Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



lunes, 27 de febrero de 2012

109. El Padrino I

Los italianos dicen que la vida es tan dura que el hombre debe tener dos padres que velen por él; por eso todos tienen un padrino.
Tom Hagen, Consigliere de la Familia Corleone

El Padrino se estrenó en 1972.


Tenía 10 años y gobernaba Lanusse, todavía ni Cámpora al Gobierno ni Perón al poder. El general volvería en noviembre y yo, genéticamente niño-gorila, esperaba ver a los muchachos peronistas por la tele. Los vi y también al pelado agitando el rifle sobre el palco y como izaban a un militante de los pelos. Cuando la gente empezó a rodar, muerta, sobre los campos de Ezeiza se cortó la transmisión. En ese mismo año 72’ Reutemann debutaba haciendo el mejor tiempo en la clasificación pero la carrera la ganaba Jackie Stewart… Y mientras con mamá seguíamos el romance apasionado de Rolando Rivas y Mónica Heguera Paz, en Trelew con la excusa de un intento de fuga La Marina ejecutaba a 16 miembros de organizaciones armadas. Esas mismas organizaciones secuestran y asesinan a un directivo de Fiat y a un General, también hacen estallar bombas en el Sheraton Hotel. Es detenido El ángel de la muerte, Robledo Puch, un menor de edad con once homicidios en su cuenta y a Nicolino Locche, El intocable, lo re-tocan y pierde la corona mundial en Panamá. Una revista nueva, Satiricón, parodia el poster promocional de El Padrino, sustituye el perfil de Brando por el de Perón manteniendo la tipografía y los maderos cruzados que el titiritero empuña para mover los hilos de su marioneta. Tiempos difíciles, tiempos violentos y aún no habíamos pasado lo peor.

Me moría por ver El Padrino, pero era prohibida, para catorce, para dieciocho, no sé, era prohibida. Probé con disfraces, pero aún con buena voluntad el espejo me desalentó a salir a la calle.

Entonces mi abuela me la contó en detalle poniendo mucho énfasis en las escenas del casamiento de Connie. Seguía siendo una de gánsteres, pero con una deuda impresionante con la hermanas Brontë.

No se extrañen ni se escandalicen, durante la revolución francesa las familias acomodadas disputaban las primeras filas para ellos y sus niños durante las faenas de la guillotina. Mi abuela tenía ascendencia gala.

No recuerdo cuando vi la película por primera vez… ¿Fue en la parroquia (¿!) proyectada en súper 8 por el seminarista Col Areco?... Se me mezcla con Perros de Paja (¿!)… ¿O fue en un cine–bar de la calle Araoz con una novia de la facultad… Se me mezcla con Chinatown… Estoy seguro que primero leí el libro… Quizás sólo la haya visto en video.

Contrasentido. La película es considerada una de las mejores de todos los tiempos compitiendo centímetro a centímetro con Citizen Kane y el libro nunca llegó a ser más que un buen best seller.

Ambos cuentan la historia de la familia Corleone. Los vemos bailando el vals, cantando una canzonetta, tomándose fotos de grupo o preparando pasta o comiendo comida hecha mientras velan sus armas. Los vemos acarreando colchones para que todos tengan donde dormir o discutiendo entre hermanos o abrasándose o apretando los dientes frente a la cama del padre herido. Nos identificamos por los lazos de familia, por el modo en que viven en familia, no por su violencia, por los abusos, por el crimen.

Años atrás visité Cafarnaúm, el lugar donde nació el apóstol Pedro y su hermano Andrés. Sobre la arena del desierto apenas se ven los cimientos de lo que pueden haber sido las antiguas construcciones. Celdas pequeñas, como las de un panal, compartiendo un modesto patio interno. Allí vivía la familia, toda la familia. Me llamó la atención la cercanía. Allí los vínculos no se entrelazan como cordones de zapatos, se entretejen como alma de alfombra.

El origen de la familia quizá le deba menos al amor que a la supervivencia. La familia nos da de comer cuando la comida es algo que hay que salir a cazar y nos protege cuando el afuera es despiadado y salvaje. Como en cualquier otra organización económica y militar, en la familia hay jerarquías, división del trabajo y un modo indiscutido de tomar decisiones.

En la familia todo, sin la familia nada.

De los diez mandamientos, los tres primeros tienen que ver con Dios. El cuarto nos pide honrar al padre, que es honrar la familia. Para protegerla se hace todo lo que deba ser hecho.

