martes, 29 de noviembre de 2011
91. Cantando bajo
Muriel Barbery
Una dosis semanal de Cantando bajo la lluvia reduce significativamente el riesgo de estados de tristeza y melancolía.
En Argentina se estrenó en 1952, el año en que murió Eva Perón.
Es mi película favorita aunque nunca la vi en el cine. La tuve, sucesivamente, en formato súper 8, video y DVD. Puedo quitarle el volumen, asumir todos los papeles y recitar sus líneas, en español e inglés, mientras silbo y como una Cerealita (soy multi-tasking).
De chica no quería ser ni princesa ni hada ni maestra ni mamá, quería ser corredora de fórmula 1, si hubiera sido hombre, no lo dudo, hubiera elegido ser Gene Kelly. Más de una vez revolee el paraguas un día de lluvia.
Cuando se inició el rodaje de Cantando bajo la lluvia, tenían el título, el elenco pero no la famosa escena, donde en realidad llovió leche, que fotografiaba mucho mejor que el agua. Aún así se mantuvo el nombre original; Cantando bajo la leche daba muy Popea, muy imperio romano y nadie quería cambiar a Gene por Victor Mature.
El día que se rodó la escena, Gene tenía cuarenta grados de fiebre y no podía bailar con energía suficiente para que sus pasos sonasen bien en cámara. Dos bailarinas tuvieron que acompañar sus movimientos, fuera de cuadro y sobre un charco, para alcanzar la fuerza que la escena requería. Mejor, a Gene se lo ve bailar muy relajado y al mismo tiempo todo el número refleja la pasión de un corazón recién enamorado.
La historia es la historia del cine cuando los estudios de Hollywood eran máquinas de crear ilusión, esa cosa que se requiere para poder vivir la vida, igual que el agua, el oxígeno y el bautismo. Piensen, por un momento, en algunos cines que hayan conocido, el Gran Rex, El Metropolitan, El Opera, no eran salas, eran templos paganos a escala monumental, en esas iglesias se mantenía viva la llama de la esperanza, de la esperanza de poder alcanzar un sueño, les pido recuerden a Cecilia –Mia Farrow- en La Rosa Púrpura del Cairo.
El tema de la película es Hollywood y el pretexto la historia de amor entre Don Lockkwood (Kelly) y Kathy Selden (Debbie Reynolds).
Don es una estrella del cine mudo y su pareja cinematográfica es Lina Lamont (Jean Hagen) una rubia, no tan tarada como parece. La industria está cambiando dramáticamente; el cine sonoro llega arrasando y hay que reconvertir la última película de Don y Lina en musical, pero tienen un problema: la voz de Lina es horrible. Así las cosas el personaje de Debbie Reynolds, dobla en secreto a Lina aunque finalmente triunfa la verdad, el amor y el éxito, todo servido en la misma copa.
Debbie era puro encanto y juventud (diecinueve años y su primer protagónico) el experimentado Gene se enamoraba, en los sets, locamente de ella pero en los camerinos no paraba de protestar: la consideraba incapaz, negada para el baile, sin embargo bailó todos sus cuadros. Paradoja, no cantó (aunque hubiera podido hacerlo) ninguna canción. Quién la dobló fue Jean Hagen, la Lina que debe abandonar el mundo del cine por causa de su voz horrible.
Debbie comentó años después que sobrevivir a su infancia y filmar esta película fueron las experiencias más duras de su vida ¿Exageración? Fred Astaire la encontró al fin de un día de rodaje, llorando bajo un piano, con los pies ensangrentados y la moral deshecha a puro comentario filoso de Gene. Habían filmado el cuadro Good Morning, donde bailan los dos Con Donald O´Connor. Es la escena que justifica que Don cante luego,
I´m singin´ in the rain
Just singin´ in the rain,
What a glorious feeling,
And I´m happy again.
I´m laughing at clouds
So dark, up above,
The sun´s in my heart
And I´m ready for love…
Cantando bajo la lluvia es, quizás sea, la obra más famosa en su género, pero fue nominada sólo a dos Oscars menores y no ganó ninguno.
