En la estación de Segovia me esperaba el notario don Conrado Cevallos.
No sé qué imagen se harían Ustedes de un escribano con ese nombre, pero el real tiene poco más de treinta años y llevaba en su mano La edad de La Inocencia de Edith Wharton. Toda una sorpresa que me alegró la mañana. No tanto por su porte de surfer –estaba recién llegado de Guanacaste- sino por el libro que leía, el libro de una infidelidad que no fue.
El chico me llevó en una Nissan Xterra al despacho de don Conrado Cevallos padre -el notario que todos nos imaginábamos antes de encontrarnos con el hijo- donde firmé rápidamente los papeles para extender el arrendamiento de una finca y cumplir así con el objetivo del viaje.
Estaba en la ciudad del enorme acueducto romano. Ocho cuadras de longitud y veinticinco mil bloques de granito unidos sin ningún tipo de argamasa. Todas las piedras son bien diferentes entre sí, aunque todas estén cortadas en forma de cuña para ir construyendo el arco. Cuando lo vi por primera vez entendí el significado cabal de piedra angular, la última piedra que ponemos para cerrar el arco y al cerrarlo lo sostiene. Una arquitectura para distribuir el peso hacia abajo y los costados. Una arquitectura para resistir los rigores. Una arquitectura con terapia incorporada.
Segovia es la ciudad donde una niña fue coronada reina y esa reina fue la increíble Isabel de Castilla.
Cruzo un pórtico medieval con ángeles sucios amuchados como palomas, camino por el dédalo de la judería, me encanta la ciudad vieja pero sin embargo nada me distrae de mis recuerdos de La Edad de la Inocencia.
Debo reconocer que leí el libro luego de ver la película de Martin Scorsese.
Historia de un triángulo amoroso imposible, un triángulo de dos lados.
En la New York de fin de 1800, Newland Archer (Daniel Day Lewis) es un caballero que está comprometido con May Welland (Winona Ryder). Todo cambia cuando él conoce a la prima de ésta, la condesa de Olenska (Michelle Pfeiffer) que acaba de abandonar en Europa a su infiel marido.
Los amantes mantienen una relación intensa pero platónica por meses. Repentinamente Olenska le anuncia a su amante que volverá a Europa para establecerse sola. Newland planea romper con todos los esquemas sociales y abandonar a su mujer para seguir a Olenska pero May le informa que está embarazada. Newland renuncia a seguirla y ella parte sola. Nosotros nos enteramos, pero Newland no, que Olenska sabía por May de la llegada del bebé.
La historia continúa veintiséis años después y cuenta cómo se desarrolla el matrimonio de Newland y May, sin amor pero cumpliendo con todos los deberes que la sociedad les impone. May muere. Tras enviudar Newland viaja a París. Ya en la ciudad vacila, duda de rencontrarse con su amante, le pide al hijo que entre solo a la casa de Olenska. Taciturno, recuerda los momentos pasados con esa mujer. Las imágenes lo atrapan, no precisa volver a ver a su antiguo amor. No me quedaré mucho tiempo, dice Newland, apretando los labios con esfuerzo.
Scorsese declara “Los temas de La Edad de la Inocencia son los que me atraen desde hace veinte años. La culpabilidad. El deseo. No poderlo cumplir. Estar obsesionado por alguien. No poder satisfacer esa obsesión”.
Me casé y viví amando a Patricio mi marido, pero siempre, en secreto, me pregunté qué hubiera pasado de haberme enamorado locamente de otro, las respuestas me las daba más la tradición religiosa que mi propio corazón (suena cursi, sí…bueno, entiéndame, estamos dentro del mundo de la novela romántica del siglo XIX).
Llego al Alcázar (en árabe casa del rey) tiene forma de barco, lo rodea un acantilado profundo, roca dura y negra como el acero. El castillo fue construido, reconstruido, incendiado y vuelto a levantar. Sin embargo hay elementos, dinteles, una columna, el arco de una ventana, que permanecen iguales a como los conoció Isabel cuando esperó escondida aquí que la coronaran.
En un balcón, una cruz sobre el piso de piedra. De allí se le cayó al vacío el hijo de un rey a su ama. La mujer no lo dudó, ella también se arrojó a la muerte.
Vuelvo sobre mis palabras (recuerden, en este blog no corregimos ni una sola línea) No es la religión, no, nuestros hijos son la piedra angular, ellos nos sostienen y hacen resistentes.
Martin Scorsese venía de filmar El Toro Salvaje cuando rodó La edad de la Inocencia, en ese entonces decía “Estar obsesionado por alguien y no poder satisfacer esa obsesión, la convierte en peligrosa. Es la obsesión de Travis Bickle en Taxi Driver, obsesión que termina explotando y destruyendo todo en un baño de sangre. Aquí la destrucción se hace más educada, más elegante. Tampoco es total. Hay mucha sangre derramada, pero se trata de otra sangre, la sangre de las emociones. La Edad de la Inocencia puede que sea el más violento de mis films”.
La sangre de las emociones.
Llueve ligero, a paso rápido doy con el hostal donde vivió Antonio Machado. Miro a través de una reja y espero que el santo me toque con su genio
“Alma quiero anotar en mi cartera,
La gracia de tu rama verdecida”
Fin del viaje.
Alicia Lis, Segovia, 16 de Noviembre, 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
57. La Edad de la Inocencia
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