El Padrino cuenta la historia por la supervivencia de los Corleone, la familia más respetada de New York. Son tiempos de cambio, Vito -el padre- es baleado por negarse a entrar al negocio de las drogas. Es necesario encontrar el remplazo. Cuatro hermanos de sangre y uno adoptivo que no cuenta -Tom no es italiano- tampoco Connie, por ser mujer. Santino, rápido deja de ser una opción: lo acribillan en una estación de peaje; Freddo, el mayor, sale del juego por inútil. No hay alternativa, o es la menos pensada. Me corrijo, es la más clásica… como una revisita de Rey Lear, Michael, el menor, el héroe de guerra, el universitario, el que voluntariamente fue apartado de los negocios del grupo será el elegido para conducir la guerra, ejecutar la venganza y salvar la familia.

Cuando los críticos americanos vieron el film -tan desapegados, tan contenidos, tan autosuficientes- les impactó el espíritu de clan de los Corleone, férreo, primitivo, cerrado. Estaban menos acostumbrados a esa lealtad tribal que a la violencia del puñal, el lazo y el garrote que Hollywood prodigaba en cada toma.

Como toda tragedia, El Padrino habla del destino y de los excesos. El destino de Michael era proteger la familia, el poder subsistir como familia, el poder hacer, pero se excede, inevitable y sólo queda persiguiendo el poder, el poder…el poder…

Algunas familias se deshacen por exceso de poder, otras ¡Oh paradoja! por exceso de súper (comida) y barrio cerrado (seguridad). Quizás en ambos casos estemos hablando de lo mismo.

Sea como sea el que quiera vivir su propia aventura deberá primero deshacerse de la familia. Pero tome el camino que tome, siempre, en algún momento se arrepentirá. Tarde o temprano. Le pasó a Michael (estoy pensando en la saga completa, no sólo en la primera parte). Este es el dilema del film y mirarnos en ese espejo es lo que nos atrae, no la atmósfera, no la trama, no las réplicas memorables.

* * *

Había escrito estas líneas cuando en la casa de mi sobrino encontré un libro de Tintín. Rápido, lo releo. Ese y luego otros dos más. La historieta de Hergé evita a toda costa la rutina, la vida familiar. Nadie tiene empleo fijo, Tintín es periodista pero nunca lo vemos trabajar; no tiene parientes –ni él ni sus amigos- y por las dudas no hay mujeres. Tintín es aventura (empresa de resultado incierto que presenta riesgos) en estado puro.

Tintín quizás sea la contracara naif de El Padrino, un padrino belga para niños, añoranza de una edad sin ataduras, donde sólo cuenta el coraje, el arrojo, el deleite romántico por lo casual, por el todo o nada, seguro de nosotros, sin rendir cuentas, ni a nadie ni a uno.

Le hago a Tom Hagen una propuesta que no podrá rechazar… “La vida es tan dura que todo hombre debería ser, al menos una vez, su propio Padrino”.

Waldo Williams, 27 de febrero 2012


lunes, 20 de febrero de 2012

108. Servicio de té -y mate- de plata

Nota. Este artículo es el último de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.

Alicia -que la conozco como la palma de mi mano- debe haber estado muy contenta con su folletín en doce entregas porque al principio ese diario intimo pero no tanto, lucía a película romántica de Woody Allen (perdón maestro) en location fuera de la Manhattan natal. Pero estoy seguro que en un momento fue consciente que la cosa venia mas de Claudio Martínez Payva y con manotazo de ahogada recurre a Serrat primero y a Paul McCartney después ¡Nada menos! como intento, tardío, de evitar que yo, que intuye que ya me he dado cuenta, la comparara con Joven, Viuda y Estanciera, película de los años setenta con Lolita Torres (madre de Diego) y Jorge Barreiro (madre de nadie).

A la película de Lolita la vi con mi abuela en el cine Normandie, en la calle Lavalle. Descuento que el Gran Splendid y el América se negaban a pasar semejante desperdicio de fílmico (aunque no les sirvió de mucho, crease o no, en Santa Fe y Callao ya no hay cines). Tampoco creo que mi abuela fuera su fan (demasiado estridente y españolita, para una paisana judía de Entre Ríos) intuyo que ese sábado era la única apta para todo público que daban en la ciudad. Yo tenía ocho años y ya me daba cuenta que la película atrasaba treinta... Y estaba sin saberlo en lo cierto, porque era una remake de la versión de 1941 con Mecha Ortiz. La vi en estos días por internet y a veces mi amiga es tan diva de teléfono blanco, que creo no le molestaría para nada, es más le gustaría, que la comparasen con la versión original.... Pero jamás, jamás con la de 1970.

