El cerebro es mi segundo órgano predilecto
Woody Allen
Y te aclaro, Alice, por las dudas, que el corazón no es el primero.
La película JFK de Oliver Stone, gatilló en 1992 la creación del Assassinations Records Review Board, entidad independiente con la misión de recopilar y proteger datos sobre la muerte de Kennedy, no para identificar sus asesinos. El Board cesó sus actividades en 1998 con un informe de 32 carillas. Como todo informe oficial, arroja más sombras que luces.
Veamos que dice acerca del segundo órgano predilecto (estoy seguro) de Kennedy.
En la autopsia del presidente hubo dos cerebros: el primero y auténtico, hecho jirones por el impacto de una bala con entrada frontal. El atentado quedó grabado en la memoria colectiva gracias a la película de 8 milímetros de Abraham Zapruder, en la que se ve cómo el cerebro de Kennedy se derrama hacia atrás en el momento del impacto de la bala. En el hospital de Dallas lo sacaron del cráneo, lo pusieron en una jarra blanca y faltaba más de la mitad.
El segundo, fotografiado en Washington después que el cadáver fuera trasladado allí en avión, apenas dañado, presentaba una herida de bala por detrás. Este es el que ha quedado registrado en la historia oficial a través del informe de la Comisión Warren. Es la prueba de que Kennedy sólo pudo haber sido asesinado por Lee Harvey Oswald, disparándole por la espalda desde lo alto de un depósito de libros.
Francis O´Neill, un agente del FBI que presenció ambas autopsias, testificó en los años noventa que en el cadáver "no quedaba mucho del cerebro" mientras que en la fotografía que guardan los Archivos Nacionales, el encéfalo aparece completo.
John Stringer, fotógrafo que retrató la autopsia afirma que las fotos que él disparó no son las que constan en el registro oficial.
Jeremy Gunn, ex director ejecutivo del Board dice que muy posiblemente los forenses revisaron dos cerebros diferentes.
Entonces, digo, alguien se quedó con la mitad que pusieron en la jarra blanca, con la mitad que no servía para incriminar a Oswald. Alguien tiene en una caja de cedro el cerebro de Kennedy.
Yo no creo, que aun habiendo sido descabelladamente riesgoso guardarlo, el encargado de deshacerse del verdadero medio cerebro de Kennedy haya llevado adelante su misión hasta el final.
Fue el caso inverso al de Tritón, leñador obligado a dar muerte a Blancanieves (de cortarle la cabeza) que cuando esgrimir el hacha quiso contra la inocente, sintió que sus fuerzas lo abandonaban. Por el contrario, el oficial americano justo antes de arrojar kilo y medio de neuronas en algún recodo del Potomac, se cargó de valor y volvió sobre sus pasos.
No era un agente de inteligencia, no, era un médico militar de Colorado, hijo de mormones, parecido a Donald Sutherland de joven. Siempre había votado por los Republicanos, pero la última vez, contrariando a sus padres lo había hecho por un católico, por Kennedy. De algún modo se las ingenió para atravesar Nuevo México y disimulando, luego, la frontera. Llegó, como no podía ser de otra manera a Suramérica, a Buenos Aires. Primero vivió en un hotel de Constitución, luego se perdió en la Chubut Galesa, donde pasaba bien desapercibido. Fue arriero, mayordomo de estancia y cuando abuelo abrió una casa de té. Jamás volvió a practicar la medicina, veía sangre y caía desmayado. En la oficina donde hacía las cuentas y atendía a proveedores, en un estante lateral, junto a La Filosofía del Diablo de Ambose Bierce, una jarra con una especie de pechuga de pollo gris. Nunca nadie preguntó nada. Desapareció con su muerte, algunos dicen que sus hijos enterraron la jarra junto al padre. Que en paz descansen.
* * *
Viene a mi memoria una tarde de Acción Católica, el padre Marqué (León Dionisio Marqué) nos dice que en los Testamentos los órganos más citados son primero el corazón y luego los riñones y las entrañas. Del cerebro nada, aunque desde siempre estuvo muy cerca de ojos, boca y orejas.
¿Somos ingenuos o lo fueron nuestros mayores?
Desde hace un tiempo, en los papeles, la cabeza es todo. Pero ¿Si le cortan el cuerpo, qué queda? Ecos de oscuridades y resplandores quisiera. Oscuridad, nada más que oscuridad y mis deseos, mis deseos sólo.
Waldo Williams, 12 de Septiembre del 2011, Federico Lacroze y Corrientes
martes, 20 de septiembre de 2011
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