Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



viernes, 23 de diciembre de 2011

95. Casablanca

Con mi primer Sueldo me compré una video-reproductora Drean (como los lavarropas y lo menciono sólo para que dimensionen el tipo de tecnología envuelta) lo hice en el Scioli (cuando ese nombre remitía exclusivamente a casa de electrodomésticos) de Salguero y Santa Fé. Año 81, 82 tal vez, del siglo pasado.



Caja en mano y con un servicio a mi nombre (beneficio de llamarme igual que mi papá) inauguré el video-club de la esquina con Casablanca.



A los dieciocho años ya tenía mi trench-coat, o sea piloto para heavy-duties (fotografiar a mujeres infieles, recuperar cartas comprometedoras…) cruzado y con cinturón, que usaba sin paraguas (sólo así lucía bogartiano, con los hombros bien cargados de lluvia, como la mansarda de un edificio noble).



Era fan de ese Bogart, aunque nunca había visto la mítica película. Conocía del impermeable y los tics por Sueños de un seductor de Woody Allen; e infería la psicología del personaje de Rick, a partir de la de su primo hermano Philip Marlowe, detective que el mismo Bogart interpretó antes en El largo adiós.



Había visto la mitad de la parodia de los Hermanos Marx (Una noche en Casablanca) en un cine de la Avenida de Mayo, pero por algún motivo que no recuerdo abandoné la sala antes del final.



Era como ese goleador que busca definir en la final y la pelota se le va una y otra vez al travesaño y a la tribuna; así me sentía yo con Casablanca hasta que me compré la Drean.



Película blanco y negro en televisor de 20 pulgaditas, cinta vista no menos de setenta mil veces, todo bien esfumado, por no decir nitidez tendiente a cero.



Casablanca cuenta la historia de amor de Rick Blaine (Humphrey Bogart) e Ilsa Lund (Ingrid Bergman)… y Victor Laszlo (Paul Henreid). Sí, es un triángulo amoroso, triángulo más inestable e impredecible que el isósceles (mi predilecto) o el acutángulo (tan despreciable como el verbo coadyuvar).



Rick e Ilsa tienen su romance en París pero los nazis entran a la ciudad (sólo por eso ya los odio) y ellos se ven forzados a dejarla; en realidad sólo Rick lo hace, ella nunca llega al andén y él termina abandonado, en un vagón de tren, diciéndole adiós a nadie.



Años después, Rick administra un café-casino-clandestino en Casablanca donde conviven tropas alemanas y expatriados en busca del exilio definitivo. Luce amargado y no es para menos.



Una noche la razón de esa amargura llega de nuevo a su vida. Ilsa entra en el Café de Rick junto a Victor, su marido y líder de la resistencia Checa, buscan el salvoconducto que les permita volar a América y alguien les ha dicho que allí pueden comprarlo. Nosotros sabemos que Rick los tiene, pero sólo hay dos, y desde que entró Ingrid Bergman –fotografiada siempre en su perfil izquierdo, nuestro preferido- son tres las personas que los desean (y yo bien podría haber sido la cuarta).



Solos en el café desierto Ilsa y Rick. El se niega a entregarle los documentos y ella lo amenaza con una pistola pero incapaz de disparar le confiesa que sigue amándolo y que cuando lo encontró por primera vez creía que su marido había muerto en un campo de concentración, pero no, había logrado escapar y entonces regresó a él, sin poder dar explicación. Rick quizá fantasea que esta vez se quedará con Ilsa cuando Laszlo se vaya. Ilsa tal vez le da motivo, desea que su marido escape de los alemanes.



Luego Laszlo confrontará a Rick, cree que algo sucede entre él y su mujer. La ama (a esta altura ¿Quién no?) e intenta provocar que Ilsa y Rick tomen las cartas con tal de salvar la vida de ella. Rick calla.



La Gestapo sospecha, sigue el movimiento de todos, descubre lo que está a punto de pasar.



Bajo el cielo estrellado del desierto Rick maneja, perseguido por los nazis… él mismo ha de llevar a Ilsa hasta el avión donde la espera su marido, le dice que si se queda se arrepentirá “tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero sí pronto y para el resto de tus días”.



Sin volver la vista atrás Ilsa y Laszlo embarcan con destino a Lisboa. Niebla. El fin.



* * *



Conté la película evitando sus escenas memorables… porque para mí es mucho más que esas escenas.



El tema de la película es el sacrificio. Todos en un momento, de algún modo, ofrecen el suyo, resignar a quien aman.



