Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



jueves, 14 de abril de 2011

58. Se Enamoró Tres Veces en la Vida

Decíamos ayer… Fray Luis de León


Alicia tiene el don de equivocarse con la palabra correcta, así termina nuestra última entrada (16 de noviembre) cambiando olmo (el olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido) por alma.


“Alma quiero anotar en mi cartera,


La gracia de tu rama verdecida”


Conocí a Machado por Serrat. En el principio Machado fue una canción. Luego en la facultad de Letras leímos A un Olmo Seco. La copio para Ustedes y les sugiero repasarla en voz alta y pausada.


Al olmo viejo, hendido por el rayo


y en su mitad podrido,


con las lluvias de abril y el sol de mayo


algunas hojas nuevas le han salido.


¡El olmo centenario en la colina


que lame el Duero! Un musgo amarillento


le mancha la corteza blanquecina


al tronco carcomido y polvoriento.


No será, cual los álamos cantores


que guardan el camino y la ribera


habitado de pardos ruiseñores.


Ejército de hormigas en hilera


va trepando por él, y en sus entrañas


urden sus telas grises las arañas.


Antes que te derribe, olmo del Duero


con su hacha el leñador, y el carpintero


te convierta en melena de campana


lanza de carro o yugo de carreta,


antes que rojo en el hogar, mañana


ardas de alguna mísera caseta,


al borde de un camino;


antes que te descuaje un torbellino


y tronche el soplo de las sierras blancas;


antes que el río hasta la mar te empuje


por valles y barrancas,


olmo quiero anotar en mi cartera


la gracia de tu rama verdecida.


Mi corazón espera


también, hacia la luz y hacia la vida,


otro milagro de la primavera.


El profesor, de nombre españolísimo e imposible de recuperar, guapo para las mujeres y ex sacerdote para el mito nos contó que Machado, un hombre mayor (para la época, treinta y cinco años…) serio, introvertido y solitario se identifica con el olmo y la gracia de la rama verdecida tenía que ver con el encuentro del amor en una joven mujer.


Un disparate. Un disparate de seductor.


Es Mayo de 1912 y Antonio y Leonor han vuelto a Soria desde París. Alquilan una casita en el paseo del Mirón en busca de aire puro. Han luchado con todas sus fuerzas para salvarla de una terrible enfermedad, pero nada mejora la situación de la enferma. Caminando, una tarde, quizá el poeta detiene su mirada en un olmo centenario y enfermo, quizá la imagen le sugiere un paralelo con el dolor de su mujer, quizá. La esperanza de la rama verdecida, no tiene ningún fundamento, Leonor muere pronto, nos queda el consuelo de los versos.


Machado, como todos los hombres se enamoró tres veces en la vida.


Los poetas no eligen sus obsesiones, la de Machado fue la pérdida de la compañera, lo que no puede ser.


Su primer amor fue a los cuatro años. Él habla de una fiesta, un baile, adonde le lleva en brazos el hada más joven. La criada se marcha y los versos siguen la estética del sufrimiento por la pérdida, por el abandono.


Juan Ramón Jiménez dice de Machado "Era sucio, desaliñado y comía papeles". Su madre Se preguntaba quién le había robado a Antonio la alegría de su juventud.


A los treinta y tres, recobra al hada más joven, ahora se llama Leonor y tiene catorce años. Leonor y su familia sufrían muchísimo, el padre guardia civil jubilado y borracho, las golpea y les grita, y Machado, hospedado en esa casa como pensionista, se convierte en padre sustituto y luego en marido. Sabemos que Leonor muere a los tres años y él vuelve a quedarse solo. Blasfema contra Dios por habérsela robado.


Antonio es melancólico. De chico, para molestarlo, su hermano le decía “Tú no eres Antonio Machado”.


El milagro vuelve a ocurrir a principios de junio de 1928 cuando la poetisa madrileña Pilar de Valderrama, de treinta y nueve años (Machado ahora roza los cincuenta) llega a Segovia con una tarjeta de presentación.


El encuentro tiene lugar en el vestíbulo del hotel Comercio. Llueve y hace un frío intenso. Nada más verla y el poeta se enamora. Machado es un hombre muy solo, incapaz de conquistar a una mujer. No tiene confianza en sí mismo pero llega Pilar, que es bellísima, y conoce sus poemas, y ella misma es poetisa, y hablan y hablan y se ven en parques y cafés, y se escriben, y esto le da un aliento y una esperanza, pero también es un tormento, ni siquiera deja que la toque, lo ama y no puede entregarse, es desdichada pero está casada y es creyente.


Machado le escribió doscientas cartas durante los siete años que duró la relación. Ella quemó todas menos "unas cuarenta" en vísperas de la Guerra Civil, antes de salir para Portugal, escogidas al azar, las que estaban encima, sin releerlas siquiera. Peor aún, las cartas salvadas de las llamas fueron mutiladas cuando Pilar las quiso dar a conocer. Cortó y aplicó decolorantes para borrar pasajes considerados imprudentes o arriesgados.


Como todos los hombres, Machado se enamoró tres veces en la vida. Como suele pasar, esos amores no dejaron mucho más que un recuerdo intenso que con él se pierde, una tumba azotada por el viento y unas pocas frases, intercambios, sólo fragmentos, que se prestarán a error y controversia.


Fue el preferido de su madre. Ella dijo “sólo moriré cuando muera mi Antonio".


Y así sucede. Machado muere el día 22 de febrero de 1939 en el Hotel Bougnol-Quintana, en Collioure, Francia. A los tres días, fallece su madre. En el bolsillo del abrigo encuentran un último verso "Estos días azules y este sol de la infancia".


Waldo Williams, Buenos Aires, 14 de Abril

No hay comentarios:

Publicar un comentario