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lunes, 4 de junio de 2012

125. Siempre nos quedará París


Guillermo dice que a los diecinueve abracé el credo de Emanuel Swedemborg, sorry, no recuerdo ese abrazo (y anoto que no soy de esas que se han abrazado con tantos). El y Waldo repetían mucho eso de la salvación por la ética, la estética y la razón y no mucho más. En esos años el verdadero y único centro del universo no era un sueco, era el neoyorquino Allen, Woody Allen. Intelectual y romántico, capaz de seducir lindas mujeres –y lo que era muy importante para mis amigos- más altas que él -1,65- y que ellos -1,68- of course.

El personaje se confundía con la persona, escritor o guionista o comediante, visita habitual de museos, cines, galerías de arte y por las noches siempre restaurantes. Departamento mínimo en el centro del mundo lleno de objetos icónicos, muchos libros y discos, no MP3, yet… Le copiaban hasta el modo de vestirse, sacos de lana, pantalones de corderoy, cashmere de cuello redondo, todo dos números más grande (Guillermo aún conserva un saco así, hay una foto de Daniel Rolleri llevándolo, creo, en la ruinas del foro Romano… la prenda construía tan bien al personaje que para ese grupo el Harris-tweed llegó a ser un bien muy codiciado).

Manos en los bolsillos, la réplica justa en menos de una línea, amanecer frente al puente de Brooklyn, carreras desesperadas a través del Central Park. Ellos querían estar hechos a su imagen y semejanza ¿Me explico? Su dios no era el dinero, ni el poder, ni la fama, ni la fuente de toda verdad y justicia, increíblemente era Allen Stewart Konigsberg de Manhattan.

Las películas de Woody lo permiten todo, hasta sostener un curso de psicoterapia por internet (sic) donde, por ejemplo, se las usa para identificar los mecanismos de defensa del yo (casi todos los listados por Otto Fenichel y otros tantos inventados por diligentes estudiantes españoles).

Allen se ha ocupado de muchas cosas, pero por sobre todo, creo –más que nada y nadie- de la vida de las parejas en todos sus momentos… Para mí hay sólo dos que merecen la pena ser contados, el principio y el final, lo que pasa en el medio es para el disfrute o el tedio de los enamorados. Esto no debería ser una novedad para mis lectores, todos saben que prefiero libros pequeños y los cuentos antes que la novela. El primer beso y el último adiós y chau. Chau, picho.

Sueños de un Seductor es mi predilecta, gira – casi únicamente- en torno a despedidas e intentos desesperados de primeras veces y casi nada más.

La película abre con el final de Casablanca

(Un avión espera, de noche, bajo la niebla con los motores encendidos la llegada de Víctor Lazlo, jefe de la resistencia Checa y de Ilsa, su mujer, para llevarlos a Lisboa, al mundo libre. Es inminente la llegada de la Gestapo. Rick ha organizado el escape.)

Rick: Yo me quedo aquí… hasta ver el avión despegando
Ilsa: ¡No Rick! ¡No! Anoche dijiste…
Rick: Anoche dijimos muchas cosas. Dijiste que yo tenía que pensar por los dos y es lo que hice… y sé que tienes que subir a ese avión con Víctor… es a él a quien perteneces
Ilsa: Pero Rick, escucha
Rick: Escúchame tú ¿Tienes idea de lo que te espera si te quedas aquí? Créeme, los dos acabaríamos en un campo de concentración
Ilsa: Dices eso para que me vaya
Rick: Lo digo porque es cierto y es cierto también que perteneces a Víctor. Eres parte de su obra, eres su vida. Si ese avión despega y no estás con él, lo lamentarás
Ilsa: No
Rick: Tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana, pero sí más tarde, toda la vida
Ilsa: ¿Nuestro amor no importa?
Rick: Siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca, pero lo recuperamos anoche
Ilsa: Dije que nunca te dejaría
Rick: Y nunca me dejarás… Yo también tengo un trabajo que hacer y no puedes seguirme a donde voy... Tampoco valgo tanto… Los problemas de tres pequeños seres no tienen lugar en este loco mundo. Algún día lo comprenderás. Ve con él, Ilsa

Woody llora en la platea mientras vemos como la pareja se va desdibujando.

