Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



lunes, 12 de septiembre de 2011

79. No la quiero preocupar, le digo que me duele la panza

El frío me tiene harta. Desde el living veo el pasto del jardín quemado por las heladas, parece que viviera en puerto Madryn. La caldera está prendida al máximo. Juan (Llach) dice que pagamos el gas diez veces menos que nuestros vecinos… tengo que aprovechar entonces, este invierno.

Leo la última entrada de Guillermo. Veníamos con textos bobitos, Twitter, Internet and so… y de pronto nuestro director de compañía multinacional se despacha con el cuento de cinco muertes de personas queridas.

Yo tenía tres años y estaba llorando debajo de una cama. Feliciana, nuestra empleada, me encuentra y me alza haciéndome un mimo. Le miento, no la quiero preocupar, le digo que me duele la panza. Lloro, por que sé, porque tengo la certeza que todos vamos a morir, Feliciana, yo, papá, mamá, todos. Quizá la idea me vino, de puro observadora que siempre fui. Sentada en el mostrador de la farmacia, veía como la gente llegaba esperanzada a comprar su cajita (de remedios) una y otra vez, hasta que un día no volvía más.

Steve manzanita Jobs dice que la muerte es un poderoso agente de cambio. En teoría puede ser correcto, ante la finitud evidente buscamos aprovechar al máximo nuestro días. Pero yo creo que eso es falso, quizá no para él… pero sí para el resto, para los que la rechazamos con todas nuestras fuerzas y tratamos rápidamente de distraernos de ella y sus efectos. A la mayoría silenciosa le aplica más la oscura frase del señor Grondona, Todo pasa. Si yo estuviera equivocada estaríamos rodeados de vidas plenas y las agendas de los analistas mostrarían largos bloques en blanco. La realidad apoya a esta modesta ama de casa, frente a su fogón moderno.

Guillermo empieza hablando de la muerte de Borges. Muchas veces le escuché de su desazón, al saber que ese cerebro se desvanecía. Siempre dice que lo desilusionan las entrevistas a los escritores, que nunca están a las alturas de sus textos. Claro, las compara con las últimas de Borges, donde lo oral se había convertido, casi, en el género literario.

Para alguien que le costaba tanto ponerse a escribir, la oralidad era su Meca. Guillermo hizo de ese cerebro un fetiche. Práctica más común de lo que parece; aunque claro, no compite con el corazón, el órgano más versificado.

Rusia tiene una colección que se llama El Panteón de los Cerebros, que incluye el de Pavlov (el de los reflejos condicionados) y el de Lenin (Oh paradoja! También interesado por condicionar los reflejos).

Tengo a mi lado un cuaderno de la época del círculo DIOR (Disfrutando la Ontología Razonada) de cuando nos juntábamos a conversar para entendernos mejor, en el Havanna café de Martínez.

Leo. El 18 de abril de 1955 el patólogo Thomas Harvey, encargado de la autopsia de Albert Einstein, tomó una sierra circular, extrajo el cerebro del genio y se lo llevó a su casa. El cuerpo fue cremado en menos de veinticuatro horas.

El Dr. Harvey es despedido del hospital de Princeton por negarse a entregar el cerebro de Einstein a su hijo Hans.

Tiempo después, corta el cerebro del científico en 240 bloques de 1 cm3 cada uno y los envuelve en una sustancia similar a la resina. Harvey ha removido también los ojos de Einstein y los regala al oftalmólogo privado de aquél, doctor Henry Adams.

En 1978 el cerebro del científico fue descubierto por el periodista Steven Levy entre las posesiones del Dr. Harvey, quien había mantenido el órgano en un cajón de cedro por 20 años.

El cerebro, luego de un largo viaje a través de cinco mil kilómetros en el baúl de un auto, es donado al departamento de patología de la Universidad de Princeton y se cierra el círculo.

Harvey, patólogo de una pequeña ciudad, realizó la autopsia de Einstein casi por error. Quizá pensó que su misión era proteger el cerebro como mejor pudiera, hasta que la humanidad encontrara la llave para acceder al genio.

Su carrera se vino abajo. Tuvo varios matrimonios fracasados, pierde el trabajo y finalmente la licencia como médico. Quizás él percibió que su propia inmortalidad estaba unida al cerebro de Einstein y por eso se aferró con fuerza a él.

Al lado de la fotocopia, estaba escrito, con lápiz HB y mi letra, la cabeza nos pesa demasiado.
Y no lo decía por sus ocho kilogramos, lo decía por lo que nos pesa a nosotros, los educados en la importancia de ser perfectos. Perfectos como los números, o como dice José mi lector abogado, como las paredes carcelarias.

En su entrada Guille se olvida rápido de Borges y enseguida conecta con el corazón. Guille es un intelectual Mickey-Mouse. Gracias a Dios.

Alicia Lis, Buenos Aires, 12 de Septiembre, 2011

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