Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



lunes, 19 de marzo de 2012

113. Yes y no cancel

Escribí en cuadernos con letra diminuta (evito, deliberadamente, la palabra chiquita). También en el dorso de resmas de papel carta impreso y descartado por otros; en reversos de formularios de pedidos en tickets de almacenes y también en boletos de colectivo. Mucho collage… mis originales lucen más obra gráfica que literaria. Lo hice con máquina de escribir y a mano y a veces dictando. Con Parker, 303, Cross, Silvapen, Bic y lápiz HB. En PC y luego en notebook. Rara vez perdí algo. Desde hace seis meses en un Ipad que me pasó Alicia.

Escribo por qué se me da la gana y por pedidos. Los primeros que recuerdo son las composiciones Mis Vacaciones (perdón por la fea rima) donde tenía que inventar los paseos de no menos de siete amigos. Marcelo Llanas era el único que me dejaba que lo vacacionara en el vientre de una ballena o en una luna de Júpiter. Gracias, Marcelo.

* * *

Había terminado Sólo para agradar, mi entrada anterior. La había leído dos veces en voz alta y estaba contento con el resultado. Por la noche decidí actualizar los programas de la tablet y en algún momento ante esas temibles preguntas del tipo ¿Está seguro que quiere hacer esto y no aquello? debo haber clickeado yes y no cancel y las dos carillas –Time New Roman, 12- de Sólo para agradar desaparecieron en la nube, para siempre.

No maldije a la tecnología, no, me enojé conmigo y despreciándome di por terminado el día.

* * *

¿Alguna vez les pasó de intentar reescribir algo perdido?

La sensación es bastante parecida a la de recordar un sueño… tenemos las imágenes muy claras en la cabeza, pero cuando queremos ponerlas en palabras, todo se desmorona y nos quedamos con poco y nada.

O es como querer armar un rompecabezas y al encontrar dos piezas que debieran coincidir, al acercarlas, nos damos cuenta que mínimas diferencias no lo permiten.

Cuando volvemos, de grandes, a un lugar que disfrutamos de chico, ese palacio –a nuestros ojos de hoy- luce pequeño, oscuro, convencional, ajado. Intentar reescribir, produce en mí el mismo efecto.

Todo eso me pasó y más.

(… Las tres comparaciones que parecieron inspiradas cuando se me ocurrían mientras manejaba en la ruta 202, luego de tipearlas lucen vulgares… Pero de alguna manera necesito expresar mi frustración al reescribir lo perdido, y no encontrando un modo mejor, las dejo así como las ves y me apuro a pasar al siguiente párrafo…)

Empecé la reconstrucción por el título, que recordaba era un fragmento de la línea final…“Me pregunto con vergüenza, si tanto dolor ha sido sólo para agradar”.

Yo jugaba con la idea de Sólo para agradar / Sólo para tus ojos (Quety), aunque en todo momento descarté que alguien, leyendo a la carrera pudiera hacer esa asociación… al fin y al cabo no era más que un… Sólo para mis ojos.

Cualquier psicoanalista podría señalar ¿“Quety sólo para sus ojos”? Pero aquí estamos haciendo análisis literario y no terapéutico. Sigamos.

Es cierto lo del profesor de inglés y su afición por el box y las herramientas, pero mis conversaciones con él tuvieron lugar mucho tiempo atrás. No recuerdo bien si el padre había matado a una boa o si éste había sido muerto por un cocodrilo. Las dos eran buenas historias, pero preferí la primera porque de algún modo preanunciaba, introducía la siguiente y ayudaba a construir el personaje.

Erré al situar la acción en La Molinera, hace años que no voy, luego de publicada la entrada, caí en cuenta que ya no era un café de mala muerte, había mutado a bar gay de la Avenida Santa Fé.

La charla con Quety fue tal como la describo, salvo que en un momento confesaría que no le gusta cuando Alicia habla de ropa y de marcas. Como no era tema mío, pasé por alto el comentario.

Sin embargo -y en plan de agradarle- evité decir que su vestido lucía muy Versace y escribí que era como una nube que en cualquier momento puede llevarse el viento, sólo para que el lector supiera que era sexy. En la misma línea le cambié el color y dije que era verde manzana y no coral. La palabra coral no me gusta como suena y la manzana ayudaba contribuía a la idea de sensualidad, evite que fuera colorada para no ser demasiado obvio.

