Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



sábado, 30 de junio de 2012

128. Viernes

Es viernes, es tarde

Me gusta quedarme dormido en mi sillón cómodo,
Me gustan los ruidos de la madera en la noche,
El peso de mi mano derecha sobre la izquierda,
Un vaso lleno de agua,
Almorzar solo,
Peinar el pelo con los dedos,
El pelo largo,
Me gusta estar despierto cuando todos duermen,
Reconocerme en los rasgos de mis hijos,
Las casualidades,
Me gusta cuando me traen una réplica mía, ingeniosa, olvidada,
Que me pregunten, escuchar, el silencio,
Los hombres de pocas palabras,
Me gustan los instrumentos para medir el tiempo y el espacio,
Los escenarios, los magos,
Sentir como la barba raspa,
Afeitarla, levantar la vista y verme otro en el espejo,
Las manos con sortijas, como las de Mujica, que nunca he llevado,
Los sombreros y los chalecos, que evito,
Las bufandas, los pañuelos, los cuellos altos,
Las películas en blanco y negro, en gris y plata,
El estilo de Gene Kelly
Y cuando era chico, increíble, llevar anteojos de pasta, pesados
Los ríos y las sierras, tanto más que el mar,
Los reflejos en el agua,
El frío en la cara al subir una montaña,
La ducha luego de un vuelo transatlántico,
Caminar junto a un perro vagabundo, a mi lado,
Los números primos,
Los nombres cortos bien acentuados,
El queso y dulce,
El chocolate amargo,
El Campari,
Tenderme bajo las estrellas, en verano,
Me gustan los años cuarenta y los zapatos Crockett & Jones, gastados,
La linda letra, las etimologías, los atlas,
Las acuarelas, los pasteles, la tinta de china,
La hora del té,
Me gusta que me tomen de la mano,
Que me acarician los párpados,
Ver a los chicos corriendo, desaforados, en el campo,
Tirándose bomba, disfrutando,
Escucharlos en la noche hablando en secreto.
Las mujeres cuando están roncas,
Su sonrisa,
Sus tobillos, verlas llevando falda,
Los móviles de Calder
Y el perfume de tu cuello, sí, de tu cuello,
El recuerdo de mis abuelos,
Rapsody in Blue sobre postales de Manhattan,
Antes relojes y lapiceras, ya no, demasiada vanidad,
Una sala de la National Gallery y otra del Metropolitan,
Las letras de Col Porter,
Y pedalear de noche con la luz de la dinamo titilante,
Navegar a vela, viajar en globo,
La calle Melián,
Haber besado en la plaza,
El pan y el aceite,
Una salchicha asada en Bloomsbury, Londres, en la calle,
Comer de parado pizzas, empanadas, al lado de los que trabajan,
Comprar uno, tres, cinco libros, nunca ni dos ni cuatro,
La moneda inglesa de una libra,
Escribir en los bares,
El café con leche,
El olor a tierra mojada,
Haber levantado una casa.

Tengo miedo de la muerte,
Más de tu muerte que de la mía.

Guillermo, 30 de junio, 2012

jueves, 21 de junio de 2012

127. Crímenes y Pecados

Durante toda la vida debemos tomar decisiones morales que resultan desgarradoras. Algunas son importantes y muchas lo son menos, pero estas decisiones nos definen. Somos la suma total de ellas.
Los acontecimientos ocurren de forma tan imprevisible e injusta que parece que la felicidad humana no se incluyó en el diseño de la creación. Sólo con nuestra capacidad para amar le damos significado a un universo indiferente.
Louis Levy

Alicia tiene razón, si mañana volviera a nacer quisiera hacerlo como Woody Allen, si con el sexo cambiado, en el cuerpo de Peggy Guggenheim, si something in between elegiría, pese a todo, volver siendo Oscar Wilde. Si vamos a pedir, pidamos.