Quiero que entiendan de qué estamos hablando...
La película abre con Lolita llegando a la estancia (que da lugar al título) ya señora pero igual lolita. Monta a caballo y sale a recorrer la propiedad y canta, canta, canta…

Al pie de un rosal florido
Me hiciste tu juramento
Fueron tus manos divinas
La causa de mis dolores

Pues del rosal de mi amor
Vos te llevaste las flores
Vos te llevaste las flores
Dejándome las espinas

Es aquí entonces donde se reencuentra después de años ¿En París? con el puestero Jorge Barreiro (estoy casi seguro que Julie Taylor no estuvo a cargo del casting) de punta en blanco, arriando vacas, vestido, digamos por Ante Garmaz.

Alguna mirada se habían cruzado en la juventud, pero claro, ustedes saben, la distancia social… y ahora regresa viuda (con menos prejuicios, a conocido Europa)… y el administrador que la quiere engañar con las cuentas y Jorge -un hombre como los que ya no existen- que quiere defenderla y entonces como que lo acusan de algo y ella con el pelo muy batido, poco interesada en los aspectos financieros, anda (entiéndase, canta) triste porque cree que en su rancho (al que nadie entra) Jorge debe tener escondida una china, a esta altura, casi en cautiverio, porque si no, no hay motivo de tanto secreto… y todo ayuda para que lo de ellos sea lo que no fue…(perdón Noel Coward).

Anoto una escena que en cuarenta años no he podido olvidar. Atentos, ahí va… Jorge con disfraz de oso carolina, sin transpirar una gota, bajo el sol de la pampa en febrero. En la mano, la cabeza del oso, para que se le puedan ver los ojos celestes, a Jorge, claro. Conversan con Lolita en la puerta del rancho… parece que esa piel la usó por última vez, de chiquilín, en un carnaval donde habían bailado hasta que las velas no ardan (ardieron). Se lo había puesto ahora, soñando en repetir, pero no, desilusionado volvió a casa, al no encontrarla en la pista… ¡Pobres, cuántos malentendidos… por qué Dios los hace sufrir tanto!… Lolita había pegado el faltazo…porque…porque… ella es muy noble…y no quiere ser la causa de la ruptura con la china-secreta-en-cautiverio.

Más tarde sabremos que tal china no existe, que Jorge no permite la entrada a su rancho porque no es tal, es mucho más que eso, un santuario-museo de la exitosa Lolita.

Escena final, cuando la suerte ya está echada. Lolita canta en el living del casco de la estancia mezcla de cosa inglesa y español-gauchesco, para toda su gente, que se reúne a festejar su partida (al fin ¡Es el último tema!)…

Espera
Aun me quedan en mis manos primaveras
Para colmarte de caricias todas nuevas
Que morirían en mis manos si te fueras

Espera un poco, un poquito mas
Para llevarte mi felicidad
Espera un poco, un poquito mas
Me moriría si te vas


Es de noche, vemos frenar la F-100, Jorge baja, entra a la sala, las miradas se cruzan y ellos abrazados –todo está dicho- miran a cámara felices sin besarse (por contrato Lolita no se besaba en cámara). Por favor lectores, les pido vayan a youtube y lo vean por Ustedes mismos. Imposible de traducir esas imágenes en palabras, ni Milton lo podría haber hecho.


Al Rosal florido, Alicia le contrapone Hoy puede ser un gran día… a Espera un poco…y sí, hay que decirlo, Yesterday… como operación mágica que busca anular las semejanzas.

¿Semejanzas de argumento? No… hay miles de historias con la misma anécdota… semejanza de clima, de estilo, de formato… son relatos que comparten el mismo universo aunque en principio parezca que uno es Navidad y el otro Halloween (gracias, Tim Burton).

Esa semejanza de formato es la que me permite decir que Alicia estaría feliz con la versión del 41’ donde todo lo kitsch de los setenta –cancionero incluido- se cambia por fracs, pent-houses y servicios de té –y mate- de plata.

Ahora en serio, no voy a decir que fue nuevo-periodismo, pero las doce entregas de Alicia contando su viaje y su romance… tienen lo suyo… Pero, repito, en serio ahora, luego de este Lapicerapices de verano, playero, los invito a volver a los intereses de nuestros lectores habituales y si vamos a revisitar pelis, retomemos la historia que empezamos con Casablanca y Cantando Bajo la Lluvia y Sunset Boulevard y si no que Subí que te llevo y La Carpa del Amor nos lo demanden.


Waldo Williams, 20 de Febrero, 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

107. ¿Estás ahí?

Nota. Este artículo es parte de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.