Trabajar todos los días dieciséis horas para comprar una casa o viajar a Nepal no es un sacrificio, es una inversión.



Del sacrificio no se obtiene nada para sí de modo directo. No es un hoy por ti mañana por mí. Como dice Alejandro Vázquez “el sacrificio es uno mismo. No lo haces por tu instinto (como casi todo lo que hacemos) ni lo haces en tu beneficio (como casi todo lo que hacemos). El sacrificio sale de lo más humano de vos, no del animal que llevas dentro”.



Me pregunto ¿Fue este tema lo que me encantó de Casablanca hace treinta años atrás? Hoy es muy distinto, tengo bien claro cuándo y cómo enfrenté el momento de la verdad…pero con veinte años ¿En qué sacrificio podía estar pensando?



Creo que la clave está en la escena siguiente al diálogo entre Rick y Laszlo, cuando éste toma conciencia de los sentimientos de Ingrid Bergman y Bogart. La conversación se ve interrumpida cuando un grupo de oficiales nazis, bajos las ordenes del temible mayor Strasser comienza a cantar Die Wacht am Rhein, casi un himno patriótico de la Alemania en guerra. Laszlo, enfurecido pero dueño de sí, aún a riesgo de perderlo todo pide a los músicos que toquen La Marsellesa, el himno nacional de Francia hasta el momento de la ocupación. El director de la orquesta busca a Rick con su mirada y éste asiente con la cabeza (y cada vez que lo vuelvo a ver me emociono) y Laszlo comienza a cantar, solo, pero a los pocos compases todos se le unen ahogando el canto nazi. En represalia Strasser clausura el club.



Rick podría haber clavado la vista en el suelo negándole ese momento de gloria a Laszlo, y quitando a Ilsa un justo motivo de orgullo por su marido. Pero no, él asiente con la cabeza, consciente de las consecuencias.



No importa la edad, siempre hay un momento en la vida donde un amor nos hace dudar…y es ahí entonces cuando nos preguntamos si seremos capaces de una renuncia como la que Rick hace, si locamente enamorados nuestro obrar mantendrá nobleza, si locamente enamorados evitaremos la mera conveniencia, el instinto.



Jóvenes nos hacemos la pregunta y románticos imaginamos mil respuestas. Luego de los años, conocemos la única, la que dimos e inexorable cerró el círculo.



Tengo conmigo un fotograma; en plata y negro Bogart de smoking blanco frente a Ingrid Bergman. Los perfiles ocupan toda la pantalla y sus caras están cruzadas por sombras como barrotes. Ilsa apenas entreabre los labios y mirándolo enamorada vuelca, ligera, su cabeza a un lado a punto de besarlo. Un beso en cautiverio.



No es el arquetipo del sacrificio lo que nos atrae, no, son los besos prisioneros que todos tenemos.

Guillermo García Avogadro, 26 de Diciembre 2011

lunes, 19 de diciembre de 2011

94. Opereta

El teatro Colón era un recinto donde la maravilla imperaba y donde la cotidiana realidad no tenía acceso
Manuel Mujica Láinez


Estoy sentada en la platea 87 de El Colón, cuarta fila al centro. Está por empezar La Viuda Alegre, de Franz Lehár, la opereta; no Parsifal de Wagner, el rito sagrado.

La Viuda Alegre, parece un chiste, pero no.

Parsifal fue la primera ópera que vi, en un palco bajo, impar, con Patricio. Ese día me acuerdo conocí a su madre, Lucía, en el living de su casa, sentada en un sofá debajo del retrato de ella misma firmado por Andy Warhol. Lo primero que pensé fue ¿Cuánto le habrá cobrado? Cuando Patricio me preguntó que me parecía, riéndome algo le dije ¡Kitsch! El también se rió y sólo dijo … Lucía era una divina, más allá del cuadro, aclaro.

Patricio nunca había ido antes al palco familiar, él prefería el paraíso, muchos lo consideraban esnobismo; no sabían que fue allí donde descubrió el género bajo la guía de Osvaldo Pontino, su profesor de Cultura Musical en el secundario. Pontino, dicen, supo dirigir la orquesta sinfónica de la GGT, una vez frente a Perón y Evita; pero en los setenta era un hombre grande y cansado y todos contaban la anécdota, que nadie presenció, de cuando llegó abrió la libreta y empezó a llamar para dar lección: Bárbara Durand ¡Ausente! Mariana Fritz ¡Ausente! Y así hasta que levanta la vista, ve cuarenta varones y se corrige…perdón, pensé que estaba en el colegio de las chicas. Pontino con partitura en mano, como si fuera La Fija, lo fue encantando con tramas y acordes de alto voltaje.