Guillermo escribió sobre Manhattan, para mí esa película es parte de la trilogía de New York (perdón, Auster) junto con Annie Hall y Sueños de un Seductor, que ¡Oh paradoja! se filmó en San Francisco por problemas gremiales. Si a ese tridente ofensivo le sumamos Zelig, Hannah y sus Hermanas y Crímenes y Pecados… puedo decir, muy seguro, nosotros seis contra todos lo que se vengan. Películas que de alguna manera me construyeron, o al menos amoblaron mi dos ambientes.

Difícil quedarme con una, pero luego de tanto hablar de amores contrariados, elegir la cinta que mejor se interna por el túnel de la culpa pareciera no ser una mala elección.

Glosa en los márgenes. Si buscan liberación en Google obtendrán 10.900.00 resultados (no es un mal número). Si buscan culpa 24.400.000. Huelgan los comentarios.

En Crímenes y Pecados se cuenta las historias de Judah (Martin Landau) oftalmólogo exitoso y la de Cliff (Woody Allen) documentalista fracasado. Sus vidas sólo se tocan al final, cuando se encuentran, por casualidad, en un casamiento y cambian algunas pocas frases, mientras otros, alegres, festejan.

Judah tiene carrera, mujer, hijos grandes y una amante, Carmen, que puede tirar todo por la borda. Judah ha malversado fondos, cometió fraude y disimula con beneficencia. Carmen lo sabe todo, y no acepta el abandono, está desesperada y pasa de la amenaza a los hechos. Caminan al borde de la cuerda, está oscuro y el mar da miedo, mucho, se puede comer, rápido, al profesional modelo y a su familia ejemplar.

Pero Judah también tiene un hermano con capacidades especiales, un hermano oculto, pragmático e inmoral, un asesino a sueldo que se encarga de terminar con la vida de la amante.

Cliff es fiel a sus convicciones y a la ética de su obra. Lo encontramos haciendo un documental sobre el profesor Louis Levy, pero éste se quita la vida antes que el trabajo esté terminado.

La mujer no lo valora, lo compara con su exitoso hermano Lancer (Alan Alda) director de televisión. Cliff lo desprecia por superficial y vacío, pero sin trabajo ni proyectos acepta filmarlo para un especial en su honor. Allí conocerá a Holly (Mia Farrow) productora que trabaja a desgano con Lancer. Los dos se ríen a sus espaldas. Holly le trae un poco de felicidad, Cliff la besa, se declara enamorado y piensa que ella puede ser su segunda oportunidad. Desea a una mujer que no es la suya, en su matrimonio no queda traza de amor.

A Judah le cuesta (algo…) aceptar el asesinato como solución del conflicto, pero acosado la toma. Dios es un lujo que no me puedo permitir, dice.

Cliff trabaja para Lancer, es verdad, pero no puede traicionarse y en los avances que vemos del fílmico, las imágenes de su cliente se contraponen con la de Mussolini y Mr. Ed.

Cliff pierde el trabajo y también a Holly que terminará casándose ¿Adivinen con quién? …Sí… con el rico y arrogante Lancer.

* * *

Escribo de memoria, he visto Crímenes y Pecados más de diez veces. Releo. Mis líneas son a la película, lo que los huesos de un dinosaurio a la bestia infernal que reinaba en el jurásico. Nada. Quiero romperlo todo y escribir una oda a la cebolla, al calcetín, a la cuchara.

Medianoche, el viento es despiadado con los árboles y mi ventana no lo contiene. En la calle hiela, me preparo un café, pongo el DVD, y vuelvo a ver al cansado león de la MGM, otra vez. Afuera algunas luces ámbar.

Rápido me convenzo, mi error no fue limitarme a describir la peripecia, el esqueleto, dejando de lado las líneas del diálogo… Cada réplica es tan buena, que hubiera terminado copiando íntegro el guión, dibujando, al fin, un mapa borgiano, completo, perfecto pero completamente inútil.

