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lunes, 31 de octubre de 2011

87. Un laberinto, un lienzo en blanco

Art Happens
James Whistler

Alicia debería haber sido regisseur y no oftalmóloga.


El día de la visita que no fue y de la conversación que no tuvo lugar (¿Puede haber existido un momento doblemente negado? Sí, claro, pero sólo por esa extraña regla matemática que indica que menos por menos es más) retomo, ese día Alicia en su auto escuchaba las Variaciones Goldberg ¿Casualidad? De ninguna manera.


Las Variaciones son parte de la banda sonora de El Paciente Inglés, obra enorme que contiene una decena de películas.


La primera es la historia de amor del conde László Almásy (Ralph Fieness) y Katharine Clifton (Kristin Scott Thomas; increíblemente –léase de de manera literal- linda). Ella es casada, él no. Se encuentran en el desierto africano durante la segunda guerra mundial. László traza mapas, Katharine acompaña a su marido fotógrafo; todos están perdidos y lo saben. El desierto con sus dunas cambiantes y huellas que desaparecen tras el viento es un laberinto perfecto, el desierto puede ser también un lienzo en blanco.


La película se ordena a través de una serie de flashbacks con Almásy yaciente y desfigurado por el fuego, bajo el cuidado de Hana (Juliette Binoche, tan linda como siempre pero más) en un monasterio italiano, ruinoso.


Recuerden, hago una síntesis salvaje de una película inmensa y enfáticamente fotográfica.


El Paciente Inglés tiene dos momentos memorables (miento, tiene muchos, pero aquí me estoy refiriendo sólo a la versión base) y esos dos momentos tienen que ver con pinturas.


Uno es de Hana, iluminando con antorchas los frescos de la capilla del monasterio, mientras se deja volar con un arnés abrazada a Kip (Naveen Andrews) soldado que llega a ese refugio.


El otro es de Katharine, dentro la Cueva de los Nadadores, sola, con una lámpara de aceite. Las figuras pintadas sobre la roca, sutiles, oscuras, esenciales parecen moverse bajo la luz dorada. Vuelven a nadar, desnudas, después de siglos, esa noche delante de sus ojos.


Mucho tiempo después de ver la película descubrí que los frescos no eran obra de un escenógrafo de Hollywood sino de Piero della Francesca y se los podía apreciar en la Basílica de San Francisco en Arezzo. La Cueva de los Nadadores es Wadi Sora, en el desierto de Libia y creo, me han dicho, está muy, muy dañada.


Alicia iba a ir a una exposición de pintura con Waldo y en su auto sonaba un tema de El Paciente Inglés.


Pintura rupestre que resalta la flexibilidad, la sensualidad de los cuerpos en el agua, en el medio del desierto (algo así como el deseo a la tercera potencia).


Pintura del renacimiento, obra maestra, redescubriendo esos mismos cuerpos largamente perdidos.


El origen y la vuelta al origen, subrayando la idea de belleza como universal del que participan las cosas bellas. Lo bello como retorno a lo bello. Lo bello como entidad única.


Pareciera que Alicia no fue del todo inocente y voluntariamente evitó ir a la exposición para poder plantear la idea –monumental en términos de Waldo- “…necesitamos de diversas muestras de arte para captar lo bello que está detrás de cada obra, quizás sea inmaterial seguir haciéndolo si ya lo hemos aprendido…”. La no visita como puesta en escena de una reflexión medieval.


El subrayado de lo que estaba escuchando, lo deja como pista para los espíritus policiales y cinéfilos.


* * *



Para escribir estas líneas volví a ver El Paciente Inglés durante el fin de semana, menos por la intención de ser preciso que por interés genuino de no dejarme ninguna opinión en el tintero. Rescato, ahora, dos escenas que quizá refuten el pensamiento de Alicia.


László y Katharine pasan por primera vez la noche juntos, refugiados dentro de su auto, mientras afuera los cerca una tormenta de arena. El desierto los puede sepultar para siempre, pero ellos apenas se rozan, sólo en las caras se les deja ver la pasión que reprimen. Tarde en la mañana son rescatados y cada uno duerme en la habitación de un hotel confortable. Ha pasado un día completo y László se despierta, aún sucio y revuelto por la arena. Al borde de la cama, de pie, lo espera Katharine con un vestido ligero y sutil y blanquísimo y muy fino. El la abraza y se arrodilla y la besa y le rasga, animal ese vestido y va corte. La escena siguiente, un primer plano sobre su cara que al alejarse nos lo deja ver cosiendo con delicadeza el encaje rasgado.


Segunda escena. Hana es enfermera y ha sufrido dos golpes simultáneos, la muerte de su prometido en el frente –cuando la guerra llega al fin- y la de su amiga al explotar una mina enterrada en el camino. Está convencida que aquello que toca, muere. Decide entonces bajarse de la caravana militar para guardar los últimos días de su paciente inglés en un monasterio abandonado. Lleva uniforme de soldado, gris. Se quita el casco y el pelo cae largo y revuelto, un ícono de la sensualidad femenina. La vemos tomar una tijera y cortarlo rápido, sin cuidado. Cada corte la hace más bella. En la escena siguiente cambia el uniforme por un vestido modesto. Más bella aún.


Cualquier hombre y cualquier mujer pueden enamorarse de László y Katharine y Hana. De los tres al mismo tiempo y tentarse, siguiendo a Alicia, y decir que los tres participan de la idea universal de belleza.


Sin embargo, modestamente, con Guillermo de Ockham opino que no existen los universales.