Esa noche de tres horas y más de Parsifal, además de pasar revista en detalle a cada vestido, zapato, collar y aros, comí –uno tras otro- Cadburies con pasas de uva, cuando todavía eran importados, sin parar.

Escucho, desde el foso, como la orquesta afina los instrumentos. Estoy sola, ninguno de los chicos quiso venir. Un zapato me aprieta y me lo saco.

Mi acto preferido es el tercero, cuando en la casa de campo de Hanna, una viuda rica, se monta una fiesta replicando al Maxim´s de París, incluyendo bailarinas y mobiliario de cabaret y restaurante fino. Pero hoy paso de la cuisine francaise, muero por un taco pastor (no por chimichangas ni nachos, cosas inexistentes en México) comido en la barra de El Huequito del DF. Definitivamente hoy no estoy para el gran abono, el pasado arrecia y no me suelta. Me pongo el zapato me levanto y me voy.

El centro es un horror, camino rápido hasta la Avenida Santa Fé, pero antes de llegar me detengo en un ciber-locutorio (antes de su extinción definitiva). Máquina tres, me indica el hombre y pareciera que mi vestidito negro de satén bordado de Givenchy y mis Majorica, no le dicen nada. Mejor. Googleo el nombre completo de Patricio y no puedo creer la cantidad de resultados que me arroja ¡69.000 no es un mal número! Puro pasado sólido y excluyente ¡Hacia atrás todo, hacia adelante nada!

Hacia adelante sólo el reflejo de mi cara en una pantalla que no da más. A veces yo tampoco.

Viene a mí el recuerdo de una noche en Amsterdam y Googleo ahora a Diego, tan lejos. Diego fue mi primer novio, creo que en el jurásico, vive en Barcelona y tiene dos hijos. En el Blog del grupo de historia del arte que lidera, aparece su foto, relajado, con los anteojos en la mano, junto a unas estudiantes llenas de cosas por venir. Yo me quedo mirándolo como si también fuera un fantasma y quizás lo sea. Internet como juguete para masoquistas, internet como el sucesor del bolero y las revistas del corazón con poster central a todo color.

Abro la cartera y busco una libreta pequeña. Más de la mitad tiene una caligrafía, menos de la mitad otra. La libreta la empezó mami cuando murió papá, luego yo la continué. Mami siempre la llevaba con ella, yo también. Anotamos poesías para situaciones de emergencia. Un talismán que nos protege, una magia doméstica, un conjuro rimado.

Leo, me leo.

Suavemente, creyendo en lo que me decía, me dijo:
"Adiós, Fernando, hasta la próxima reencarnación”
A veces yo también lo creo firmemente.
Me veo, entonces, más alto y elegante,
igual oscuro de piel,
hablando una lengua melodiosa y precisa,
con otras palabras menos torpes saludándola,
seguramente volvería a ser en una playa,
una amiga de esas que siempre están de más también estaría
pero ella sería la misma, inconfundible,
aquella que ya una vez reconocí en esta vida pródiga.
Y nos veo muy cerca desde ese mismo instante.
Hay muchos y diversos hijos y profundas siestas campesinas,
hablamos casi nada, ninguna señal al costado
nos distare de nosotros: estamos celebrándonos.
Veo nombres como los de Blas y Camila,
vestigios de otros remotos tiempos
apenas sospechados por el insomnio.
Otras veces, sin embargo, no veo mucho que digamos,
y me convierto en un incrédulo de ella.
Y sólo existe desolación y error.
Mis ojos, entonces, se dirigen al sueño
Y allí la encuentro…pero alejada de mí:
la veo abandonándome, en brazos ajenos,
el dolor se hacer perfectamente intenso,
despierto y la vigilia imita al sueño.


Fernández Sánchez Sorondo, Primeros Auxilios

Cierro la libreta. Manucho escribe (pero por motivos diferentes de los míos)…"casi rosándose conviven en la atmósfera del gran teatro quienes hallan allí la fuente de su felicidad y quienes encuentran el páramo de su tortura."

Apostemos a lo primero, apostemos a creer en lo que ella le dice. Me parece que si apuro el paso llego para el tercer acto ¡Rubio champagne, life at last, happy ending and merry christmas para todos!