Al contar Crímenes y Pecados como un teorema, aunque en el fondo pueda serlo, pierdo el clima, la luz, su temperatura.

Los colores son cálidos, pero todo es frío, más frío que el invierno de la ciudad y de los personajes, más aún que el frío de sus abrigos, de sus piletas cubiertas y su pasto quemado por la helada.

Me refugié en la anécdota y perdí las manos que frotan, tensas, la frente y el sonido de un teléfono como un puntazo en la espalda y la mirada febril y perdida y la espera de algo, de nada, en el interior de un auto y matar el tiempo y las nubes negras que pasan y el mal humor y un golpe sobre la mesa y el aire que no alcanza y el cuerpo que se retuerce por dentro y la certeza del insomnio y en medio de la noche, nosotros girando sobre lo mismo y la ansiedad y la cabeza llena de paja y el fuego tan cerca y el pecho tan angosto y partido y nadie a nuestro lado… Y todo eso que hemos vivido tantas veces.

No supe describir el frío de un mundo sin centro, que gira alrededor de una estrella muerta.

* * *

En el final veremos a Judah y a Cliff de smoking. Uno muy cerca de un Cary Grant sombrío, el otro de una casa de ropa de alquiler. Conversan al lado de un piano. Es la boda de la hija de Ben, rabino, paciente de Judah y cuñado de Cliff. Todo es blanco o negro. Todo claro y distinto.

Judah abre el diálogo, casi un monólogo, de algún modo, una confesión.

Ben me dijo que usted hace películas.... Tengo la “gran historia” para “una de asesinatos”. Un argumento increíble... Hay un hombre muy exitoso, que lo tiene todo...

El director, con pudor, evita que Judah le hable a la cámara sobre los detalles del crimen, se aleja al salón y vuelve cuando su hombre retoma el aspecto filosófico del relato.

…Y una vez que el infame trabajo está hecho, la culpa lo abruma…. Surgen chispas de un pasado religioso que había sepultado, escucha la voz de su padre, imagina a Dios mirando todos sus movimientos, de repente no es un universo vacío... Es un universo justo y moral...Y él lo ha violado... Entra en pánico, está al borde del colapso mental y a pasos de confesar todo a la policía...

El plano se ha cerrado sobre el rostro de Judah, casi un terreno baldío. Habla desde el fondo de una caverna sellada con siete candados.

…Pero una mañana se despierta...y brilla el sol y su familia está junto a él. Misteriosamente la crisis desaparece… Va de vacaciones a Europa con su mujer y sus hijos...y con el correr del tiempo ve que no es castigado. Al contrario, todo se encarrila… Culpan a otro por el asesinato... Un hombre con más víctimas en su historial. Que importa... Una más no cambia nada.... Ahora es libre… se ha liberado. Su vida vuelve a la normalidad. .. Está de vuelta en un mundo protector, en un mundo de riqueza y privilegios.

Cliff: (preocupado) Sí, pero… ¿Usted cree que realmente puede volver?

Judah: Bueno…todos cargamos con algún pecado.... Digo… de vez en cuando se tiene un mal momento....pero pasa… y con el tiempo todo desaparece.

Cliff: Entonces sus peores temores se hacen realidad...

Judah: Yo dije que era una historia espeluznante… (con algún cinismo en el modo de mirar, ligero)

Cliff: A nadie le sería fácil vivir con eso… muy pocos podrían vivir con algo así en su conciencia.

Judah: (liberado) Muchos hombres cargan con faltas graves… ¿Qué se supone que haga? ¿Que confiese? ¡La realidad es así! En la realidad racionalizamos, negamos… o no podríamos seguir viviendo.

Cliff: …Yo haría que él se entregue... Así la historia alcanzaría una dimensión trágica… Ante la ausencia de un Dios, él debe asumir toda la responsabilidad. Se excede y parece escapar del destino pero finalmente le llega su castigo… Una gran tragedia.

