Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



viernes, 5 de noviembre de 2010

53. Sólo el color y la forma

Tomo el subte en la estación Nuevos Ministerios (¿Hay un nombre menos “Siglo de Oro Español” que Nuevos Ministerios?). En el viaje me dedico a observar rostros y ropas. Sin que la gente se ande matando de risa, se nota en la mirada cierta ilusión que no se refleja en la tristeza de Buenos Aires.

Me bajo en el centro y cerca de El Prado encuentro un restaurante con menú de nueve euros donde comen los locales. Empiezo por guisantes con jamón (arvejas. El mozo me pregunta ¿Punto medio? Las tratan igual que nosotros a la carne). Luego cocido, que es cerdo, tan exquisito como el primer plato. En cada mesa, al lado de la carta, una botella de medio litro de vino tinto. En cada mesa, inclusive en la de las abuelas.
Natilla, la cuenta y directo al museo Reina Sofía.

El edifico en el pasado fue un hospital. El frente da a una plaza seca ¿Hay alguna que no lo sea en Madrid?
Las salas generales, largas, blancas y de techos bien altos albergaron soledad, dolor y esperanza. Hoy lo mismo pero sublimado en –algunas- obras de arte.

Camino lento esperando que alguna pintura me gane el ojo. La primera alegría “Peña Literaria en el Bar Pombo”. Ramón González de La Serna (Greguerías) y sus amigos (Borges que lo mencionaba siempre con cariño ¿Se habrá sentado alguna vez a esa mesa?). Bodegón bien pintado y un sifón sublime, envidia de Duchamp y su mingitorio sin agua ni orines.

Juan Gris a veces sí (me gusta mucho) a veces no (me gusta nada). Éste me gusta, una guitarra que luce enorme, henchida y colombianísima, respirando con fatiga al lado del Journal y el Dubonet infaltable. Al frente un trabajo de no recuerdo quién (que mal Alice, que mal…). Nada más que la palabra Dubonet. Cada letra de color diferente. Una pintura que es sólo el color y la forma de cada sílaba del alcohólico y entrañable licor.

Salvador Dalí tiene un período cubista de no sé cuantas obras que no puedes dejar de ver. Describo una (tarea inútil si las hay) tres payasos (muy típicos de la escuela) en formato muy alargado, a un lado un velero resuelto por tres triángulos, un velero esencial. En el cielo flota una nube por demás algodonosa. El detalle en ese conjunto es más potente y significante que toda su colección de relojes a punto de caramelo.

Tome a cualquiera que alguna vez haya hojeado un libro del tipo 100 obras maestras de la pintura universal (libro donde es prácticamente imposible encontrar una estampa japonesa) y pregúntele ¿Qué cuadro recuerda de Picasso? y dirá Guernica, aunque lo único que recuerde sea la palabra Guernica.

El Guernica es un buen ejemplo de que puede existir arte por encargo. Picasso lo terminó en dos meses a pedido del gobierno Republicano para ser expuesto en la Feria Universal.

Impresiona el cuadro y cada uno de sus bocetos, algunos en blanco y negro y muchos en color.
La monocromía final fue una decisión meditada, tanto como los dientes que apuñalan encías o las manos que ciñen sus víctimas, quebradas, al igual que cada línea de la tela.

Nota de color (redundante en un museo de arte). La audio-guía presenta un locutor que lleva el peso de la narración y tres invitados especiales, los hijos de Picasso y Miró y la hija del escultor Caraballo. Cada invitado lee su texto con precisión evangélica. Sin embargo, en un momento la hija de Caraballo parece liberarse del ritual y la ortodoxia y se despide confesando que prefiere los trabajos clásicos de su padre, previos a la influencia de su amigo Picasso, el homenajeado.

En el segundo piso, más Tapies que en la Fundación Tapies de Barcelona; cedidos por Telefónica que me parece no sabía donde colgar semejante colección y un par de Bacon, que siguen sin decirme nada.

La parte nueva del museo debe haber costado su dinero y tanto su gramática como la solución propuesta no le llegan ni a los talones al viejo hospital. Encima parece que no sé que madera amazónica usaron medio de contrabando haciendo que los de Greenpeace se les pusieran bien en contra.

Fin del recorrido, cansadita hice esfuerzos para entrar al café, inútil, nunca entendí el mecanismo de apertura de las puertas. No lo lamento, adentro luce un barracón oscuro. Doy media vuelta y cruzo a un VIP donde pido un chocolate con manzanilla (la combinación es propia).

Alicia Lis, Madrid, 5de Noviembre

No hay comentarios:

Publicar un comentario