Cantando bajo la lluvia nos da ganas de vivir y no sólo a mí que soy una romántica, que se hubiera muerto si alguien le declaraba su amor en un estudio, con iluminación, puesta de sol y brisa perfecta, suficiente para que la falda vuele ligera y el alma salga, fresca, a flote. A Woody Allen le pasa lo mismo y en vez de escribir estas líneas de homenaje, se filma una película completa para bailar el último cuadro a las orillas del Sena con Goldie Hawn.
Durante años estuve convencida que el cine sostenía la esperanza a fuerza de imágenes de pent-houses con vistas al Central Park, gente divina en convertibles impecables cruzando el Golden Gate, tardes de velero y champagne en Hyannis Port, White Tie nights a puro Cole Porter, decisiones heroicas y amores eternos. Pero no, la esperanza se cimenta en que todo eso se construye sobre vidas sufridas y desdichadas, envidias y desplantes, casualidades, presupuestos desbordados, cartón pintado, extras y dobles por siempre desconocidos, discos rígidos, software y servidores, sueños, apuro, carrera, vacilación, premeditado engaño.
Esperanza, aun con los peores materiales se puede levantar algo bueno para todos.
A partir de ahora buscaré los siempre en los jamases.
Alicia Lis, 29 de noviembre, 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
90. Sorprendente e intolerable
¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?
Cuando la mentira es la verdad
Divididos
Son las doce de la noche, diluvia y hace frío. Adentro de casa también llueve, inexplicablemente se rompió un caño y ha inundado todo. Estoy dormido y desesperado, no tengo claro que hacer. Debo, creo, salir a la calle para cerrar la llave de paso general. Me abrigo con un viejo piloto verde, sé que voy a terminar enfermo de algo. Afuera está oscuro y el viento húmedo me traspasa.
De nuevo bajo techo. Con Gabriela nos lleva más de tres horas sacar el agua que está en todos lados. El trabajo luce infinito, soy Mickey Mouse en El Aprendiz de Brujo y no dejo de pensar en los que pierden su vida entera cuando los ríos se desmadran. A las tres de la mañana me cambio el pantalón pijama por otro seco e intento calentarme con un café con leche. En el bolsillo del viejo piloto verde encuentro un permiso de trabajo, en la foto, yo y esa misma prenda, los dos, con cara de miedo y quince años menos. En Septiembre del 97 lo había gestionado para trabajar en Londres. Recuerdo que el día siguiente –era el cumpleaños de Gabriela- nos fuimos de excursión (vivíamos de excursión) a conocer Windsor Castle, que no se inundó, pero sí que se prendió fuego.
Estábamos en la Capilla de la Reina cuando entró un tour de ciegos. Tour de ciegos luce a colmo infantil… ¿Sabés cuál es el colmo de un turista?... Esa imagen es lo único que recuerdo de aquella estancia, me aturdía ese grupo que escuchaba con atención su guía y luego, cuando se podía, pasaba la mano sensualmente sobre un bajo relieve, sobre un trabajo en mármol o madera. Caminaban lentamente, cada uno direccionando la cabeza para diferente lado. Era sorprendente e intolerable a la vez, parecían disfrutar de lo que yo tenía por una condena ¿Debía alegrarme o sentir compasión?
* * *
Un veterinario en un pequeño zoológico abre la jaula del faisán dorado y entra de la mano de un chico. Primero le hace tocar las plumas rojas, luego acariciar las doradas. Se toma su tiempo, como siempre, aunque esta vez quiere que la experiencia termine rápido, el chico es ciego. Hacen lo mismo en otras jaulas y al llegar a la de una mulita, el chico pide, que le enseñen, de nuevo, el color rojo ¿Tienen los colores cualidades táctiles? Me refino ¿Qué evoca en él la textura roja de esas plumas?
¿El rojo de la pluma es equivalente al de su próxima manzana? Si la respuesta fuera negativa ¿Por qué el rojo de mi pantalón de baño en un río de las sierras, cuando niño, debería valer igual que el rojo de los crayones de Benjamín y Andrés, mis hijos, que duermen sin saber nada de la inundación y de mi vida pasada?