Judah: Eso pasa sólo en las pantallas… ¿Vas demasiado al cine, verdad? Yo hablo del mundo real… Para finales felices están las películas de Hollywood…

Judah sonríe algo nervioso, entonces entra su mujer vestida de color verde esmeralda, se miran, se toman de las manos y ella le dice que se ve muy apuesto, se besan con cariño y ahora sí, Judah es Cary Grant en su mejor momento.

Cliff se queda mirando el piso. En el salón, Ben, el rabino ciego, baila el vals con su hija. En su oscuridad es el único que parece ver una luz.

Mientras vemos girar, felices, a padre e hija escuchamos al profesor Levy, que sabemos se ha suicidado, cerrando con un hilito de voz “La mayoría de los seres humanos parecen tener la habilidad de seguir intentando, e incluso encontrar placer en las cosas simples como su familia, su trabajo y en la esperanza que las próximas generaciones quizá entiendan mas…”

Waldo Williams, 21 de junio, 2012

lunes, 11 de junio de 2012

126. Manhattan


No hay día que no piense en ti.
(Fragmento de la carta del Príncipe Encantado a Blancanieves)

Vi Manhattan a los diecisiete en el cine Santa Fé 1 (hoy Zara). Me quedé tres funciones, me quedé hipnotizado.

Si tenemos una sola imagen de esa película, será la de Allen y Diane sentados en un banco, al amanecer, frente al puente de la calle 59. Quizá por esa escena me hice devoto de esos bancos, de las plazas. Conversar hasta que el día nos cae encima… cosas que ya no nos pasan.

Pero para mí Manhattan no es esa imagen, es otra, es la de una pareja, elegante, besándose en la terraza de un pent-house con la ciudad atrás, presente y distante a la vez.

Para mí esa es la escena, tanto y tan olvidada, que decidí -a contramano de toda nuestra tradición- abrir con ella mi texto, con esa mujer y ese hombre, solos con ellos mismos, porque solos se bastan.
No importan los fuegos artificiales en el cielo, son en blanco y negro, tampoco la vida rutilante de los que lejos habitan la luz de su ventana, ellos solos se bastan.

Repasemos el guión.

Ike (Woody Allen) está separado de su mujer (Meryl Streep) y ella tiene la custodia del hijo. Él la amó y ahora la aborrece, tanto como quiere a Tracy (Mariel Hemingway). Tracy es muy joven… Ike es mayor que su padre.

Luego está el íntimo amigo de Ike, Yale (Michael Murphy) quien se acaba de enamorar de Mary, bastante más joven que su mujer. Mary ama a Yale, o al menos eso cree.

Pero por esas cosas de las películas Mary empieza a tener onda con Ike y el sentimiento parece ser recíproco. Ike termina ahora enamorado de Mary y se aparta de Tracy.

Y luego, para la sola desgracia –o no- de la mujer de Yale, en el último acto, Mary y Yale se reencuentran y Ike vuelve a buscar a Tracy.

Así contada, parece el juego de las esquinitas y entusiasma tanto como la descripción de la cadena de acido desoxirribonucleico de Megan Fox.

Esa tarde en el cine, lo que me encantó (como en un cuento de hadas) fue el mundo de esa gente, las conversaciones en Elaine´s y en las galerías del MoMa, el Hayden Planetariun y en el Central Park y fue allí ¡Oh, paradoja! donde me enamoré para siempre de Diane Keaton, de Mary, la anti heroína. Me enamoré porque era super femenina, frívola sí, inmadura también pero alegre y bien leída. Era como estar con mi amigo Fernando Albinarrate pero con el adicional, que Diane se prestaba para abrazarla, para tenerla entre los brazos.