Ayer todos mis problemas parecían lejanos
Ahora luce como si estuvieran aquí, para siempre
Creo en el ayer
Ayer el amor era un juego fácil de jugar
Ahora necesito un lugar donde esconderme
Creo en el ayer
Pablo

Aeropuerto Amerigo Vespucci, pareciera que fue los otros días que llegué, el tiempo pasó volando. Catalina con actitud “no sé cómo se me ocurrió lo del chauffeur“… Vittorio con signo de interrogación en la cara “¿En qué estaba pensando cuando le conté lo de Patricio y mi mujer?”… como si sus decisiones tuvieran una gravitación –que definitivamente no tienen- sobre las mías… Los chicos corriendo por todos lados, las valijas despachadas, el pasaporte y los tickets en la mano y yo esperando que de una buena vez por todas anuncien el vuelo. Mis hijas mayores en el celular, indignadas por lo que publiqué… incapaces de reconocer que ellas y sus amigas en sus facebooks van mucho más allá… ¡Pero mamá tenés casi cincuenta! Y yo les pregunto qué tiene que ver el seniority con la libertad de expresión y un diálogo de sordos pero al final un mamá igual te amamos, sos lo más…

Mañana estaremos con Fernando Albinarrate y su hija en Euro Disney (son las únicas dos personas que en Navidad, con un parque casi desierto pueden esperar horas bajo la nieve a Mickey Mouse para brindar por un buen año) y luego recoger a los chicos en Punta del Este y quizá quedarme otro par de días y después volver a Buenos Aires y las listas del colegio y nada… nada más.

Estoy de brazos cruzados (fuerte comunicación no verbal) en el counter de Alitalia con los ojos clavados en el LCD que anuncia los vuelos y de golpe, debajo, Enrico… Pantalones de lana gris y sweater cuello alto color camel, zapatos marrones de cuero graneado, Crocket & Jones, creo… secreto vínculo con George Clooney, no no, mejor con Cortázar… está igual que en la foto que le sacó Sara Facio… me está mirando y cuando yo lo veo se entrelazan las miradas, como no podía ser de otra forma, claro. Y Enrico da un paso y yo otro, lentamente cuidando las formas, nos acercamos y luego más rápido y todo se acelera y lo abrazo y él me abraza y nos quedamos así un rato y me entrega algo envuelto en papel de seda lila y yo ¿Lo abro?... Sí, sí abrilo

Es la cruz de San Damián, la que le habló a San Francisco, divina, la que yo quería, parece de madera de nogal revestida en tela… es como un icono románico-bizantino (caigo en cuenta ahora, mientras escribo)… Cristo está vivo y sin coronas de espinas, es un Cristo resucitado y glorioso, parece como si nos quisiera abrazar, a los dos, a todos.

- Viniste, gracias a Dios viniste…
- Vine por que quise, porque te quise… Dios no tiene nada que ver con esto

Miro el crucifijo… en lo más alto, la mano del Padre se encuentra en un semicírculo, la otra no se puede ver… porque Dios no tiene rostro, es un misterio.
Recordando nuestra conversación sobre los atributos divinos le digo, claro, Dios no es… y el sonríe lleno de sonrisas tristes… “se succede qualcosa solo fischio” (si algo sucede, solo tienes que silbar…dice el Bogart italiano).

- Una sola pregunta.
- Las que quieras.
- ¿Las sfogliatellas…?
- Las hice traer de Napoli, por DHL, servicio express
- ¡Lo sabía…!


Cierro los ojos –Ustedes, amigas de casi cincuenta lo entenderán- y me pregunto muy a mí misma ¿Ladislao, estás ahí?
- A tu lado, Camila, a tu lado.
Responde Enrico.
- ¡Me leyó la mente!

Yesterday,
All my troubles seemed so far away
Now it looks as though they’re here to stay
Oh I believe in yesterday

Yesterday, love was such an easy game to play
Now I need a place to hide away
Oh I believe in yesterday

Paul McCartney


Alicia Lis, Florencia, 15 de Febrero, 2011

lunes, 13 de febrero de 2012

106. Todo está por descubrir

Nota. Este artículo es parte de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.


Canta Serrat en el Ipad

Hoy puede ser un gran día,
Plantéatelo así,
Aprovecharlo o que pase de largo,
Depende en parte de ti.

Me miro al espejo y quisiera verme un poquito, sólo un poquito, más joven.

Hoy puede ser un gran día
Donde todo está por descubrir,
Si lo empleas como el último
Que te toca vivir.

Saca de paseo a tus instintos
Y ventílalos al sol
Y no dosifiques los placeres;
Si puedes, derróchalos.

La plástica de las lolas, ok, se lo merecían y están muy agradecidas, pero botox jamás de los jamases, nunca me van a embalsamar la cara en vida… ni poseída por Alzheimer.

Que todo cuanto te rodea
Lo han puesto para ti.
No lo mires desde la ventana
Y siéntate al festín.

Pelea por lo que quieres
Y no desesperes
Si algo no anda bien.
Hoy puede ser un gran día
Y mañana también.