Alicia Lis, 19 de Diciembre, 2011


lunes, 12 de diciembre de 2011

93. No hay Biblias

Y no me puedo enderezar
Y estoy parado
Nací para trabajar
Y no hay trabajo.
Juan Carlos Baglietto, Mienten


En Buenos Aires no hay Biblias. No digo que Dios ha muerto, digo que si usted va a comprar una Biblia no encuentra. La semana pasada quedaban dos y seguro que el buen especulador ya se hizo de ellas. Un funcionario tiene en el puerto retenidos un par de containers con libros. No es porque sea arte degenerado, lo hace con el objetivo de promover la industria nacional. Más aún, tampoco se consiguen Océano Mar de Baricco o Vida, Instrucciones de Uso de Georges Perec. Nada que ver con el secularismo entonces, no es una conjura masónica.


* * *

Hace días murió un dictador, otro, en medio oriente. El hombre había prohibido el teatro y el cine, no por cuestiones ideológicas, no… temía que apoyándose en su prestigio social un actor se constituyera como líder rebelde. Insisto, no era porque el arte pudiera ser fermento de ideas destituyentes… tampoco a los jugadores de fútbol se los podía llamar por su nombre, sólo por su número, salvo el hijo del dictador, claro.

* * *

En los inicios del cine a sus actores no se les conoce el nombre (en ese entonces, a los de teatro, con varios siglos de ventaja, por supuesto que sí). Las actrices se identifican como la chica de la Edison o la chica de la Biograph. No porque las películas fueran cortas y no hubiera espacio para los créditos; los empresarios sabían que en el momento que un nombre se da a conocer, su precio empieza a subir.

Nunca en la historia fue fácil acceder al conocimiento (al que importa, no a la lista de precios de Amazon). Nunca fue fácil darse a conocer, ni alcanzar al conocido ni mantenerse en esa posición. Nunca, tal vez nunca.

En 1907 la chica de la Vitagraph era la actriz más popular de la pantalla con un sueldo de 22 dólares por su doble tarea de actriz y costurera a tiempo parcial; el amor del público hizo que en pocos años se hiciera famosa como Florence Turner, historia parecida a la de Anna Nilsson, Mary Pickford y elenco.

* * *

En los setenta yo tenía ocho años. Los sábados a la noche dormía en un catrecito que mi abuela armaba al lado de su sofá-cama y juntos veíamos Hollywood en Castellano por Canal 11.

No importa que la tele fuera en blanco y negro porque El Ocaso de una Estrella (Sunset Boulevard) no fue rodada en colores, era (es) un film noir. Esa película me impactó, aun más que el capitulo apertura de Mission Impossible (visto desde el mismo catrecito). A esa edad ya era cinéfilo y fan de ese holliwood y de la forma en que la película se cuenta y de las cosas que viene a decir.

El Ocaso es la historia de Norma Desmond (Gloria Swanson) antigua estrella del cine mudo. Incapaz de aceptar que pasaron sus días de esplendor, sueña con retornar a las pantallas de la mano de Joe Gillis (William Holden) un guionista perseguido por las deudas y treinta años más joven, al que convierte en su amante. Gillis, a su manera, no se resigna a ser un desconocido. La historia comienza con la voz en off de Gillis narrando la historia. Gillis está muerto, flotando boca abajo en la piscina de Norma. La película es un largo flashback.

Cuando Joe la ve por primera vez, dice “…Usted es Norma Desmond. Salía en las películas mudas. Usted era grande”. Norma contesta “Soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas”.

Norma le pide la ayude con un guión, lo esclaviza como empleado y como amante y el quiere huir -conoce a una guionista joven, se enamora- pero no puede y vuelve y todos los intentos de Norma, a su vez, por volver son inútiles, rechazados con todo respeto (La Paramount existe porque yo existo) y finalmente, celosa, despechada, le pega tres tiros y llega la policía y las cámaras y las luces de los noticieros se encienden, como en un estudio y ella baja, enajenada, las escaleras de su mansión convencida que ha vuelto a filmar. Su imagen se va haciéndose borrosa. Fundido a negro. Fin.

A Mary Pickford le ofrecieron el papel de Norma, pero cuando le hacen la propuesta está muy borracha y la rechaza. Anna Nilsson junto a Buster Keaton interpretan los amigos de Norma con los que juega bridge, calladamente, se interpretan a sí mismos. El museo de cera, en palabras de Gillis.

Nunca fue fácil darse a conocer, ni alcanzar al conocido ni mantenerse en esa posición.

