Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



jueves, 11 de noviembre de 2010

55. Dos minutos y cuarenta y cuatro segundos

Todavía hay fotos, muchas, copiadas en papel.

Las fotos tienen su ciclo de vida, en un primer momento atraen, son motivo de alegría; luego crean nostalgia, más tarde nos tienta cortarlas en dos; al final evitamos ciertos sobres, vuelven rápido a su caja.

Los equipos digitales cambiaron la cultura fotográfica. Hoy se registra todo, siempre hay a mano un dispositivo que recrea, casi, el cuadro a cuadro del cine. No hay distinción, no hay recorte, siempre el universo completo, siempre, sin sorpresas.

No existe sorpresa cuando todo está a la vista. Totalidad y repetición, tedio.

Antes (palabra propia de la vejez) cada disparo estaba precedido por un… Mirá que buena va a estar esta foto. Había evaluación, selección. Cuidábamos cada disparo. Era una cuestión técnica, económica y cultural. Elegíamos los temas y los planos. Imágenes -concentradas alrededor de claros momentos vitales- que aumentaban o disminuían según el va-y-ven del costo de la película. La adolescencia se llevaba gran parte de la cuota.

Fines de los setenta, inicio de los ochenta. Dólar barato, película para fotografiar.

Tengo en mi mesa los sobres de esos años. En cada foto aparece Daniel Rolleri, ente los quince y los veinticinco.

Estamos con Daniel en una mesa de Los Inmortales, con el elenco de Los Mellizos Menaechmi. Foto en blanco y negro compartida con mozos mirando a cámara. Otras al lado del rastrojero del inefable Alberto Estévez, en bicicleta y con las alpargatas en la mano; en cueros, muertos de calor en la cabina de sonido de un teatro; abrazados en posición fin-de-cuadro-musical a la salida de un ensayo en el San Martín; de pantalón gris y camisa blanca compartiendo la línea de coro al lado del maestro Albinarrate; en un asado del colegio sirviendo vino a Oscar Traversaro; con remeras Hering, pelo revuelto y sal y zapatillas Rahína caminando por la Ipanema del viaje de egresados; con blazer azul en la puerta del Jockey Club, en el Caribe con Esteban y Guillermo Martini, en el balcón de su casa, en Miramar, en todos lados… fotografiados por su (Asahi) Pentax, más precisamente por la de Carlos, su papá.

Daniel fue mi primer amigo. Lo conocí a los cinco, en el normal 6 de Palermo. Ahí fuimos los payasos que roban caramelos en la canción de María Elena Walsh. Terminamos juntos el jardín, entramos y egresamos del Guada, nos metimos en Derecho, él se recibió de abogado, yo de psicólogo. Los mejores años fueron los años donde el teatro nos ganó.

Googleo. Presente del indicativo del verbo buscar.

Google viene de Googol, número compuesto por un uno seguido de cien ceros, no tiene más utilidad que representar una cifra enorme. El nombre fue dado por el matemático Edward Kasner quien se lo robó a su sobrinito. Repita en vos alta googol…no puede ser otra cosa que un balbuceo infantil.

Googleo Daniel Rolleri, 58,000 resultados. Una cifra inútil y enorme, donde se mezcla Daniel Alejandro Rolleri con un Deiniel Rolleri.

Daniel se recibió de abogado con la misma convicción que lo hizo Manuel Mujica Laínez. Le gustaba la náutica y ya había en su conversación un vocabulario ambientalista. Se fue a Estados Unidos a buscarse a sí mismo e hizo un post-grado en literatura. Aquí los blancos en mi registro comienzan a ser enormes. Se casó en España, recibí la participación, luego la historia se adelgaza hasta desaparecer. Soy el único responsable de esa pérdida.

Hoy veo su registro en U-Tube, hablando en un español que no es de aquí y no es de allá. Es el capitán del MarViva y su porte y decir nos recuerdan los documentales de Cousteau, que a él le gustaba parodiar. Lo que más me impresionó es cuánto se parece a su padre, al Carlos Rolleri que conocí con la edad que tiene Daniel hoy. Oscar Wilde decía, casi como una advertencia, Todas las hijas terminan siendo como sus madres. He comprobado una y otra vez, que la misma regla aplica a los varones.

El barco de Daniel está amarrado en Barcelona y es parte de una campaña para concientizar sobre el problema del atún en nuestros mares. Con lógica de hierro Daniel dice que mientras haya pescado en el super, la gente piensa que el único problema de los océanos es la basura que nos arroja de vuelta a la playa. Entonces allí está él para recordarnos que la cosa no es tan así. Quizá sea una causa perdida, que como dice Waldo, son las únicas por las que vale la pena pelear.

Recuerdo las líneas de Sábato, Leemos en la primera hoja del diario sobre un terremoto en la India que terminó con la vida de mil personas y nos asombramos una vez más de la fuerza destructora de la naturaleza, damos vuelta la página, leemos que nuestra selección fue derrotada en el minuto final y nos amargamos largamente mientras revisamos los comentarios. Lo único que sucede es lo que nos sucede a nosotros. Sólo lo muy cercano nos conmueve.

Vuelvo la vista sobre las viejas fotos, hay una muy chica que está perdiendo el color. Es un cumpleaños, tendremos no más de ocho, yo estoy bailando (¿bailando?) con Liliana, la hermana de Daniel, él nos hace muecas. Tan lejos y tan cerca.

Daniel, payaso, oficial naval, amigo, explorador, Joe Black, fotógrafo, defensor de causas perdidas, dos minutos y cuarenta y cuatro segundos de imagen en internet, donde quiera que estés un abrazo, como en Casablanca, por los buenos tiempos.

Las fotos vuelven rápido a su caja.

Guillermo García Avogadro, 11 de Noviembre, 2010


1 comentario:

  1. Dicen que el capitán anduvo por Buenos Aires en su barco, tratando de convencer a la gente que la mayor justicia es la posibilidad de seguir viviendo. Es más, hasta lo abrasé, no se si habrá sido un sueño... pero creo que anduvo por aquí

    ResponderEliminar