Entro a la ducha ¡It´s showtime, folxs!

(Se escucha el Concierto en G de Vivaldi)

* * *

Desayunamos y le pregunto a Enrico de dónde sacó su teoría sobre los ricos… eso de elevar a nivel de arte lo cotidiano. Serio contesta Internet, Pierre Bourdieu… ¿Alguna vez googleaste tu nombre?
- ¿Y vos…? Digo, esperando lo peor.
- Nunca, no imaginaba motivo para estar ahí… ¿Y vos?
- Sí, sí (el mundo se viene abajo)
- Anoche te googleé, setenta y ocho resultados, Lapicerapices, Williams, Avogadro y Alicia Lis.

Silencio e incomodidad.

- (Sursum corda, alea jacta est)… Ahora vos también estás ahí…
- ¿Por qué mentiste? ¿Qué pensaste que te podía hacer… o no hacer?

Silencio e incomodidad.

- ¿Con qué derecho hiciste público lo privado?

Silencio e incomodidad.

- Perdón, soy una tarada (finalmente terminé siendo lo que siempre supe que sería).
- Io non sono un dolce bambola.
- Tenés razón, perdón, de nuevo… no hay nada que decir… no tengo nada que agregar… perdón…
- ¿A que hora salimos para Firenze?
- ¿En tres horas, te parece?
- Usted es la clienta, en tres horas.

* * *

Salgo de nuestro hospedaje en Lucca donde pasamos la noche. Mucha gente en la calle… camino sin dirección alguna, todo me da igual, en un modesto local a la calle un lutier de violines trabaja acompañado por música de Corelli… en la mañana fría, la vida está en otra parte.

Llego a la catedral, creo románico-pisano ¿Qué importa? Con impronta medioeval bajorrelieves de hombres y animales y guardas y guirnaldas, ingenuos casi de historieta, apenas si los voy pasando de largo.

Sobre el lateral un laberinto tallado en piedra. Con el dedo recorro el camino hacia el centro siguiendo la dirección de los surcos, marcados por el cincel y miles de mujeres que me precedieron. Un hombre mayor se acerca (yo no quiero hablar con nadie, pero no tengo energía para negarme) “El laberinto representa la desorientación del mundo… en el centro está Dios. El hilo de Ariadna es la Fé y el pavimento la madre iglesia.”

Entro a rezar a la catedral y mientras repito el mantra una y otra vez, avergonzada, recorro su arquitectura, inútilmente.

* * *

Ustedes lo saben, durante unos cuantos siglos no se representó a Jesús crucificado, la cruz estaba reservada sólo a los criminales no romanos, lo peor de lo peor ya que a los romanos se los decapitaba… En las primeras crucifixiones, disimulaban tamaña humillación cubriendo con el manto el travesaño superior.

Viajo sentada en el asiento de adelante, hecha un ovillo pero intentando guardar la dignidad. Me cubro con una pashmina de lana changthangi, pero no consigo ocultar mi cruz.

Llueve, nieva, el peor invierno. Enrico maneja con cuidado, en la radio Beniamino Gigli canta Torna Sorrento.

- ¿Te gustó lo que leíste?
- Me encantó.

Alicia Lis, Lucca, 13 de febrero 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

105. Como una manada de luciérnagas

Nota. Este artículo es parte de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.


Hoy me levanto temprano yo, dije y cumplí conmigo. Frente a nuestra mesita, intina, tres sfogliatellas de pasta de almendra. Enrico me contó que de chico le encantaban. Nos tomamos nuestro tiempo, nos demoramos en nosotros mismos. Vamos y volvemos y nos quedamos un rato más y terminamos saliendo tarde para Pisa. Nunca me pasó esto con una clienta, dice Enrico. Yo tampoco tuve un cliente como Usted, nunca, respondo con la misma ironía.

Penúltimo día. A pleno sol, pero tibio, del invierno. Villas toscanas y viñedos raquíticos, algunas ovejas esquiladas, decenas de caminos divergentes. Evitamos la autopista, viajamos por los senderos del Chianti. Además del desayuno preparé una cesta de picnic (Feliciana estaría orgullosa de mi diligencia).

Hablo sobre mí, como puedo y siento una culpa enorme por los recortes que debo hacerle a la historia, sabe que soy viuda con siete hijos y preocupado me pregunta como hago para mantenerlos en Buenos Aires, que él podría –que por favor no me sienta mal- ayudar en algo; y yo clavo la vista en el paisaje y vaya a saber cómo interpreta mi silencio… la vida es tan corta para el ajedrez, digo al rato y prendo la radio y la apago, prefiero el silencio y el sonido del viento sobre el parabrisas.