Durante años creí que la peor situación era la de no poder conservar el re-conocimiento, como Norma. Yo era joven y daba por sentado que alcanzarlo era posible, natural.

Hoy veo a esos chiquitos de seis, siete años, que sus madres los mandan cada tarde a escuelas de arte, danza, teatro, pintura; les leen y leen, les estimulan una vida artística…¿Se convencerán en algún momento que tienen ese don? ¿Lo tendrán? ¿Sufrirán buscando, sin alcanzar, lo que los otros le niegan?

Lo peor es no poder darse a conocer. Eso es lo que hoy creo. Quizás sean cosas de la edad.

Y no me puedo enderezar
Y estoy parado


Waldo Williams, Buenos Aires, 12 de Diciembre 2011

lunes, 5 de diciembre de 2011

92. Soldado al instinto

Con una falta total de gente con la que coexistir, como hay hoy ¿Qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuanto menos, sus compañeros de espíritu?
Fernando Pessoa

El señor S. es un importante directivo de la corporación global T. Humm…la corporación T. opera en 150 países donde trabajan, digamos, en cada location, 10 directivos tan importantes como el señor S.; 1,500 en total. Aunque es un amigo no creo que luego de esta cuenta se ofenda si lo llamamos, por motivos prácticos y económicos, simplemente s.


s. es lector de Lapicerapices. Nos lee con avidez pero en estilo importante directivo, “high line issues”, no más de tres minutos de atención, buscando captar el concepto. Lo hace muy bien. La forma a veces puede ser un estorbo, está acostumbrado a los bullet points del power.


s. me cuenta que fue al concert (modo pretencioso que los colegios bilingües llaman a la fiestita de fin de año) de su hijo de nueve. El chico bailaba algo (¿bailaba algo?) con una compañerita de su edad. A s. la chica le cae bien. Luego se da cuenta que se parece, que le recuerda a su primera novia, que por eso, seguramente, le había gustado. Sin embargo, cuando conversamos se corrige y dice que en realidad esta chica no era tan flaca y tenía más gracia que su novia del recuerdo.


¿Y entonces? Nada. Aunque hacemos esfuerzos no encontramos mucha conexión ni del lado de lo físico ni del lado de la interpretación ¿A qué le remitía? ¿Con qué conectaba?


* * *


Internet conecta. Conecta oferta y demanda. Conecta hombres y mujeres de hoy con hombres y mujeres del pasado. Internet recobra vínculos perdidos. Internet recobra primeros novios y novias. A montones todos los días.


* * *


Freud escribió en sus Tres Ensayos que el objeto estaba soldado al instinto. Las personas que nos gustan, que deseamos, esas personas son secundarias, algo que viene después. La relación primaria, es menos con el otro que con nuestro propio deseo. El deseo lanzado necesita un blanco a como de lugar. Lo que nos distingue es más nuestro deseo que el objeto deseado.


Quizás ese sea el motor de búsqueda de tanta novia juvenil (no Google).


La primera novia es una fotografía que cautiva la imaginación de los hombres. Las fotos son un recuerdo y como dice el psicoanalista inglés Adam Phillips “si ese tipo de recuerdo es exageradamente deseado lo es porque representa un ideal y de alguna manera registra algo de nuestra propia historia, sólo nos cautiva lo que una vez hemos sido o querido ser”.


Así, novios y novias de hoy, en sus cuarentas, se buscan a sí mismos en una foto que no necesariamente coincide con la imagen real (más flaca y menos grácil). Están acostumbrados a que ni siquiera ellos pueden reconocerse en una foto de aquellos tiempos. Esos hombres y mujeres buscan lo que fueron, quisieron o creyeron ser. Independientes, libres, seguros de sí, atractivos, ricos en tiempo y proyectos, potentes. El deseo está primero. La búsqueda precede al blanco. No es que la flecha no lo precise, sólo lo precede.


* * *


Fernando Pessoa es uno de los grandes poetas de la lengua portuguesa.


Tuvo una vida discreta. De día se ganaba la vida como traductor. De noche escribía. No escribía su propia poesía, escribía la obra de varios autores diferentes en preocupaciones y estilo. Publicó obras de Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares. Publicó críticas a su obra firmadas por esos autores. Murió a los 47 años.


Pessoa es casi todo flecha.
Pessoa se las arregló bien solo.
Pessoa tuvo una vida discreta.

Waldo Williams, 5 de Diciembre 2011