Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



lunes, 11 de julio de 2011

70. La melancolía

El gris es el color de París; el color de la inteligencia y de la melancolía.
Jacques Prevert



El Charles de Gaulle (Charles-André-Joseph-Marie) es un aeropuerto a puro cemento, como el de San Pablo. Los sillones son de un anaranjado años setenta, desvencijados. Un cocktail imposible.


El camino a mi valija no es claro, todo está cerrado, son pasadas las diez de la noche. Nunca es bueno llegar tarde a ninguna ciudad.


Subo por una escalera mecánica que asciende en diagonal por un pozo de luz circular, otras escaleras como ésta se mueven dentro de cilindros transparentes cruzándose con la mía en ángulos agudísimos. Es como si fuera la entrada a un juego de Epcot en Orlando, a un simulador de espermatozoide (así es como me sentía dentro de esos tubos que me eyectaban al carroussell del equipaje).


No reservé auto y no hay taxis. Sólo bus al Arc de Triomphe y de ahí se verá. Me dejo ir, al borde de la ruta una mano enorme, azul Miró, atrapa a un celular Samsung. Pobre Miró. Un profesor corrige pruebas con una Bic colorada. Suena estridente Para Elisa, si antes no me gustaba, después de la telefonía móvil, tanto menos. El hombre atiende y yo me desentiendo de él, del mundo.


Llego al George V en un taxi viejo, manejado por una gorda enorme escuchando chansons románticas. El portero no lo puede creer. Un oprobio para el establecimiento, gracias a Dios no me niega la entrada.


Mi habitación en el piso quinto da a la avenida, abro las ventanas, no menos de veinte grados. Siempre me encantaron esos edificios de piedra grís. El viento me despeina, ligero. Busco mis anteojos, aunque no los necesitaría: releo por enésima vez. Me detengo en los versos que dicen


Los ojos entrecerrados
Y vos natural,
Cercana y lejana,
Como debe ser, para sostener la magia,
A mi lado apenas.

Caligrafía diminuta e infantil. Diego me dejó sus versos antes de irse del Dylan y de mis días.


Antes que la noche terminara, nos impusimos la obligación de crear clima de vida cotidiana, de distancia afectiva madurada en rutina conyugal, conversamos falsamente y sin convicción de los mejores colores para pintar una pileta y otras banalidades, desaprovechamos voluntariamente ese momento callando con programática prudencia. Lo cotidiano como forma de lobotomía afectiva, como auto-bloqueante de impulsos vitales.


Entonces Diego tomó un papel membretado, escribió, dobló lentamente la hoja en cuatro, la dejó sobre la mesa, me abrazó ligeramente y salió al mundo estrecho. Edificios, canales y calles estrechas, angostas de Amsterdam.


Angustia y angosto, comparten la misma raíz.


Estoy escribiendo para Lapicerápices, releo la última entrada. Waldo no se equivoca, miente deliberadamente cuando adjudica a Margaret Thatcher la frase El corazón es un músculo muy flexible. Es de Woody Allen, con ella cierra Hannah y sus Hermanas, cuando el personaje finalmente consigue encarrilar su vida al comprometerse afectivamente con la hermana más destrazada de la perfecta Hannah, su ex esposa.


Waldo lo hace a propósito, me deja la cita servida para que yo pueda auto-justificarme con base a toda la filmografía de Allen, invocando la irracionalidad de amor.


En momentos de crisis, prefiero volver a la niñez, a Sor Juana, no a la juventud de Manhattan.


Detente, sombra de mi bien esquivo,


imagen del hechizo que más quiero,


bella ilusión por quien alegre muero,


dulce ficción por quien penosa vivo.


Si al imán de tus gracias, atractivo,


sirve mi pecho de obediente acero,


¿para qué me enamoras lisonjero


si has de burlarme luego fugitivo?


Mas blasonar no puedes, satisfecho,


de que triunfa de mí tu tiranía


que aunque dejas burlado el lazo estrecho


que tu forma fantástica ceñía,


poco importa burlar brazos y pecho


si te labra prisión mi fantasía.


Soneto 165, Sor Juana Inés de la Cruz


El amado, siempre es sombra, imagen del hechizo, ilusión y ficción: un fugitivo. Sólo la fantasía puede retenerlo “poco importa burlar brazos y pecho, si te labra prisión mi fantasía”.


Sor Juana, aún monja y barroca es una genia pero igual no me alcanza, no me toca. Soy intocable.


Desde chica supe que era una tarda, luego, sólo me queda París y la melancolía.


Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones, mejor ducha caliente y a contar ovejas en la cama.


George V Avenue, París, 11 de Julio

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