Comemos sobre una cerca de piedra, yo apenas picoteo algo. Enrico vuelve con lo de Alice, eres transparenti y yo con la copa de mi Colline Pisane en los labios, pregunto ¿Soy transparente? ¿Perché dici? ¿Come fai a saperlo?

Usted es rica Alice ¿no? Yo estoy por contestar en deudas, pero evito regodearme en el personaje. El está parado dándoles miguitas a los pájaros… Usted lo sabe… los ricos elevan a nivel de arte lo cotidiano, el arreglar la casa, vestirse, comer. No sólo son los ingredientes, es todo, hasta las copas de vino que necesariamente deben ser copas Riedel para poder tomarlo. Comida de autor… procesar de modo complejo y caro “cervo” haciéndolo pasar por “zucchini”. Minimalismo… la calidad sobre la cantidad… Los conozco bien.

Entre el enojo y la vergüenza. Non capisco.

Todo Alice, este vino, las sfogliatellas que estoy seguro hizo traer de Napoli…

¡No, te juro que no! Digo aparentando ofensa y al borde de la carcajada.

Pero por sobre todo, Usted no come nada, las mujeres ricas no comen nada y se mata de la risa y yo también y me acuerdo cuando Victoria Ocampo comía antes de una comida, para evitar hacerlo luego, pasando –creyendo pasar- por más sutil, ligera, espiritual (Tagore aprovechaba su plato y el de ella). Rodamos por el pasto como en un comercial de Milka, yo más repuesta del susto inicial, aunque reprochándome no haber tenido coraje para blanquear la situación… Y ahí va como una manada de luciérnagas, la tarada enamorada, a punto de estrellarse.

* * *

Pisa. Salvo Piazza dei Miracoli, el resto olvidable… pero esta piazza es realmente un miracoli. Cuando hablamos de Pisa, hablamos como si lo único que existiera fuera la torre… Fotografiarnos sosteniendo su inclinación de casi cinco metros y punto… nunca una foto la apone en contexto, sólo muestra su rareza (¿Puede ser raro, algo tan conocido?).

Yo creía, que como tantos monumentos célebres, la torre estaba en medio del caos urbano, condenada como la pirámide de Keops. Pero no, no señor… Hay otras dos construcciones que solas serían el orgullo de cualquier ciudad de la tierra; una catedral y su baptisterio, combinando el gótico con el estilo árabe y el bizantino. Es la primera vez que vemos en una iglesia las fajas horizontales en mármol blanco y negro, El efecto cebra. En su altar destaca un Jesus pantocrátor hecho en mosaiquitos dorados, que bien podría ser ciudadano de Estambul.

La tercera es un campo-santo que dicen –y lo creo- es el más bello de la antigüedad. Tres naves enormes, la central abierta (para poder conectarse con el cielo) convertida en jardín, tierra santa traída desde Jerusalén (beneficio de las cruzadas). Cubriendo sus paredes (cien metros por veinte… ¿Me explico?) frescos, luchas de ángeles y demonios por las almas de los hombres; un inmenso diablo comiéndose a los condenados…ese tipo de cosas… tren fantasma para grafitteros.

Catedral, Baptisterio, Campo-santo y Torre están sobre una plaza verdísima, recortada por una antigua muralla. Los turistas, quizá –seguramente- inducidos por los guías, suelen confundirse y llamar a la Piazza, Campo – dei Miracoli- por el campo que aparece en el cuento de Pinocho, donde una moneda de oro hacer crecer un árbol de monedas.
Milagrosamente, las cuatro construcciones se salvaron de las bombas de la segunda guerra mundial, aunque su nombre es muy anterior, le fue puesto por el escritor Gabriele d´Annnuzio en 1.910, quizá una premonición.

* * *

Me planto frente a la Torre, como Esperanza en En Cualquier Lugar, descubro con pena (¿Nostalgia?) que “ya estoy curada…”.

- Por los buenos tiempos, Enricono soy Queen Latifahpero sería capaz de engordar un par de quilos si fuera necesario.

Me levanta con sus brazos de oso Yogui y subimos por los escalones bien inclinados de piedra, gastados… como estar navegando en el interior de un pequeño velero.

En las alturas apenas protegidos por una baranda de hierro, a lo lejos la tierra toscana y el mare nostro. Tengo la sensación que la torre se va a venir abajo en cualquier momento y pese a los experimentos de Galileo veo que primero vamos a llegar nosotros y después las piedras.

Me pregunto con Tolstoi… Si una manzana cae ¿por qué cayó? ¿Es debido a la gravedad, porque maduró o tornó seca por el sol, por volverse más pesada, porque el viento la sacude, o porque el chico de pie bajo el árbol quiere comerla?

