I have a dream
J.F.K.
Un hombre sueña que atraviesa el paraíso y corta una flor
única y bella. Al despertar, la encuentra marchita, en su mano.
El texto es de Borges y tiene ecos de La máquina del
Tiempo de Welles. Cada vez que lo leí, no fuí más allá del encantamiento que genera el cuento fantástico. La poesía del milagro, del misterio. Pobre, lo mío.
Ahora la que sueña soy yo, Alicia Alejandra (¿A quien se
le ocurre..? A mi mamá, por la novela de Sábato) Lis.
“Patio cuadrado de una villa del renacimiento rodeado de
amplias galerías por sus cuatro lados.
Arboles centenarios, colores ocre, amarillo y verde, un
otoño suave. Paredes en mil tomos de siena marcadas por los años. Una fuente de
piedra, peces entre los flores acuáticas. Un huerto, un reloj de sol, sol de
mediodía.El padre y la madre de mi primer novio, hace siglo que no los veo, pero la imaginación lleva adelante el trabajo del tiempo y los presenta reconocibles pero en sus setenta. Lucen como si hicieran alguna labor en el jardín. También esta él, sereno, con la edad que tendría hoy, pleno.”
Me despierto. No amaneció aún, me tapo, tengo frío,
rápido concilio el sueño.
“Sigo siendo sólo una observadora. Sé que estoy dentro de
la misma propiedad pero ahora en esas casas de campo francesas, de dos pisos,
donde abajo duermen los animales y en el primer piso sus dueños."
Mis hijos y yo vamos habitar esa casa. En el sueño parece
todo muy romántico. En el sueño, claro.”
Releo lo que les cuento y es nada. Cáscaras de nuez que
la escoba se lleva. Un retrato fuera de foco, una bolsa sin gracia que el
viento empuja. Empecé a escribir cruzada por las sensaciones que esas
arquitecturas me habían traído, sosiego, dicha, ternura, calidez, algo de
optimismo. Pero por más que me esfuerzo, nada de eso aparece. Palabras opacas,
prosa muerta.
Un hombre sueña que atraviesa el paraíso y corta una flor
única y bella. Al despertar, la encuentra marchita, en su mano.
Borges con el pretexto de lo fantástico nos habla de la
sustancia de los sueños,especies exóticas mientras dormimos, cadáveres al
despertar.
Contar un sueño al levantarnos, es poco menos que hacer
su autopsia.
Los sueños son la manifestación enmascarada de deseos
infantiles reprimidos, arriesga Freud buscando la seguridad que lo justifique.
Para mí, los sueños sólo son perversos que nos causan
dolor sin ningún tipo de piedad. Si enmascaran algo, lo hacen para justificarse
de modo mínimo, sabiendo que siempre descubriremos quién está debajo.
Nos ubican por segundos en el mundo deseado, para
quitarnóslo con el despertar. Nos entusiasman con lo poco probable. Nos dan y
nos quitan, nos ilusionan y al entreabrir los ojos nos arrojan a la realidad.
Meten el dedo en la herida y son tan perfectos en la ejecución que parecen
regodearse en ello.
Pero quizá no. Quizá los sueños sean el último refugio,
el último lugar donde ser nosotros con una máscara mínima. No hay nosotros sin
máscara.
Hay sueños que se repiten, personajes y situaciones que
persisten el tiempo, los cambios y los humores. Hogares de los que no queremos
partir, a los que deseamos volver cuando termina nuestro día.
¿Alguién soñará conmigo? ¿Cómo, quién, cuánto, dónde?
Tal vez sólo el cuánto importe.
Bagdad, la ciudad de las Mil y una Noches, tiene una
leyenda que dice de una princesa:”A pesar de su velo, bastaba la mano para
adivinarle el rostro.”
Siempre fascina más lo ignorado que lo conocido.
¿Cómo, quién, cuánto, dónde?
Tal vez sólo el cuánto importe.
Alicia Lis
Abril, 2014
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