La segunda historia de mi profesor era la que me permitiría escribir con el estilo despojado que buscaba. Yo recordaba que Jan me había contado que su padre era autor de un hecho siniestro ¿Era sólo la muerte de la famosa víbora y yo estaba duplicando en mi cabeza ese recuerdo horrible? Negativo… era peor aún… estoy convencido o creo estarlo que era la muerte de una persona cercana –querida- y los motivos no eran los habituales, dinero o amor ¿Había sido con su hacha, a golpes? no, no… la violencia no era tan explosiva. En ese cavilar me venía una y otra vez la imagen de la madre muerta por el hijo, tratando de salvar al grupo… pero algo en mí me decía, que esa era una escena de alguna película ¿Bastardos sin Gloría, de Tarantino? me parece que no, pero por las dudas evité revisarla. Cuánto más trataba de invalidar ese recuerdo confuso, más fuerte se hacía. Al final me dejé llevar y lo escribí tal como la memoria me lo dictaba. Ciertamente que los detalles fueron recreados y que de haber pasado hubiera tenido más sentido histórico ubicar los hechos en Polonia y no en Checoslovaquia, pero Praga tiene mejor eco que Varsovia. Aunque igual de reales, la segunda suena a país ficticio, de serie de espías de los años setenta.

Yo comparaba –trataba de comparar- la secuencia narrativa que Ustedes han leído con la perdida. No sé explicarme… Veamos si éste símil ayuda: a una divinura de Hollywood se le practica una cirugía plástica exitosa. Algunas cosas se ven mejor, otras han empeorado, pero en conjunto –aún con sus achaques- seguimos prefiriendo la cara anterior. Sí, más o menos ese era mi sentimiento al comparar.

Antes de escribir las líneas finales hice una pausa, hojeando un libro de Paul Auster. El libro presenta el guión de la película Smoke in the Face y el cuento de no más de cinco carillas que le dio origen.

Auster nos dice allí que un editor del New York Times le pide un cuento de navidad, él en principio no quiere comprometerse, le cuesta pensarse escribiendo una moraleja de tono edificante. Pero aparece en la trama Auggie, el empleado de la tienda donde compra cigarritos, un fotógrafo aficionado con el que se demora por las tardes y que le dice tener una buena historia, que compartirá con él si lo invita a comer. Así lo hace y la historia que le acerca luce muy Paul Auster y al mismo tiempo cumple con todos los requisitos de un cuento navideño.

Auster comparte con nosotros que “a Auggie una sonrisa malévola se le extendía por la cara…tan misteriosa, tan llena de resplandor que se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle… pero luego comprendí que nunca me lo diría. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad…

…Supongo que estoy en deuda contigo (dice finalmente Auster). No, no simplemente escríbela como yo te la he contado y no me debes nada…”

Peor que peor, ahora no sabía si la estructura de mi relato era propia (hasta donde puede ser propia una estructura de un relato) o de alguna manera la había tomado de El Cuento de Navidad de Auggie Wren, que estoy –casi- seguro no haber leído antes (el libro lo había comprado hace sólo cinco días atrás en una librería de viejo de Corrientes y permanecía intocado).

La situación no podía ser más mala para mí autoestima.

Mi narración cruda y seca devenía en un cuento fantástico. Quizá por eso escribí –casi al final- la frase La inspiración está ahí, afuera, que tanto le debe a The truth is out of there, de los Archivos Secretos X .

Mal, otra oportunidad desperdiciada. Queriendo acercarme a Hemingway, termino del lado de Marcelino Menéndez y Pelayo (1). Perdón Quety, hice lo posible, me traicionó el mismo inconsciente de siempre.

Waldo Williams, 19 de marzo, 2012

(1) Me incliné por Marcelino que muchos recordaremos del manual de literatura de segundo año, aunque mi primera elección había sido Ana María Barrenechea, autora del fantástico título –y trabajo- “La Expresión de la Irrealidad en a Obra de Borges”Ana no es tan conocida por todos, y a decir verdad, me daba un poco de vergüenza ubicarme a su lado. No somos nada.

2 comentarios:

  1. A los que escribimos de primera, sin pensar demasiado, casi como si habláramos, que se nos pierda algo... a veces es MUY BUENO. Porque la idea madura, reposa, y luego sale mucho mejor que la primera vez... Cuestión de personalidades. José

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  2. José, seguramente sea bueno para todos perder algo. A veces creemos que estamos demasiado lleno de muchas cosas. La redacción

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