Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



martes, 19 de abril de 2011

59. Aunque todo nos desmienta

Barrio de clase alta. Casas y jardines. Dos hombres y una mujer indagan la vecindad, se detienen cuando ven a Vittorio Gassman subir a un trampolín, es el hombre que buscan. La cámara lo congela en el momento del salto. Han pasado cinco minutos de proyección de Nos Habíamos Amado Tanto.

Vi la película por única vez a los veinte años en el cine Plaza y me encantó.

El narrador contará la historia de tres amigos que durante la guerra lucharon contra los nazis, de algún modo se deben la vida, se aman, son italianos. Hombres de izquierda. Les llegó la paz y todo está por hacerse, son entusiastas. Luego, el amor por una mujer, Stefanía Sandrelli, los distancia, creen ellos. Buena excusa. Son las elecciones de cada día lo que los va separando, el jardín de los senderos que se bifurcan. En la raíz de la palabra decisión, está la idea de muerte. En la encrucijada, elegir un camino implica anular el alternativo. Pero quizá no existan diarias elecciones. Quizá sólo hay que decidir una vez. Creer en la multiplicidad también es una buena excusa. La verdad es triste y es gris.

Gassman es el abogado mediocre que cambia su vida casándose con la hija de un poderoso empresario. Nino Manfredi maneja ambulancias y vive, al fin, con Stefanía, casi como premio consuelo de una vida donde no sobra nada. Satta, fanático del cine, tiene su modesto momento de gloria en la televisión, antes de perder –sin justificación- en la última pregunta. Cuando finalmente se encuentran, todo los separa. El pretérito pluscuamperfecto es preciso, indica acciones realizadas en un momento del pasado, Nos habíamos amado. Hoy ¿Los amaríamos? Más aún ¿Nos seguimos amando a nosotros, tanto?

Fin del flashback, corte al presente. Sábado, cuatro de la tarde, Cine-Teatro Regio, función de El Gran Circo, títeres. Gabriela, mi mujer, Ben y Andus, nuestros hijos y Marilecita, su abuela. En la fila de atrás Alain, el marido de mamá, Tere, la niñera –infaltable- y yo. Salida familiar y cultural: es una reposición (mutilada) de la puesta original de Ariel Bufano. Los chicos están inquietos, yo también. Miró a un lado y al otro buscando nada. Y entonces ahí, haciéndose paso en mi fila, flaca e intocada por los años, Asunción Prado, amiga de la primera juventud. Abrazo largo: Gaby y Tere consternadas. Intento reproducir un diálogo.

Yo: (tratando de evitar que me hagan preguntas) ¡Tanto tiempo! ¿Qué es de tu vida?
Asunción: Sabía que en algún momento te iba a encontrar ¡Tenía que ser en un teatro!
Yo: (algo incómodo, a quemarropa) ¿Dónde vivís, a qué te dedicas?
Asunción: Estuve en Brazil mucho tiempo, hacía cerámica, luego volví, lo mío era actuar, estudié, estoy haciendo títeres ¿Vos seguís con esto, hacés teatro?
Yo: (no, hago plata; pienso mientras cubro el Rolex y disimulo el cocodrilo del pecho) no, no… (Balbuceo)
Asunción: una pérdida…
Yo: (cambiando de tema, con torpeza) ahora vivo en Tigre…
Asunción: ¡…En una isla…! Bien agreste… ¡Qué bueno!
Yo: (Callo “no en un barrio cerrado y carísimo”. Cambio de tema) Pásame el número de celular, hablamos.

Fin de le escena. Cae telón. El público está algo desconcertado, no hay aplauso.

Imagine por un segundo que hace treinta años Usted era, digamos, estudiante de letras o psicología, que había fundado un grupo de teatro, que escribía, actuaba y dirigía. Era creativo. Lideraba a más de treinta personas, vivía para eso. No había otra cosa en su horizonte. Su gente lo consideraba, por decirlo de alguna manera, un referente cultural. Digamos que alguien de esa época lo encuentra ahora y a ese alguien le faltan las doscientas hojas del libro dónde se explica cómo Usted llegó a ser el directivo eficiente, objetivo, serio y sin tiempo de la compañía global. Seguramente tampoco le resultará fácil a Usted, explicarse ese encuentro entre fantasmas, encuentro que sólo se sostiene en la ilusión del Yo, esa convicción nuestra de que somos los mismos en cuerpo y mente desde niños a viejos, aunque nada en la naturaleza a nuestro alrededor permanezca constante. Aunque todo nos desmienta.

Chicago, año 1934, Cine Biograph. Sentado en la platea, apenas disimulado por un modesto bigote, John Dillinger, el enemigo público número uno de los Estados Unidos. Lo busca Hoover y todo el FBI y no es una cuestión de rutina, es una cuestión de honor y supervivencia. Dillinger tiene los días contados, siente el asedio, lo acorralan pero no deja de persistir en su ser, ama el cine. Está viendo Manhattan Melodrama, una de gangsters. A la salida lo matan de un balazo, entre la multitud, a los 31 años. Una mujer lo traiciona. Buena excusa. Todos soñamos la inmortalidad, seguir siendo por siempre los mismos. Sólo la alcanzan, los que mueren jóvenes.

Guillermo García Avogadro, 19 de abril, 2011


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