Sueños de un Seductor cuenta la historia de Allan Felix (columnista en una revista de cine) que es abandonado por su mujer y de cómo el espectro de Bogart lo aconseja para rehacer su vida.

Nancy (mujer de Allan): me marcho
Allan: ¿Por qué me dices eso?
Nancy: estoy aburrida, quiero viajar, andar en moto, ir de buceo, salir a bailar
Allan: pero si nosotros veíamos muchas películas…

Sólo dos momentos merecen ser contados: inicios y finales.

Empecemos por los finales, rupturas y despedidas. ¿Por qué continuar algo que ya terminó? ¿Cómo no traicionarse? ¿De dónde juntar fuerzas? ¿Cómo ser educado, elegante y al mismo tiempo definitivo y final…cuando no somos ni Boogie ni tenemos a los Warner Brothers atrás...¿Cómo?

Las despedidas dependen de la convicción, el valor y la fortaleza. Importa menos la inteligencia y lo gentil. La cosa va más con las orejeras del caballo que con una noche cálida, las estrellas y el lento acercamiento de los labios. Sólo la cobardía malogra una ruptura… Boogie diría no hay nada que no pueda arreglar un whisky con soda.

Ahora pasemos al principio, a los inicios, a la conquista, a la declaración.

(Allan y su amiga Linda –Diane Keaton- están en la sala de un museo. A lo lejos ven a una mujer joven y muy sensual. Linda lo amina a que se le acerque, que busque tema de conversación…)

Allan: Es un Jackson Pollock muy bueno
Una mujer: Sí que lo es
Allan: ¿Qué te sugiere?
Una mujer: Ratifica la absoluta negatividad del Universo, el odioso vacío solitario de la existencia, la nada. El predicamento del hombre dedicado a vivir una desierta eternidad sin Dios, como una diminuta llamita que relampaguea en un inmenso vacío donde sólo hay desperdicio, horror y degradación, formando una inútil camisa de fuerza que aprisiona un cosmos absurdo…
Allan: ¿Qué hacés el sábado por la noche?
Una mujer: Me voy a suicidar
Allan: ¿Y el viernes por la noche…?

En la conquista la pregunta es hasta cuando insistir. Cuál es el momento que pasamos de tenaces buscadores de lo amado a pesados, ciegos, e indeseados merodeadores de la intimidad del otro.

La conquista tiene que ver con la sensibilidad, sí, con la inteligencia, sí, pero más que nada con el manejo de los tiempos, del ritmo, de lo que se dice y hace y de las ausencias y de los silencios.

El dilema es ¿Hasta cuándo insistir… dónde parar… y llegado el caso, cuándo retirarnos?

(Mientras que Dick, el mejor amigo de Allan y marido de Linda está de viaje, ellos arreglan para comer en la casa de éste.
Linda se acerca con una copa de champan, los dos se sientan en el sofá, uno al lado del otro)

Linda: (naturalmente) ¿Supiste que otra chica más fue violada en Oklahoma?
Allan: (atónito) ¿Saben quien lo hizo?
Linda: No…debe ser muy astuto…
Allan: Sí, debe serlo para violar mujeres y salir libre
Linda: (ligera) Si alguien quisiera violarme fingiría que quiero hacerlo pero tomaría un objeto pesado y lo golpearía… luego de que hubiera terminado…
Allan: (didáctico) Dicen que es el deseo secreto de toda mujer
Linda: (cómplice) Depende de quién te viole… la bebida me va directo a la cabeza, estoy flotando…
Allan: (nervioso) No hablemos de temas morbosos, a ti nunca te violaría nadie
Linda: (no muy convencida) No… con mi suerte, no…no soy muy sexy.
Allan: Eres muy linda
Linda: Cuando salgo contigo y veo tantas mujeres lindas siento como si la vida se me estuviera yendo
Allan: (tenso) Esas chicas nunca serán como tú… de verdad… eres una muy linda persona
Linda: No sé qué decir…
Allan: (más tenso) En serio eres excepcionalmente bella, inusualmente bella
Linda: (melancólica) Ya basta… hace tanto tiempo que no me decían eso…
Allan: (sincero) La paso bien cuando salimos
Linda: (sincera) Yo también
Allan: (ansioso) Tienes los ojos más lindos que haya visto
Linda: Tus manos están temblando
Allan: (más ansioso aún) Es porque estás cerca… he conocido muchas mujeres, pero vos sos algo realmente especial
Allan: ¿En serio?
Linda: (algo esquiva) Creo que iré a preparar la comida
Allan: Linda (la besa, intenta besarla) creo que estoy enamorado de tí