Creo que de los cien egresados del Guadalupe de ese año, yo era el único perdidamente enamorado (con póster en el cuarto, sobre la cama) de Diane Keaton. Hubo otros amores, sí… pero siempre volveré a ese, mi primero.

Me enamoré de ella y su ambiente, tan diferente del mío, de mi Buenos Aires parroquial muy anterior a la guerra de Malvinas y a la caída del régimen.

En esos años no conocía personalmente a nadie que hubiera caminado por New York.

New York y la vida, sólo era en películas.

Manhattan con todas las mujeres que quise, incluida mi abuela Hebe y con el tiempo me di cuenta que esa película de snobs y diletantes, aunque parezca lo contrario, es la reivindicación del amor sobre el intelecto.

Veamos. Isaac, Yale (como la universidad) y Mary son intelectuales y todos andan un poco desorientados en la búsqueda de la felicidad.

Yale es el académico que se jacta de escribir una biografía sobre Eugene O’Neill pero muere por tener un Porsche. Es incapaz de enfrentar la realidad e hipócrita, le pide a Isaac que actúe de modo diferente de cómo él lo hace, le recrimina su relación secreta con Mary.

Mary es periodista y no usa rímel, un poco inmadura y demasiado creída. Construye una lista de Sobrevalorados por la Historia donde incluye a Mahler, Fitzgerald y Van Gogh. Mary, la periodista y amante de Yale, es tan inmadura como él, pero transparente.

Isaac va y viene en su relación con Tracy y no está muy lejano del universo de Yale y Mary. Caso contrario ese planeta no lo atraería tanto.

Tracy con diecisiete años (igual que yo, en mi primera vez, en el Santa Fé 1) es equilibrada y gentil y hace que no escucha los chistes que cuentan de ella Mary y Yale.

Tracy sabe lo que quiere. Ama a Isaac de verdad y acepta la ruptura sin dramatismo ni histeria. También sabrá perdonarlo cuando sufra el despacho de Mary.

Tracy, naturalmente representa todo lo bueno, pero yo, en el año setenta y nueve, me enamoré de la mujer equivocada. Muchos años me llevaría darme cuenta. Gracias a dios (Allen Stewart Konigsberg) Diane Keaton también fue Annie Hall.

Tracy es el modelo a seguir, menos conversaciones sobre La Obra de Arte en la Época de la Reproducción Técnica y más humanidad. Menos palco en el Metropolitan y más movies en la cama compartiendo chocolate. Menos yo y más nosotros.

Como le dice Isaac a Mary “Nada que valga la pena puede ser asimilado por la mente. Tiene que entrar por una abertura diferente… y disculpa lo vulgar que pueda ser la imagen… Siempre he pensado que el cerebro es el más sobrevalorado de todos los órganos”.

Quizá desde siempre intuí que no podría ser el Isaac que Mary besa. Quizá tampoco lo quise ser, realmente. Quizá por eso elegí esa pareja anónima, en la oscuridad, en lo alto besándose, sin importarles nada, porque ellos solo se bastan.

Guillermo García Avogadro (desde un probador de Zara) junio 11, 2012

lunes, 4 de junio de 2012

125. Siempre nos quedará París


Guillermo dice que a los diecinueve abracé el credo de Emanuel Swedemborg, sorry, no recuerdo ese abrazo (y anoto que no soy de esas que se han abrazado con tantos). El y Waldo repetían mucho eso de la salvación por la ética, la estética y la razón y no mucho más. En esos años el verdadero y único centro del universo no era un sueco, era el neoyorquino Allen, Woody Allen. Intelectual y romántico, capaz de seducir lindas mujeres –y lo que era muy importante para mis amigos- más altas que él -1,65- y que ellos -1,68- of course.