Sólo existen individuos, individuales. Lo universal no existe fuera de la mente. No existe la humanidad, es sólo una palabra que reemplaza a diferentes e incontables seres humanos. Es una palabra que los sustituye en la oración, que ocupa su lugar por la fuerza de las convenciones.


El mundo no es ordenado, no hay formas puras, patrones; no hay una idea única de belleza o de equilibrio o de lo que sea que alcanzamos a partir de contemplar ciertas personas que participan de esa cualidad. El mundo no es un teorema que una vez aprehendido no necesita ser resuelto nuevamente.


Cada persona debe ser resuelta. El enamoramiento y la belleza se dan espontáneos y de modo diverso. Cada uno es uno. László y Katharine y Hana lo saben.


El Arte Sucede. La vida también. Cada cosa se resuelve cada vez.


Guillermo García Avogadro, 31 de Octubre, 2011

4 comentarios:

  1. Si no existen los universales, no existen los derechos humanos, si no existen los universales no existen las mueblerías, ni las panaderías o las zapaterías, tampoco los prostíbulos.
    Si no existen los universales no existe Dios.
    Si no existen los universales no podría pedir una Coca Cola.... y pensandolo bien .. no existirían los Mc Donnall... pero los chicos nos demuestran lo contrario.
    Lo que me lleva a sostener que hay universales que realmente lo son (no ideas a priori tipo Kant, a las que en general se refiere el autor hace varios post, sin duda confundido por la siniestra operación de un grupo que opera en las tinieblas hace cientos de años, "los nominalistas" que difuminan las ideas claras y primeras de Aristóteles ...).
    Los universales son lo que nuestra racionalidad extrae de nuestros sentidos, o se imponen por sí mismos, como una unidad de sentido.
    Por otro lado hay universalales que son lo contrario al ser... es decir, no "son", o son (la pucha con este verbo jodido!) no-lugares (más por menos, menos).
    En este sentido extraño el "Quiero Más" de la vuelta de casa se ha replicado por miles.... lo que no puedo soportar cuantos más clones encuentro..., lo mismo siento con "Martínez"... que me persigue en el Tribunal al que llego, o miles de lugares amados multiplicados al infinito...
    En realidad, y ya en las filosofía ontológica, acá se da el caso contrario... lo particular termina por dejar de existir cuando se vuelve universal...
    Por supuesto que no es el caso de Mc Donnall o la Coca Cola, que fueron pensados como universales... de mercado... pero universales al fin, y que siempre me hacen sentir como en mi casa.- José

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  2. Guillermo, me disculpo por no entender el salto de la película a la consideración de la belleza como universal y agradeciendo, como nuevo lector de tu blog, que te explayes al respecto, respetuosamente agregaría que:
    1) "Cualquier hombre y cualquier mujer pueden... ...decir que los tres participan de la idea universal de belleza" si se quedaron paralizados en el tiempo con don Platón o su amigo Plotino para quienes vale la belleza u otro universal como "idea".
    2) La apelación a la coincidencia con el tocayo Ockham respecto de los universales no te exime de sostener de alguna manera en tu argumento que "solo existen individuos"... ¿Es cómo decir sólo existen tomates o hay alguna diferencia? ¿Cómo se conjuga en una misma oración la inexistencia de "humanidad" y la posibilidad de decir "seres humanos" en plural? ¿Por qué motivo los puedo agrupar si, según la primera parte de la frase, sólo existiría Guillermo, Alejandro, Gustavo, etc, etc, hasta 7 billones?
    Bueno, gracias por tus disparadores al diálogo. Cordiales saludos,
    Gustavo

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  3. Estimado Gustavo,
    Entro a Lapicerapices cada quince días para cargar mi artículo. Habitualmente nuestros lectores no dejan comentarios (me pregunto ¿Tendremos lectores?) pero gratamente encuentro hoy ¡Dos! sobe la entrada Un Lienzo… Nobleza obliga, visito tu blog Metonima: Celebrar el logos y respetuosamente te confieso que nunca estaremos a la altura filosófica del proyecto que has emprendido. Escribiendo estas líneas me viene el recuerdo del místico inglés Emanuel Swedemborg que predicaba que la salvación viene de la ética, la estética y la razón. Te confirmó que por la última seguro que no me salvo, la razón no es mi fuerte (así en vez de “seres humanos” debería haber escrito “cada ser humano único”, o mejor aún para evitar controversia, indicar cada ser humano por su apellido, evitando los vocablos ser-humano). L a filosofía en mi vida ocupa el lugar de un motivo literario y mi nivel de profundidad no pasa del de estanque de jardín con bonitos nenúfares y peces de colores.
    Coleridge decía que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Si bien a diario soy más bien aristotélico escribiendo he saqueado con deleite –muchas veces- la caverna y el museo de ideas eternas del amigo de hombros grandes.
    Confieso que has disparado algunas reflexiones que seguramente vuelvan en alguna entrada próxima.
    Cordialmente,
    Guillermo

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  4. Estimado Guillermo, gracias por tu respuesta y verás como tardía también la mía ya que dice la teoría que debería llegarme un aviso de tu post pero -como mucha teoría- eso no sucedió.
    Metonimia, como proyecto comunitario nunca arrancó, en estado más larvario permanente que crisálida...
    Espero animosamente que vuelvan en entrada próxima las reflexiones prometidas.

    Mientras tanto, apuro una herejía con sabor a paradoja: si Coleridge está en lo cierto, es importante concluir que Aristóteles nació platónico, no?

    Abrazo,
    Gustavo

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