Ya lo sé, me conozco, cuando cito mucho es porque quiero escapar de la realidad, del medible y cronometrable aquí y ahora. La realidad no es ilusión, es una tenaza de hierro.

Todos caemos.

Alicia Lis, penúltimo día, Pisa, 8 de Febrero 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

104. Efímero, frágil, inestable

Nota. Este artículo es parte de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.


Miro el reloj, son las nueve. Enrico se debe haber levantado muy temprano, sobre la mesa de mi habitación modestas flores de montaña todavía frescas y una hoja de papel doblada en dos, como puedo, traduzco

Si cada momento que vivimos
Es copia de uno anterior
Y presagio de otro idéntico que vendrá
Antes habré escritos los mismos versos
Persuadido por la misma sonrisa
Por la misma chispa de los mismos ojos.
Mi memoria no recuerda tales hechos,
Para mí esta noche es la primera,
La única, la irreproducible noche.


* * *

Frío de película de frío.

Sobre una colina baja un bloque esculpido en piedra clara, es Assisi, la versión global de nuestro Lujan… San Francisco viene por debajo de Jesús compitiendo cabeza a cabeza con la Virgen María por el segundo puesto en el panteón de la iglesia católica… y en Assisi están preparados para recibir miles de peregrinos, es el único lugar de Europa que conozco donde tienen escaleras mecánicas entre el estacionamiento y la ciudad misma.

La arquitectura se muestra santa, vuelan mínimos copos de nieve. En mi cabeza, escenas de Hermano Sol, Hermana Luna de Zeffirelli.

Llegamos de la mano a la iglesia de Santa Clara, de piedra blanca y rosada, románica frente a una plaza seca que parece haber sido terminada ayer. En el interior el crucifijo que motivó a Francisco seguir su vocación.

Nos dejamos llevar por las calles, nosotros somos el rumbo. Nieve sobre el pelo y la mejilla de Enrico, suave con las manos, limpia los cristales sobre mis cejas.

El frío genera pureza espiritual.

En el otro extremo de la ciudad la basílica de San Francisco, que en realidad son dos, una arriba de la otra.

La superior, inmensa, luminosa enteramente pintada al fresco por Giotto. Pregunto ¿Es ésta la que sufrió tanto en el terremoto de los noventa?... Tengo imágenes del techo desplomándose envuelto en una nube de polvo, oscura, muy oscura…el fin de los tiempos. Enrico responde que sí, que a la tarea de restauración se la llamó Il cantiere dell’utopia (El Taller de la Utopía)… más de trescientos mil fragmentos seleccionados y clasificados por colores, matices y modo en que fueron pintados.

Debajo una iglesia subterránea, oscura, de techos bajos con pisos de mármol rosado que se asemejan a prosciutto di Parma (no es una irreverencia, es un homenaje). Bajando aún más, el cofre de piedra donde descansa el santo. Lugar pequeño y silencioso, cerca algunas reliquias. Un hábito enorme, tan remendado, tan perfecta y primorosamente remendado que si se hubiera usado en una película todos lo hubiéramos objetado por demasiado Hollywood.

Quiero comprar una copia de la famosa cruz (creo recordar que Esteban Martini tenía una así) doy vueltas y vueltas y finalmente no me llevo nada, todas son de factura muy ordinaria.

Frente a la basílica el inevitable Bar Francesco. Lleno. Digo las palabras mágicas “Could I rest with you?” y nos sentamos a la mesa con una parejita de teens americanos estudiando en Firenze. Ella Ciencias Políticas, él Filosofía. Su comentario más relevante: la actividad de los carteristas en Toscana.

Enrico se desentiende y me dice Alice, eres transparenti… y se me va el hambre y dejo casi completa mi ensalada waldorf con pollo (bien asado, per favore). El me besa una mano y apura su vino.

* * *

Nieva. Subimos lentamente por la montaña hasta el pequeño monasterio levantado sobre las cuevas donde se retiró Francisco y sus primeros discípulos. Caminamos entre los árboles y todo luce muy Doctor Zhivago (cresase o no, por la noche en un restaurante el mozo nos diría que estábamos muy parecidos a Omar Sharif y Julie Christie. Bien por Julie). Respiro profundo, yo también podría despojarme de todo, cierro los ojos, casto, Enrico me besa los párpados y yo me derrito cual cirio pascual, sereno me besa los labios y San Pedro me dice “bienvenida, Alicia, Usted se lo merece”. El mundo no existe, es una ilusión.
Llegamos a la iglesia de San Damián. De la primera, mínima, sólo quedan las paredes y el techo. Peregrinos rezando, auténtica devoción. Me emociono al escucharlos cantar, detrás del muro, un canto dulce y algo triste.