El personaje se confundía con la persona, escritor o guionista o comediante, visita habitual de museos, cines, galerías de arte y por las noches siempre restaurantes. Departamento mínimo en el centro del mundo lleno de objetos icónicos, muchos libros y discos, no MP3, yet… Le copiaban hasta el modo de vestirse, sacos de lana, pantalones de corderoy, cashmere de cuello redondo, todo dos números más grande (Guillermo aún conserva un saco así, hay una foto de Daniel Rolleri llevándolo, creo, en la ruinas del foro Romano… la prenda construía tan bien al personaje que para ese grupo el Harris-tweed llegó a ser un bien muy codiciado).

Manos en los bolsillos, la réplica justa en menos de una línea, amanecer frente al puente de Brooklyn, carreras desesperadas a través del Central Park. Ellos querían estar hechos a su imagen y semejanza ¿Me explico? Su dios no era el dinero, ni el poder, ni la fama, ni la fuente de toda verdad y justicia, increíblemente era Allen Stewart Konigsberg de Manhattan.

Las películas de Woody lo permiten todo, hasta sostener un curso de psicoterapia por internet (sic) donde, por ejemplo, se las usa para identificar los mecanismos de defensa del yo (casi todos los listados por Otto Fenichel y otros tantos inventados por diligentes estudiantes españoles).

Allen se ha ocupado de muchas cosas, pero por sobre todo, creo –más que nada y nadie- de la vida de las parejas en todos sus momentos… Para mí hay sólo dos que merecen la pena ser contados, el principio y el final, lo que pasa en el medio es para el disfrute o el tedio de los enamorados. Esto no debería ser una novedad para mis lectores, todos saben que prefiero libros pequeños y los cuentos antes que la novela. El primer beso y el último adiós y chau. Chau, picho.

Sueños de un Seductor es mi predilecta, gira – casi únicamente- en torno a despedidas e intentos desesperados de primeras veces y casi nada más.

La película abre con el final de Casablanca

(Un avión espera, de noche, bajo la niebla con los motores encendidos la llegada de Víctor Lazlo, jefe de la resistencia Checa y de Ilsa, su mujer, para llevarlos a Lisboa, al mundo libre. Es inminente la llegada de la Gestapo. Rick ha organizado el escape.)

Rick: Yo me quedo aquí… hasta ver el avión despegando
Ilsa: ¡No Rick! ¡No! Anoche dijiste…
Rick: Anoche dijimos muchas cosas. Dijiste que yo tenía que pensar por los dos y es lo que hice… y sé que tienes que subir a ese avión con Víctor… es a él a quien perteneces
Ilsa: Pero Rick, escucha
Rick: Escúchame tú ¿Tienes idea de lo que te espera si te quedas aquí? Créeme, los dos acabaríamos en un campo de concentración
Ilsa: Dices eso para que me vaya
Rick: Lo digo porque es cierto y es cierto también que perteneces a Víctor. Eres parte de su obra, eres su vida. Si ese avión despega y no estás con él, lo lamentarás
Ilsa: No
Rick: Tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana, pero sí más tarde, toda la vida
Ilsa: ¿Nuestro amor no importa?
Rick: Siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca, pero lo recuperamos anoche
Ilsa: Dije que nunca te dejaría
Rick: Y nunca me dejarás… Yo también tengo un trabajo que hacer y no puedes seguirme a donde voy... Tampoco valgo tanto… Los problemas de tres pequeños seres no tienen lugar en este loco mundo. Algún día lo comprenderás. Ve con él, Ilsa

Woody llora en la platea mientras vemos como la pareja se va desdibujando.

Sueños de un Seductor cuenta la historia de Allan Felix (columnista en una revista de cine) que es abandonado por su mujer y de cómo el espectro de Bogart lo aconseja para rehacer su vida.

Nancy (mujer de Allan): me marcho
Allan: ¿Por qué me dices eso?
Nancy: estoy aburrida, quiero viajar, andar en moto, ir de buceo, salir a bailar
Allan: pero si nosotros veíamos muchas películas…

Sólo dos momentos merecen ser contados: inicios y finales.