Algunos daltónicos perciben el verde como si fuera rojo (no logro imaginar cómo los científicos pueden determinar eso). No me veo en el campo, buscando tranquilidad y perdiendo la mirada en una vasta llanura roja, con árboles añosos de frondosas copas, rojas también. Esos campos marcianos no exasperan a los daltónicos, por el contrario los llena de profunda paz ¿Qué es el verde, qué es el rojo? ¿Es la experiencia vivida o el tipo de radiación no absorbida, digamos por una serpiente, digamos por un cardenal?
Roselino de Compiege (siglo XI) negó la realidad de las especies. La especie no es algo real, sí los individuos que la constituyen.
¿Se habría Roselino animado a decir que no existen los colores, sólo las experiencias individuales que los constituyen?
Amanece (que no es poco) sobre el piso de largos listones de madera arruinados por la inundación, cinco o seis gotas resistieron mis trabajo, el sol las ilumina, brillan apenas, color a derrota.
Guillermo García Avogadro, exhausto, 21 de Noviembre 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
89. Doblan las campanas
John Donne
Albores del siglo XXI, había convencido al joven ejecutivo de la tabacalera que los ciegos no fuman porque les está vedado el placer de las cambiantes volutas de humo jugando con el aire. Nada, sólo mezcla del Informe sobre Ciegos con un poco de osadía comercial, en un momento de necesidad imperiosa de fondos. Al joven ejecutivo le encantó, hizo que se lo presentara a sus jefes y finalmente terminé en Miami hablando cuarenta y cinco minutos sobre la nada misma ante cien delegados del mundo entero. La conferencia disparó decenas de estudios de mercado, quizá con suerte, algún artista recibió sponsoreo para hacer fotos del tipo de las de Mehmet Ozgui. Cada uno hizo su negocio y yo en un Camaro convertible y con todos los gastos pagos me fui a visitar la casa de Hemingway en Key West.
Recuerdos vagos, una mesa de escribir donde apenas entraba la máquina, muy incómoda ¡Y yo que me quejo de ésta de fórmica de la cocina. En comparación es el despacho massimo de Mussolini! Lo más relevante, las bibliotequitas en el baño, que yo copié con dedicación y llené de literatura modulable de a quince minutos tipo El Diario Privado de Adán y Eva de Mark Twain.
Hemingway nació en 1899, un mes antes que Borges, aunque en cualquier foto en donde se lo ve luce siempre mucho menor, parece un sobrino lejano, vital, joven y seguro de sí, tanto como la inexperiencia lo permite.
Su padre era médico y le gustaba la caza y la pesca. La madre, música, hubiera preferido tener una hija. Ernest aprendió a tocar el violonchelo, pero primero a manejar la caña y la carabina que el padre le regala antes de pegarse un tiro. Algunos biógrafos dicen, no lo he podido comprobar, que su madre, a escondidas, lo vestía de nena. Luego de la barba, la pipa y los músculos, algo difícil de imaginar.
Rechazó entrar a la universidad de medicina y los estudios superiores para ser concertista. Dejó todo y se fue lejos, a Kansas, a trabajar en periodismo.
Un defecto en el ojo izquierdo (otro rasgo Borges) hizo que participara en la primera guerra sólo como camillero, a su pesar. En París fue sparring y para matar el hambre cazaba palomas en los Jardines de Luxemburgo hasta que publica Fiesta, su primer éxito. En 1940 termina Por Quién Doblan las Campanas. La novela puede haber envejecido, la cita premonitoria de John Donne nunca lo hará.
Su literatura estuvo cruzada por bohemia parisina, vivencias de guerra, corridas de toros, pescas imposibles, safaris africanos, luchadores por la libertad, sangre y arena. Publicó más de doce trabajos y dejó tres mil páginas manuscritas. Hemingway celebró el arrojo personal, el coraje, la hombría y recibió un Nobel, era centro de atención allí dónde pisaba pero nada de eso impidió que el dos de julio de 1961 se disparara a sí mismo con una escopeta. Depresión y alcoholismo. Fin.