Volvemos sobre nuestros pasos, no dejo de preguntarme ¿Cómo puede ser que un movimiento tan fuerte haya causado tan poco impacto en la iglesia? ¿Cómo luego de Francisco tuvimos Papas Borgia, de nombre y de espíritu?

¿Impactamos? ¿Mucho? ¿Por cuánto tiempo? ¿A quien nos importa o a cualquiera que no volveremos a ver, nunca?

* * *

El último rayo de luz de la tarde entra por mi ventana, veo volar polvo, fragmentos mínimos de los valles toscanos… leves, muy leves… suspendidos de la nada.

Efímero, frágil, inestable.

Lo ligero siempre está dejando de ser . Lo leve está del lado de los sentidos. Leí una vez, no en Kundera, que lo más cercano a lo leve es un orgasmo, gloria de lo vital y pasajero.

Quieta espero, no esperando nada.

Afuera, la nieve doblega a los cipreses.

Alicia Lis –o la que espera, desespera- Assisi, 6 de Febrero 2012

miércoles, 1 de febrero de 2012

103. No me faltan alas

Nota. Este artículo es parte de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.


Viajo en el asiento de adelante, mucho mejor vista, vamos a Gubbio, a través de pueblitos laterales, subiendo y bajando.

(Trabalenguas) El termómetro no da tregua. Paramos en un bar, pareciera que hace trescientos años que está ahí. Pido un chocolate caliente y con desilusión veo que lo preparan con un polvito embolsado muy Nesquick. Me dan a elegir entre treinta variedades. Pido el más Rusell Crowe (en Gladiator) que encuentro, el equivalente al Gitanes negro y sin filtro que fumaba papá. Es un chocolate amargo y espeso, espeso como un Serenito caliente. Delicioso.

La ciudadela medieval se recuesta sobre la ladera de un cerro. Hace recordar, no sé por qué, a Romeo y Julieta de Zeffirelli. Calles empinadas, angostas y muros de piedra blanca que se continúan en dinteles, en fuentes y barandas de piedra, en balcones, arcadas y plazas también de piedra.

La metáfora obvia es la telaraña, de piedra, claro, pero no es el caso de Gubbio hoy. La tarde es fría y serena.

Esta noche me gustaría ponerme el vestidito verde de gasa, pienso, y las esmeraldas (que no traje) pero sé que me voy a agarrar una pulmonía… pero sé también que Campanita nunca se enferma y que en El País de Nunca Jamás, todos son jóvenes y fuertes y que seguramente valdría la pena intentarlo.

El laberinto de calles desemboca, alto, en la explanada del ayuntamiento. Balconea sobre el valle de Umbria. El sol está cayendo, del palacio baja una escalera ancha y macisa, pero grácil y liviana que avergüenza a la tan comentada de la Biblioteca Lorenziana. Más arriba una iglesia. La pared del poniente cavada sobre la dura base del cerro.

Los ojos de Enrico no pueden ser más negros, no pueden ser más penetrantes. Son ojos inquisidores. Tiene razón Francesco Bernoulli cuando dice “las mujeres aman los autos que no tienen nada que esconder”. Ustedes saben, Francesco es un fórmula uno. Enrico no esconde nada. Es seguro de sí. Es lo qué es.

Caminamos junto a un arroyo de aguas claras que baja encajonado entre canteros. A lo lejos, un teatro romano, las ruinas del teatro.

Volvemos de noche, guiados no por el sentido de la orientación, guiados sólo por la ley de gravedad.

La fuerza de la gravedad entre dos objetos, es inversamente proporcional a la raíz cuadrada de la distancia que los separa, dice Enrico y a esta altura ya me da un poco de miedo.

Io sono vicino a te. Mi sento attrazione. Newton aveva ragione digo y me arreglo el pelo y lo miro a los ojos que reflejan modestas lucesitas y Enrico me toma de las dos manos, fuerte.

Senza cuore saremmo solo macchine, dice con ironía en los labios.

Alfa Romeo, concluyo y nos reímos y me abraza y lo abrazo y así caminamos calle abajo, lento. No sé puede hacer más lento.

* * *

Estoy en mi cuarto del hotel, el Nun Assisi, un antiguo convento restaurado. Todo es muy claro, el piso de madera color marfil, las sábanas y las cortinas y los muebles y el techo muy blancos, arcos de ladrillo a la vista, livianos, rarísimos. Comeremos en el restaurante, aquí y después de un siglo vuelvo a ser Campania (¿O Cenicienta?) por un rato.

Veo que todo haya quedado perfectamente ordenado.

Estoy ligera, no me faltan alas.

Alicia Lis, Assisi, 1 de Febrero, 2012