Empecemos por los finales, rupturas y despedidas. ¿Por qué continuar algo que ya terminó? ¿Cómo no traicionarse? ¿De dónde juntar fuerzas? ¿Cómo ser educado, elegante y al mismo tiempo definitivo y final…cuando no somos ni Boogie ni tenemos a los Warner Brothers atrás...¿Cómo?

Las despedidas dependen de la convicción, el valor y la fortaleza. Importa menos la inteligencia y lo gentil. La cosa va más con las orejeras del caballo que con una noche cálida, las estrellas y el lento acercamiento de los labios. Sólo la cobardía malogra una ruptura… Boogie diría no hay nada que no pueda arreglar un whisky con soda.

Ahora pasemos al principio, a los inicios, a la conquista, a la declaración.

(Allan y su amiga Linda –Diane Keaton- están en la sala de un museo. A lo lejos ven a una mujer joven y muy sensual. Linda lo amina a que se le acerque, que busque tema de conversación…)

Allan: Es un Jackson Pollock muy bueno
Una mujer: Sí que lo es
Allan: ¿Qué te sugiere?
Una mujer: Ratifica la absoluta negatividad del Universo, el odioso vacío solitario de la existencia, la nada. El predicamento del hombre dedicado a vivir una desierta eternidad sin Dios, como una diminuta llamita que relampaguea en un inmenso vacío donde sólo hay desperdicio, horror y degradación, formando una inútil camisa de fuerza que aprisiona un cosmos absurdo…
Allan: ¿Qué hacés el sábado por la noche?
Una mujer: Me voy a suicidar
Allan: ¿Y el viernes por la noche…?

En la conquista la pregunta es hasta cuando insistir. Cuál es el momento que pasamos de tenaces buscadores de lo amado a pesados, ciegos, e indeseados merodeadores de la intimidad del otro.

La conquista tiene que ver con la sensibilidad, sí, con la inteligencia, sí, pero más que nada con el manejo de los tiempos, del ritmo, de lo que se dice y hace y de las ausencias y de los silencios.

El dilema es ¿Hasta cuándo insistir… dónde parar… y llegado el caso, cuándo retirarnos?

(Mientras que Dick, el mejor amigo de Allan y marido de Linda está de viaje, ellos arreglan para comer en la casa de éste.
Linda se acerca con una copa de champan, los dos se sientan en el sofá, uno al lado del otro)

Linda: (naturalmente) ¿Supiste que otra chica más fue violada en Oklahoma?
Allan: (atónito) ¿Saben quien lo hizo?
Linda: No…debe ser muy astuto…
Allan: Sí, debe serlo para violar mujeres y salir libre
Linda: (ligera) Si alguien quisiera violarme fingiría que quiero hacerlo pero tomaría un objeto pesado y lo golpearía… luego de que hubiera terminado…
Allan: (didáctico) Dicen que es el deseo secreto de toda mujer
Linda: (cómplice) Depende de quién te viole… la bebida me va directo a la cabeza, estoy flotando…
Allan: (nervioso) No hablemos de temas morbosos, a ti nunca te violaría nadie
Linda: (no muy convencida) No… con mi suerte, no…no soy muy sexy.
Allan: Eres muy linda
Linda: Cuando salgo contigo y veo tantas mujeres lindas siento como si la vida se me estuviera yendo
Allan: (tenso) Esas chicas nunca serán como tú… de verdad… eres una muy linda persona
Linda: No sé qué decir…
Allan: (más tenso) En serio eres excepcionalmente bella, inusualmente bella
Linda: (melancólica) Ya basta… hace tanto tiempo que no me decían eso…
Allan: (sincero) La paso bien cuando salimos
Linda: (sincera) Yo también
Allan: (ansioso) Tienes los ojos más lindos que haya visto
Linda: Tus manos están temblando
Allan: (más ansioso aún) Es porque estás cerca… he conocido muchas mujeres, pero vos sos algo realmente especial
Allan: ¿En serio?
Linda: (algo esquiva) Creo que iré a preparar la comida
Allan: Linda (la besa, intenta besarla) creo que estoy enamorado de tí