Allan Busca abrazarla, tiran al piso una lámpara

Linda: No lo hagas

Linda se levanta, esta contrariada, confundida, va hacia la puerta, rápido

Allan: (tratando de recomponer) Lo creíste… era una broma, técnicamente no era un beso… era un beso platónico
Linda: (dudando) Mejor me voy

Linda va a la puerta de calle, sale y la cierra a su paso

Allan: No me malinterpretes…
Allan: (muy acelerado) La atacaste… sos una bestia de la jungla ¿Qué le dirás a Dick? (teme que llegue la policía, se imagina trabajando como eunuco de palacio…)

En eso golpean a la puerta, Allan abre, entra Linda volando

Linda: Allan
Allan: Linda
Linda: ¿Dijiste que me amabas?

Se abrazan, se besan, mucho, el director intercala a Ingrid Bergman y Humphrey Bogart también besándose.

Es mi versión de la escena, quité las intervenciones de Boogie acompañando cada movimiento de Allan, quizá lo mejor, seguramente estoy cambiando los deseos de Woody, pero lo hago buscando concisión, tratando de cerrar mi punto… lo hago deliberadamente.

En la conquista ¿Cuánto insistir, cuándo detenerse? ¿Ir a fondo o paso a paso? ¿Se puede manejar el ritmo, o el inconsciente nos maneja (¿Supiste que otra chica más fue violada en Oklahoma?)?¿Cómo juega la ansiedad? ¿Es preferible estrellarse mil veces o entrar al cine sola, con dos entradas, otra vez?

Linda y Allan pasan una buena noche juntos. Luego se arrepienten, o no, mejor dicho, evitan ir más allá, o no están muy seguros de qué hacer, o no tienen fuerzas para hacerlo... y en esa encrucijada, de algún modo, Allan tendrá el beneficio secundario de una despedida como eco de la de Rick e Ilsa.

Los ejemplos sobran, aquí no importa el género, tanto hombres como mujeres, insisten en la conquista o inician el largo adiós.

Hoy escribí mucho, lo sé, sólo permítanme una cita más, creo que vale la pena.

La película nace de una apuesta, Howard Hawks le dice a Ernest Hemingway que filmará algo grande con su peor novela y nos entrega Tener y no Tener (1944).

En Tener y no Tener, debuta con diecinueve años Lauren Bacall, Humphrey Bogart de treinta y ocho cae fulminado a sus pies y se nota en cada fotograma.

La escena es legendaria, recae en Laureen y mezcla al mismo tiempo conquista y despedida.

Habitación en penumbras. Marie se sienta sobre la falda de Steve y lo besa, decidida. El parece inmutable.

Steve: ¿Por qué has hecho eso?
Marie: Me preguntaba si me gustaría
Steve: ¿Y cuál es el veredicto?
Marie: Aún no lo sé.

Lo vuelve a besar, Steve ahora se entrega

Marie: Es aún mejor cuando colaboras

Marie se para, entiende que es el momento de irse.

Marie: (con una mano sobre el marco de la puerta) Sabes que conmigo no tienes que actuar, Steve…No tienes que decir nada, ni tienes que hacer nada.
Nada en absoluto. O…tal vez, sólo silbar
Sabes silbar ¿Verdad Steve?
Sólo tienes que junta los labios y… soplar

Marie sale y Steve queda solo, mira el cigarrillo que tiene en la mano, silba bajito y se sonríe.

En la vida real Boogie y Laureen se casarán pronto y él le regalará un silbato de oro.

Siempre envidié a las mujeres bien guionadas.

Alicia Lis, lunes 4 de junio, con el rímel corrido de tanto llorar (lo juro)

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