En el funeral su hijo Gregory conoce a Valerie, la asistente, y se enamoran, los dos son locos por la música. Dos años antes Hemingway le había confesado que la amaba y se divorciaría para casarse con ella.
Gregory es apuesto, médico y conquista a quien su padre deseó sin éxito.
Apenas habían pasado unas semanas de la luna de miel cuando Valerie descubre en el auto un rouge y ropa interior que no le pertenece. Lo enfrenta denunciando infidelidad. No era eso, Gregory se vestía, a veces, con ropa de mujer.
La vida continúa, hijos y proyectos en común y durísimos tratamientos por electroshock y drogas y más drogas. Una tarde Gregory le comunica a Valerie que cambiará su sexo, pero que esa decisión en nada debería afectar su relación, que podrían seguir viviendo como amigas, salir de compras e ir a la peluquería. Ella se ve obligada a contarles a los hijos el deseo del padre de convertirse en mujer. Gregory le pega una bofetada y los abandona.
El colegio médico le quitará la licencia para ejercer la profesión. Tiempo después muere en una cárcel de mujeres. Había sido detenida por volver de una fiesta desnuda y borracha, entró en prisión y allí el corazón se detuvo.
Margaux, la nieta de Ernest, también se suicida, aunque prefiere los sedantes a la escopeta. Ella cambia la grafía de su nombre Margot cuando se entera que sus padres la concibieron bajos los efectos de varias botellas de Château Margaux. Exitosa modelo, nunca pudo terminar un libro a causa de la dislexia. Le da fin a su vida un día antes del aniversario de la muerte del escritor.
Sagas familiares. Mandatos. Algunos favorecen la esperanza otros la hacen añicos.
Cumplir con los mandatos nos tranquiliza, aseguran nuestra pertenencia a la familia. Ser educados, decir la verdad, esforzarnos, sacarnos diez. Todos queremos tener un lugar en el mundo aunque sea doloroso o nos limite.
Pero a veces también los hijos, oscuramente, queremos aliviar la carga de alguien, evitarle un dolor. Esas tareas, casi siempre, tienen poco que ver con lo que los padres de verdad necesitan. Así, muchos recorremos viejas historias una y otra vez. Lealtades inesperadas que nos hacen sufrir.
¿Gregory siendo médico y mujer le aliviana la carga a un padre que se suicida, o esas decisiones le sirven para ocupar su lugar en la familia que ninguno tuvo?
¿Hemingway gatilla contra sí para decirle al padre, no importa el éxito alcanzado, yo también me voy del mismo modo, no te sientas mal, no te sientas sólo? ¿Margaux con su mínima imprecisión calendaria perfectamente meditada ruega que de alguna u otra manera la incluyan dentro de la saga de los valientes y los intelectuales?
Sagas familiares. Mandatos. Algunos favorecen la esperanza otros la hacen añicos.
Y aquí estoy yo, en esta cocinita mínima, con los vidrios que miran al vacío, solo. Me casé y me divorcié y no tuve hijos ni perro ni nada. Evité recibirme de alguna cosa, me gano la vida vendiendo espejos de colores a estafadores titulados; a mis amigos no hace falta contarlos, con sólo un golpe de vista se sabe cuántos son… ¿A quién le estoy siendo leal, a qué mandato obedezco? Me cuesta imaginar que éste era el futuro que mis padres querían. Creí que podía ser una isla, completo conmigo mismo. No hice otra cosa que disminuirme. Las campanas doblan por mí.
Waldo Williams, 14 de Noviembre, 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
88. Es bueno tener palenque
Friedrich Nietzsche
Tengo sólo tres Amorrortus verde; Estudio sobre la Histeria (regalo de las chicas en mi despedida de soltera) Moisés y la Religión Monoteísta (regalo de Waldo, la mejor novela policial después de La piedra Lunar, dijo) y El Chiste y su Relación con el Inconsciente (regalo también, de Patricio mi marido, cuando cumplí cuarenta).
