Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



lunes, 9 de mayo de 2011

61. Gris de Ausencia (Clark Gable y Machado)

Gran Buenos Aires, medio nublado, ruta 197 y camiones desvencijados. Paro en un semáforo, esquina desangelada. Brisas de Abril -negocio de ropa de mujeres- dos, tres perros, flacos y de pelo duro juegan a morderse. Zapatillas cuelgan del cablerío que cruza el cielo y una pintada exalta al cheguevara. Todo es gris. Gris de Ausencia. Charcos mezcla de agua, aceites y basura. Prefería visitar a Guillermo en Belgrano R. acelero y dejo atrás una pareja de gordos-flacos en ropa deportiva, besándose como si fuera el fin del mundo. Quizá la esquina de Brisas de Abril lo sea.

De pronto, sin aviso previo, el motor del auto para, se silencia y no hay modo de hacerlo arrancar. Mientras paciente (una vez más) espero el auxilio, escribo estas líneas, solo, en estos andurriales.

Desconocía las actividades del Círculo Dior y de la filo-sophia de Alicia. La indagación por el Yo (¿Existe algo que permanece por debajo del cambio, o el Yo es una ilusión y no somos más que devenir?) es lo que Julia Zorrilla diagnostica como Angustia de Marcelo Tinelli. Es decir, cavilaciones de quienes no tienen nada central por qué preocuparse.

En muchos casos, la reflexión sobre el Yo, no expresa más que cierta nostalgia por algún aspecto del pasado. Nostalgia que no significa un rechazo completo del presente.

Guillermo nos cuenta que John Dillinger asiste a una proyección de Manhattan Melodrama, justo antes de ser asesinando por el FBI. Nada dice sobre el guión de esa película que cuadra perfecto con la línea de argumentación de su entrada, la cadena de decisiones que nos alejan de aquellos que algua vez habíamos amado tanto. El se lo perdió.

“Dos huérfanos se convierten en hermanos al ser adoptados por el mismo hombre. Construyen una gran amistad, sin embargo la vida los lleva por caminos distintos, mientras el primero (William Powell) llega a ser abogado y trabaja para la fiscalía, el segundo (Clark Gable) deviene en gánster. Todo se complica cuando uno ha de procesar al otro por asesinato y cuando ambos se enamoran de la misma mujer (Myrna Loy).

Historias de hermanos, como el doble de la literatura fantástica alemana, operan como metáfora de un Yo ilusorio. Volvamos entonces un par de semanas atrás, volvamos a los Machado.

Antonio fue el segundo de cinco hermanos. En la década del veinte viaja a París donde vive Manuel, el mayor. Congenian. Practican el difícil arte de escribir en colaboración, estrenan teatro en Madrid y alcanzan juntos algún éxito.

Antonio fuma dejando caer la ceniza sobre sí, los alumnos le apodan don Antonio Manchado. Manuel es un caballero sevillano, un hombre sin nostalgia que vive el presente, ama la conquista y pasarla bien. Antonio, tímido y segundón es la melancolía ardiente. Manuel, en cambio, marcha alegre y despreocupado, escribe “nada de amor, sólo besos y abrazos, mi voluntad ha muerto”.

Estalla la guerra civil. Los caminos de los poetas se bifurcan, Antonio apoya a la República y Manuel al franquismo. No volverán a verse.

Antonio quiere ser héroe. Se obsesiona con la palabra capitán, capitán sin fuerzas para sostener la espada. Lucha como puede, con sus textos defiende la libertad, la decencia humana. Vive escapando. Sufre al saber que su hermano recita en la radio versos dedicados a la sonrisa de Franco. Manuel escribe sonetos ruines, nefastos, ilegibles, malísimos.

Los Republicanos están siendo derrotados, Antonio cruza la frontera bajo la lluvia. Dolor, exilio, su madre muriendo y el cansancio de tres años en los que no paró de escribir. Fuma y toma café sin parar, le duele el corazón y el asma ahoga. Un mes en el destierro y la vida se le termina. En la partida de defunción no consta ninguna causa de muerte.

En España el régimen obsequia a Manuel con una silla en la Real Academia de la Lengua.

Los Machado, hermanos que de niños juegan sobre sus camas, cada noche a ser piratas y los dos eligen el mismo nombre y el mismo barco. Que jóvenes, en vez de diferenciarse, recorren el camino inverso y la frase que inicia uno la termina el otro, escribiendo a dos manos piezas teatrales que son de los dos y de ninguno. Esos Machados terminando siendo muy otros, negándose, para siempre.

En la vida de los hermanos, hermanos unidos por educación y genética, nos resulta más fácil, nos permitimos ver, lo ilusorio de un yo que permanece fiel a sí mismo. La historia de mi hermano es un un espejo que refleja de manera invertida el fantasma de creernos (de querernos) el mismo, siempre.

Waldo Williams, El Fin del Mundo, Mayo del 2011

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