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viernes, 7 de septiembre de 2012

136. Sanseacabó


Sin lugar para psicopedagogas, sin lugar para catequistas

Cuando mi hija Emilia tenía seis años, todos nos preocupamos mucho. Escribía perfectamente, pero lo hacía completamente al revés.

Aíbircse etnematcefrep orep, ol aícah etnematelpmoc la sérev… hubiera transcrito al dictado, mi línea anterior.

Al redactar para Lapicerápices, a la mitad del texto ya elegí una frase, o un par de palabras que tomaré para el título. En mi última entrada, Obacaesnas, no fue así. Esa palabra no aparece en el texto. Yo lo terminaba con un… Sus ojos brillan, la niebla está levantando. Sanseacabó. “Sanseacabó” es algo que viene de mi abuela y me pareció apropiado, estando en Israel, reflejarlo sobre la mente espejada de Emilia y titular Obacaesnas.

Israel es el reino del revés. La biblia rescrita por mi hija.

Miro en el Ipad una foto en la que estamos con Emilia. Nos veo a la orilla de un río de aguas verdes, verdes como el sauce criollo, oscuro o claro según refleje o no la luz que se filtra entre la copa de los árboles que en varias filas, se suceden a lo largo de la rivera. El clima es fresco y húmedo, ambas llevamos abrigo. La vegetación, cerrada y añosa, veo ejemplares nuevos y otros tumbados por el tiempo y raíces enormes surgiendo del agua y lianas y más allá pastizales y juncos, como en un delta, y el cantar de los pájaros como en El Tigre. Estamos en el río Jordán, en el lugar donde Jesús fue bautizado, pero nuestro recuerdo es otro. Es el de Juan el bautista cruzando el desierto, entrando a un río pedregoso y bajo un sol sin misericordia, sumergiendo a Jesús en aguas cristalinas. Creemos recordar un horizonte dorado, vasto, mineral y áspero. Nada de eso es así hoy en Tierra Manta.

En Israel nunca el recuerdo coincide, es siempre la imagen invertida que nos devuelve el azogue de sus labores, el negativo de lo esperado, la versión Lewis Carroll de un oasis.

Poco desierto, muchos campos verdes y un clima… gentil.
Sepámoslo, Zeffirelli filmó Jesús de Nazaret en Durango, México.

Aquí una misma cosa puede estar en dos lados a la vez (que a menos que uno sea Dios,es casi, como no estar en ninguno) por ejemplo, el santo sepulcro, donde cada dirección, cada gruta, tiene sus peregrinos y veneración según el credo del que se trate.

También se visitan lugares históricos, muros, calzadas, escaleras con la ilusión de que Pedro o Pablo caminaron por allí, pero al momento nos enteramos que las ciudades fueron destruidas y vueltas a levantar decenas de veces.

Cuando llegamos a la Iglesia de la Anunciación, rápido nos aclaran, que la casa de María, la cueva donde recibió al ángel, podría ser esa u otra centena que el valle cobija.

Eso pasa una y otra vez.

Israel es una manta donde la arruga siempre corre hacia adelante. Una Tierra Manta.
Un sueño que desaparece con el día.

En Israel Emilia escribe al derecho y yo titulo Obacaesnas.

Alicia Lis, 7 de agosto, 2012


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