No sé si Freud lo expuso, pero yo estoy convencida que quien reserva para sí el derecho de interpretar lo que acontece, el derecho a determinar el significado de nuestros actos y omisiones, ese, es un hombre muy, muy poderoso. Escapen del que sentencia…lo que vos querés decir es…
Se ha vuelto habitual que Waldo y Guillermo interpreten cada una de mis líneas, pareciera que me invitaron a participar de Lapicerapices, casi exclusivamente, para asegurarse una cuota de poder. Siempre es bueno tener palenque donde rascarse… y ya sabemos que toda actividad rítmica y auto-acariciatoria no es más que masturbación (sólo para que vean que yo también soy capaz de interpretar).
Escuchaba las Variaciones Goldberg en la versión de Glenn Gould, porque me relajan más que un Lexotanil, que en mí tiene tanto efecto como una pastilla de menta. Nunca fue mi intención dejar pistas de nada, creo.
En mi versión se lo escucha a Gould tarareando sobre el piano; era un hombre excéntrico, siempre llevaba ropa de invierno, nunca dejaba que lo tocasen e inventó una decena de seudónimos para escribir críticas hostiles contra sus propias interpretaciones. Los melómanos coinciden que el cenit de la ejecución de las Variaciones se alcanzó dos veces y ambas en manos de Gould, la primera con veinte años, sentado en una pequeña silla hecha por su padre, luego a los cincuenta sentado en la misma silla, muy deteriorada.
La de los veinte es una versión enérgica y frenética, la segunda pausada e introspectiva. Yo escuchaba la segunda, menos apropiada para una chica de mi edad, pero más conveniente al tránsito caótico de mi alrededor.
* * *
A Guillermo, lo ha dicho hasta el cansancio, le gustan las mujeres de pelo largo. Llama la atención que refiera con amoroso deleite a una escena donde Juliette Binoche se lo corta a tijeretazos mirando una pared, no un espejo ¿Qué estará queriendo significar, eh?
Pienso ¿Nos enamoramos siempre de la misma persona, de lo mismo?
Lo que estoy segura es que hay un montón de cosas de las cuales no nos enamoraremos jamás, algunos ejemplos: botinetas, medias tres cuarto, poliéster, Lladrós, animadores, ginebra –aunque la llamemos gin y la mezclemos con tónica- vuelos trasatlánticos, cactus, chihuahuas y pequineses, proverbios chinos, te verde, secadores de pelo, impresoras, San Clemente del Tuyú, cayos a la Madrileña, Audis A4, inviernos… Hay hombres que evito mirar por temor a soñarlos, otros que aún mirándolos no los veo.
Despejamos la mitad de la incógnita, pasemos a la segunda.
Que pasaría si mañana llegáramos, digamos a Barcelona y encontramos que la moda es salir a la calle con una caja de cartón cubriendo la cabeza y la mitad del pecho. Pregunto ¿En ese lugar, identificaríamos a la persona de la cual podríamos enamorarnos a la misma velocidad que en una clase sobre Maestros del Surrealismo, aquí, a cara descubierta –la moda no prendió, todavía- en el Sívori? Lo dudo.
Hay cualidades físicas que algo deben tener que ver con el enamoramiento…pero… ¿Siempre buscamos las mismas cosas? Siempre el mismo color de auto, el mismo largo de falda, siempre el mar, idéntico perfume, igual melodía, mismo autor y hora del día. También lo dudo.
La partitura de las Variaciones Goldberg le fue encargada a Bach, quien recibió en pago una copa de oro con cien louis d'or dentro, sin embargo se hizo famosa con el nombre de Goldberg, su intérprete, que murió tempranamente a los veintinueve años de tuberculosis.
Hay dos versiones famosas, las dos interpretaciones diferentes de Gould, una frenética la otra introspectiva.
Sólo existen las interpretaciones, pareciera. Gould decía que el murmullo que se escucha en sus grabaciones salía incontrolablemente de su boca en aquellos momentos que el piano no era capaz de interpretar la obra completamente.
No son los ojos, es el impacto abrumador de su mirada. No son sus labios ni sus dientes, son las cien pequeñas flechas de su sonrisa. No son sus palabras, son sus énfasis. No es el largo del pelo, es el modo astutamente femenino de cortarlo.
No es la economía, es la interpretación, bebito.
Alicia Lis, 7 de Noviembre, 2011