Aclaración: Waldo me pide unas líneas para el blog. Le digo que Andrés y Benjamín ambos de dos años me tienen de rehén y no dan respiro.
Waldo insiste: Mario Puzo escribió El Padrino en la cocina de su casa con toda la prole itálicamente constituida a su alrededor. No le contesto, no puede ser capaz de hacer semejante comparación… (Puzo no tuvo mellizos).
Busco una columnita que una vez me encargó Rosana Aquasanta para Lugares. El Antiviajero era una sección redactada por varios y firmada por Marcos Bagaglio.
Convencido que el ocasional lector de Lapicerapices, no es suscriptor de una revista de glossy travells, estás líneas -retipeadas con esmero- serán quizá otras líneas, bajo su atenta –o distraída- mirada.
Estaba en el mejor restó del mundo: el comedor de la casa de mi abuela. Se abre la puerta de la cocina y en vez de la fuente de tallarines caseros con estofado, avanza un carrito y una azafata pregunta ¿Chicken or pasta?
Me despierto de la pesadilla hambriento y apurado. Tengo que estar en Ezeiza en una hora, me pregunto ¿Por qué en los comerciales de las líneas aéreas la música de fondo siempre suena a Cole Porter, la gente flota hasta el counter, mueven las valijas como si estuvieran rellenas de plumas, la niña que nos atiende capta telepáticamente nuestro nombre y número de pasaporte, los otros viajeros son elegantes, sonrientes y relajados, sus hijos educados –dóciles como muñecos de peluche- y si hay ancianos, siempre son parejas de encantadores abuelos agradecidos al Estado por su haber jubilatorio? ¿Por qué todos se mueven en cámara lenta, seguros de sí mismos, sin apuros, con un tiempo infinito por delante? ¿Por qué el que quiere ventanilla viaja en ventanilla y el que quiere pasillo tiene pasillo, siempre? ¿Cómo hacen esos comerciales para que el equipaje de abordo salte de las manos de los pasajeros y se acomode en su lugar, pero lo más increíble… cómo consiguen que el espacio se expanda y las piernas se estiren y los brazos se alarguen y sobre lugar por todos lados y no molestemos a nadie y un rayo de sol dorado nos acaricie mientras volamos felices a nuestros destinos?
Luego de recordar estos maravillosos comerciales estuve tentado a cancelar mi viaje, la última desilusión que soporté fue saber que los reyes son los padres.
Viste, Alice, escribí.
Guillermo García Avogadro, 22 de abril
viernes, 23 de abril de 2010
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