publicado por Rubén Darío y se lo considera el inicio del modernismo. Muchos se preguntaron si la sentencia de Víctor Hugo había tenido algo que ver en la decisión del título. Parece que no, Juan Varela nos dice en sus cartas “Al surgir el nombre, el cielo y el océano estaban en sus pensamientos. La totalidad de la bóveda celeste, cubriendo de horizonte a horizonte, y su pureza, como cuando se encuentra libre de nubes, representaba sus ideas. La inmensidad de los mares, con sus misterios y encantos, fomentó su decisión”.

Algunos daltónicos ven el verde como colorado… ¿A Ustedes le transmitiría paz un prado intensamente colorado? A mí no, creo que sólo podría contemplarlo con los ojos bien cerrados.
Otros daltónicos ven al azul de color amarillo, eso es otro cosa…me gusta el amarillo.

Quizá sería un buen punto de partida para el próximo trabajo de Giselle, pensar un libro sobre el color azul, editado desde la perspectiva de un daltónico. Por ejemplo, el mar a media mañana sería como un trigal que agita el viento de la tarde ¿Si esto fuera así, cuál es la imagen que le haría compañía en la siguiente página? ¿Cómo habrá de verse el limón que hace contrapunto con los alcauciles alineados en fila? ¿Sería como mirarse al espejo, donde todo es igual pero al revés? ¿Un alumno dilecto de Lewis Carroll tendrá por encargo el prólogo de esta obra?

La síntesis es el momento de la dialéctica que mejor me va. Recuerdo con placer una limonada azul-limón; sí lees bien, azul-limón que disfruté una vez, largamente, en un bar del barrio de Escazú.

Voy por un blue cheese. Chin-Chin.

Alicia Lis, 28 de Septiembre

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