Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



martes, 16 de agosto de 2011

75. Cada día más cápsula

¿A quién le escribo? Porque la pregunta no es ¿Para qué escribo? No, no… es ¿A quién le escribo? Y cuando me viene un primer nombre a la lengua, ese que tengo en el balcón de mi cabeza ¿Puedo asegurar que es a ése a quien, realmente, le estoy escribiendo?

¿Me escribo de lo que no sé para aprender algo, te escribo de lo que no sé para tenerte junto a mí un rato? ¿Estás un rato? ¿Estás?

Estar es ser en un lugar. Si me lees ¿Desde qué lugar lo haces? Aún convencido que te mueve el deseo, puede ser sólo rutina. Lo contrario también es cierto.

El kitsch (kitsch no es emocionarse al ver cómo juegan dos pequeños hermanos; kitsch es emocionarse de que ambos nos emocionemos al ver cómo juegan esos chicos) retomo, se me viene el kitsch de las botellas lanzadas al mar y de los abandonados como muelles en el alba y me digo ¿No será hora de intercambiar en Facebook fotos de sobrinos con mis compañeros de la primaria y recordar los apodos que nos poníamos en el secundario? Y si el placer está en el escribir ¿No será entonces, hora de dedicar rimas pareadas a cada uno de mis contactos del adress-book?

Pinta tu aldea y serás universal podía ser cierto para Tolstoi, a mí no me funciona, ese programa de trabajo me vuelve cada día más provinciano de mí, me vuelve cada día más cápsula. Me acuerdo de Silveyra cuando decía cuanto más soy yo, menos le llego al otro.

Guillermo traza un curioso paralelismo entre modistas y cineastas; Alicia se las ingenia para no dejar de hablar de amores irrecuperables, yo confundo este blog con el diario íntimo de un adolescente pre-digital y luego dedico las próximas tres líneas a festejar que mi amiga prefiere el cabernet al omnipresente malbec (me pregunto, en Milán, por el único motivo de ser un embutido qué se les da bien ¿No comerán otra cosa que salame? Y en la bahía de Botnia ¿Sólo caviar?). ¿Tenemos un futuro? ¿Existe el futuro? Existe tecnópolis.

Dedicamos centenas de caracteres a contar las vidas paralelas de los Machado, a describir el museo Naval de Amsterdam y a cavilar sobre la unidad del yo. Quizá nuestro lector hubiera preferido una afirmación categórica, clara y distinta, de tres términos; o nuestro parecer sobre la realidad, sobre Macri, La Copa América, Cristina, Zafaroni, La onda polar, Silvina Luna, La feria del libro, Clarín, Shocklender, Noble, Strauss Khan, La rural, Ledesma, los desposeídos del mundo, la decadencia del imperio americano, el retorno de Sábado Bus y más. La realidad ¿Es real la realidad?

¿Es real nuestro lector? ¿O sólo existe como una construcción de nuestra imaginación? ¿Somos el idiota del pueblo, hablando a agritos en una esquina a la multitud que nunca estuvo? A veces la idiotez nos sienta bien. A veces somos felices en nuestra esquina. A veces, los días de sol.

Alicia nos cuenta de un atardecer en París donde rescata los versos de Idea Vilariño. Curioso. En esa entrada no deja de hablar de costura y la única línea que omite es la que cita justamente eso, algo poco frecuente en la poética del amor

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche


No es descuido, no es casual, Alicia haría cualquier cosa menos coserle la ropa a otro. Alicia se apropia de lo que necesita, el resto lo ignora, ella nunca deja el control, ni cuando se deja volar pierde de vista los detalles.

Escribir es siempre una apropiación. Todo padre ha visto como los hijos se han apropiado primero de sus ritmos y énfasis, luego de palabras y giros. Con el tiempo fueron por estructuras y sentencias, finalmente le tomaron completo el modo de percibir (e influenciar) la realidad. La realidad como un conjunto de palabras.

Conocemos lo que podemos nombrar, nombramos con palabras de otro. Siempre.

Idea Vilariño nombra el amor con palabras de otro.

Los Poemas de Amor de Idea Vilariño tienen nombre y apellido: Juan Carlos Onetti. La historia de ese libro, la pasión que lo gestó, se remonta a Montevideo a comienzo de los años cincuenta.

Ella hierática. El, maldito. El encuentro debió ser en un café del puerto cuando el escritor publicaba La vida Breve. Idea era una joven delgada, seria y silenciosa, intensamente seductora. Antes de saberlo, se habían enamorado.

Fueron amantes marcados por explosivas rupturas y reconciliaciones, aunque tuvieron momentos buenos, en que todo funcionaba. Pero no duraban. En uno de esos momentos él le dice que se va a Buenos Aires. "¿Por qué?" pregunta ella, "¿Por qué te vas?" "Porque tengo que casarme", responde. "Tengo que casarme. Tengo". Para él era algo banal. Tenía que casarse la semana siguiente y nada más. Se trataba de algo irrelevante. Éramos unos monstruos, recordaría Idea.

“Nosotros nos contábamos todo, hablábamos de todo lo que nos pasaba, de lo que pensábamos y sentíamos con total libertad. Sin miramientos ni escrúpulos. Eso era algo que hacíamos bien, pero compartir la vida... Habría sido muy difícil. Yo no debí haberme enamorado nunca de Onetti”.

"Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui".

Burro, bestia, perro, a Onetti están dedicados todos y cada uno de los poemas de amor que escribió Idea Vilariño.

Versos tristes, tristísimos, imposibles de encontrar hoy en Buenos Aires. Versos que hablan de una mujer preocupada y de la tristeza de levantase de moche, amando aún, sola en la penumbra leve sin dejar de pensar, una vez más, en ese amor. Y del cansancio y del cansancio de todo eso.

Dicen que a Onetti le gustaba el tango Amurado. Sí, es cierto, pero el que más le gustaba era Tus besos fueron míos:

Pasaste por mi lado con fría indiferencia
tus ojos ni siquiera se detienen sobre mí.
y sin embargo tienen sumida mi existencia
y tuyas son las horas mejores que viví".


Ese tango le encantaba.

Waldo Williams, Montevideo, 16 de agosto 2011

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