Allan Busca abrazarla, tiran al piso una lámpara

Linda: No lo hagas

Linda se levanta, esta contrariada, confundida, va hacia la puerta, rápido

Allan: (tratando de recomponer) Lo creíste… era una broma, técnicamente no era un beso… era un beso platónico
Linda: (dudando) Mejor me voy

Linda va a la puerta de calle, sale y la cierra a su paso

Allan: No me malinterpretes…
Allan: (muy acelerado) La atacaste… sos una bestia de la jungla ¿Qué le dirás a Dick? (teme que llegue la policía, se imagina trabajando como eunuco de palacio…)

En eso golpean a la puerta, Allan abre, entra Linda volando

Linda: Allan
Allan: Linda
Linda: ¿Dijiste que me amabas?

Se abrazan, se besan, mucho, el director intercala a Ingrid Bergman y Humphrey Bogart también besándose.

Es mi versión de la escena, quité las intervenciones de Boogie acompañando cada movimiento de Allan, quizá lo mejor, seguramente estoy cambiando los deseos de Woody, pero lo hago buscando concisión, tratando de cerrar mi punto… lo hago deliberadamente.

En la conquista ¿Cuánto insistir, cuándo detenerse? ¿Ir a fondo o paso a paso? ¿Se puede manejar el ritmo, o el inconsciente nos maneja (¿Supiste que otra chica más fue violada en Oklahoma?)?¿Cómo juega la ansiedad? ¿Es preferible estrellarse mil veces o entrar al cine sola, con dos entradas, otra vez?

Linda y Allan pasan una buena noche juntos. Luego se arrepienten, o no, mejor dicho, evitan ir más allá, o no están muy seguros de qué hacer, o no tienen fuerzas para hacerlo... y en esa encrucijada, de algún modo, Allan tendrá el beneficio secundario de una despedida como eco de la de Rick e Ilsa.

Los ejemplos sobran, aquí no importa el género, tanto hombres como mujeres, insisten en la conquista o inician el largo adiós.

Hoy escribí mucho, lo sé, sólo permítanme una cita más, creo que vale la pena.

La película nace de una apuesta, Howard Hawks le dice a Ernest Hemingway que filmará algo grande con su peor novela y nos entrega Tener y no Tener (1944).

En Tener y no Tener, debuta con diecinueve años Lauren Bacall, Humphrey Bogart de treinta y ocho cae fulminado a sus pies y se nota en cada fotograma.

La escena es legendaria, recae en Laureen y mezcla al mismo tiempo conquista y despedida.

Habitación en penumbras. Marie se sienta sobre la falda de Steve y lo besa, decidida. El parece inmutable.

Steve: ¿Por qué has hecho eso?
Marie: Me preguntaba si me gustaría
Steve: ¿Y cuál es el veredicto?
Marie: Aún no lo sé.

Lo vuelve a besar, Steve ahora se entrega

Marie: Es aún mejor cuando colaboras

Marie se para, entiende que es el momento de irse.

Marie: (con una mano sobre el marco de la puerta) Sabes que conmigo no tienes que actuar, Steve…No tienes que decir nada, ni tienes que hacer nada.
Nada en absoluto. O…tal vez, sólo silbar
Sabes silbar ¿Verdad Steve?
Sólo tienes que junta los labios y… soplar

Marie sale y Steve queda solo, mira el cigarrillo que tiene en la mano, silba bajito y se sonríe.

En la vida real Boogie y Laureen se casarán pronto y él le regalará un silbato de oro.

Siempre envidié a las mujeres bien guionadas.

Alicia Lis, lunes 4 de junio, con el rímel corrido de tanto llorar (lo juro)