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lunes, 5 de marzo de 2012

110. El Padrino II Parte

Michael Corleone, de traje y corbata, formal e impecable está sentado en un sillón bajo, de líneas netas, cómodo, espartano, sobrio. Una pierna cruzada sobre la otra, los brazos descansan a cada lado. Energía contenida. Control, autocontrol. Rígido. Entre las sombras se destacan sus ojos negros, oscuros. Está en la casa del lago Tahoe, solo, es un invierno helado y la hora es cualquier hora del amanecer o del fin de la tarde, gris e imprecisa. Ha hecho matar a su hermano mayor, a Freddo, se cobró la traición… la película está por terminar.

Michael en su silencio parece preguntarse ¿Qué hago aquí? ¿Cómo me convertí en esto? ¿Si me descarnara hasta los huesos con un cuchillo, seguiría siendo lo mismo? ¿En qué momento todo cedió al exceso? ¿Con qué excusa podría buscar alguna aprobación? ¿Cómo transitar la soledad, cuando ni yo mismo tengo deseos de estar conmigo?... pero… ¿Es cierto esto… o de algún modo estoy orgulloso, mal que le pese a todos -incluido a mí- de algunas cosas hechas… y del modo en que se hicieron? ¿Quién es perfecto? ¿Soy un monstruo por pensar así? Sí, quizás lo sea…

Lo bueno de este momento es que Michael no suelta una palabra, con los labios apretados sólo mira fijamente a ninguna parte, o dentro de sí, que en esta circunstancia pareciera ser lo mismo.

Muchas veces he copiado, con placer, esa manera de estar sentado ocupando plenamente el espacio, aparentemente relajado y al mismo tiempo consciente de la posibilidad del estallido de violencia. Representación de tener todo bajo control y entendimiento de lo efímero de ese estado de las cosas.

Me encantaría saber por qué tantas veces he copiado esa postura. Quizá porque a todos nos seduce la idea del poder, de poder controlar, de controlar el destino. Ilusión.

La segunda parte de El Padrino es más fuerte que la primera porque su tema lo es. La tensión entre lo proyectado y la realidad. La distancia entre lo que hubiera podido ser y lo que es, entre el romanticismo temprano y el cinismo último… y el camino de pequeñas causas y efectos mínimos, que nos llevan lentamente de un punto a otro.

Aunque muchos -sólo Borges ya es suficiente para escribir muchos- prefieran evitar esa cadena de causas y efectos como modo de entender una vida y eligen, buscan, un momento, un único acto para explicarla, entera.

La película nos oferce dos de esos momentos para que nosotros elijamos.

* * *


Michael Corleone quiere hacer más respetable a la familia y deja los negocios de New York, muda sus operaciones a Nevada, a los casinos de Las Vegas. Luego irá por los de la Cuba de Batista (en una escena él y sus asociados festejan el trato cortando una torta con la forma de la isla y llevándose cada uno a la boca su porción). Negocios más respetables, corrupción de políticos, amenazas, chantaje, coerción... evitando drogas y asesinatos.

La película devela lo poco glamorosa de la vida en la mafia (en realidad ¡Oh paradoja! lo poco glamoroso que es trabajar para mantener el poder, donde sea)… pocos atardeceres en el mar tendidos junto a una mujer en la cubierta de un yacht y mucho aburrimiento en salas de reuniones, con clima de encierro junto a gente que no querríamos encontrar suelta, por ahí.

Michael Corleone busca hacer más respetable a la familia, pero las cosas no siempre salen como se planean, la traición del hermano no está en ningún plan.

Cuando Freddo es descubierto sólo el cálculo evita la respuesta brutal e inmediata, repudio y distancia es lo único que recibe. Luego el tiempo pasa y traerá el perdón de Michael y el regreso al hogar y la cercanía con el sobrino pequeño… Todo parecería indicar un camino diferente al del asesinato por encargo… Pero no… la venganza llega, Fredo es ahogado. Matar al hermano es algo de lo que no se vuelve. Michael sabe, que fuera por el motivo que fuere, el padre, Vito (Marlon Brando) no lo hubiera aprobado, nunca. Esa muerte es el acto que unifica y da sentido al antes y después de su vida.

Michael, con el nudo de la corbata bien ajustado, el recio pelo siciliano bajo control por la gomina, los gestos mínimos y el guardaespaldas -más silencioso aún que sus propios pensamientos- busca transmitir, siempre, la idea de seguridad en sí mismo; claridad en las ideas y efectividad en la ejecución. Vito, el padre, se presentaba con ropa holgada, corriente… sus movimientos –carentes de precisión- mostraban a un hombre tan acostumbrado al poder que no requiere estar recordándolo en cada momento. Padre e hijo no son lo mismo. Michael sabe que siempre estamos al borde de perderlo todo y teme esperando ese momento.

Michael duda de lo que es, Vito no. Michael no está seguro si él eligió, Vito no se lo pregunta. Es un fin de época.

* * *

La segunda parte de El Padrino habla del cambio. De cómo el hermano menor, héroe de guerra que fuma, solitario, en el comedor de la casa mientras su familia canta Porque es un buen muchacho y siempre lo será deviene en asesino por venganza.

Lo único que se mantiene puro es su mujer, sus dos hijos y el que está por venir.

Antes del final, en una habitación de hotel, Kay (Diane Keaton) le dice a Michael que lo va a dejar y que se llevará a los hijos con ella. El trata de calmarla, pero Kay le revela entonces que su "aborto involuntario" fue solo “un aborto” y que lo hizo para evitar traer otro hijo en una familia de criminales, en la familia Corleone. Michael estalla en cólera y la abofetea en la cara.

Una sola escena sirve para simbolizar una vida. Quizá el asesinato del hermano explique mejor la peripecia de los personajes, pero en la cabeza de su Dios la declaración de Kay no es algo lateral, es el momento justo en que Michael entiende su destino triste, solitario y final, tanto como la línea de Chandler y Soriano.

Un largo adiós. Largo, largo.

Guillermo García Avogadro, 5 de marzo 2012


4 comentarios:

  1. Definitivamene, la realidad intenta emular al cine y a veces lo logra... Celebro cada vez que leo los comentarios sobre películas y los pensamientos de los autores sobre ellas... "Marche una saga del Padrino completa por Cuevana" ya mismo

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    1. Sabenos poco del gusto de nuestros lectores. Por un lado, el beneficio de escribir cualquier cosa, nunca sabemos bien que les puede agradar. Por otro, la extrañeza de estar siempre a la deriva. Tus líneas son muy agradecidas, algunas estrellas, un rastro, un algo.

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  2. Todo parecido con la realidad, no es casualidad, no?

    http://www.facebook.com/notes/lorena-udaeta-siles/yabranel-saglieri-de-los-cirigliano/10150592006353861

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  3. En plan copy & paste, pegamos "solo se requiere tiempo para que la realidad imite al arte" y "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".

    Culaquier parecido con la coincidencia, es mera realidad.

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