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lunes, 20 de febrero de 2012

108. Servicio de té -y mate- de plata

Nota. Este artículo es el último de una serie, cuya primera entrada es la 96, del martes 10 de enero.

Alicia -que la conozco como la palma de mi mano- debe haber estado muy contenta con su folletín en doce entregas porque al principio ese diario intimo pero no tanto, lucía a película romántica de Woody Allen (perdón maestro) en location fuera de la Manhattan natal. Pero estoy seguro que en un momento fue consciente que la cosa venia mas de Claudio Martínez Payva y con manotazo de ahogada recurre a Serrat primero y a Paul McCartney después ¡Nada menos! como intento, tardío, de evitar que yo, que intuye que ya me he dado cuenta, la comparara con Joven, Viuda y Estanciera, película de los años setenta con Lolita Torres (madre de Diego) y Jorge Barreiro (madre de nadie).

A la película de Lolita la vi con mi abuela en el cine Normandie, en la calle Lavalle. Descuento que el Gran Splendid y el América se negaban a pasar semejante desperdicio de fílmico (aunque no les sirvió de mucho, crease o no, en Santa Fe y Callao ya no hay cines). Tampoco creo que mi abuela fuera su fan (demasiado estridente y españolita, para una paisana judía de Entre Ríos) intuyo que ese sábado era la única apta para todo público que daban en la ciudad. Yo tenía ocho años y ya me daba cuenta que la película atrasaba treinta... Y estaba sin saberlo en lo cierto, porque era una remake de la versión de 1941 con Mecha Ortiz. La vi en estos días por internet y a veces mi amiga es tan diva de teléfono blanco, que creo no le molestaría para nada, es más le gustaría, que la comparasen con la versión original.... Pero jamás, jamás con la de 1970.

Quiero que entiendan de qué estamos hablando...
La película abre con Lolita llegando a la estancia (que da lugar al título) ya señora pero igual lolita. Monta a caballo y sale a recorrer la propiedad y canta, canta, canta…

Al pie de un rosal florido
Me hiciste tu juramento
Fueron tus manos divinas
La causa de mis dolores

Pues del rosal de mi amor
Vos te llevaste las flores
Vos te llevaste las flores
Dejándome las espinas

Es aquí entonces donde se reencuentra después de años ¿En París? con el puestero Jorge Barreiro (estoy casi seguro que Julie Taylor no estuvo a cargo del casting) de punta en blanco, arriando vacas, vestido, digamos por Ante Garmaz.

Alguna mirada se habían cruzado en la juventud, pero claro, ustedes saben, la distancia social… y ahora regresa viuda (con menos prejuicios, a conocido Europa)… y el administrador que la quiere engañar con las cuentas y Jorge -un hombre como los que ya no existen- que quiere defenderla y entonces como que lo acusan de algo y ella con el pelo muy batido, poco interesada en los aspectos financieros, anda (entiéndase, canta) triste porque cree que en su rancho (al que nadie entra) Jorge debe tener escondida una china, a esta altura, casi en cautiverio, porque si no, no hay motivo de tanto secreto… y todo ayuda para que lo de ellos sea lo que no fue…(perdón Noel Coward).

Anoto una escena que en cuarenta años no he podido olvidar. Atentos, ahí va… Jorge con disfraz de oso carolina, sin transpirar una gota, bajo el sol de la pampa en febrero. En la mano, la cabeza del oso, para que se le puedan ver los ojos celestes, a Jorge, claro. Conversan con Lolita en la puerta del rancho… parece que esa piel la usó por última vez, de chiquilín, en un carnaval donde habían bailado hasta que las velas no ardan (ardieron). Se lo había puesto ahora, soñando en repetir, pero no, desilusionado volvió a casa, al no encontrarla en la pista… ¡Pobres, cuántos malentendidos… por qué Dios los hace sufrir tanto!… Lolita había pegado el faltazo…porque…porque… ella es muy noble…y no quiere ser la causa de la ruptura con la china-secreta-en-cautiverio.

Más tarde sabremos que tal china no existe, que Jorge no permite la entrada a su rancho porque no es tal, es mucho más que eso, un santuario-museo de la exitosa Lolita.

Escena final, cuando la suerte ya está echada. Lolita canta en el living del casco de la estancia mezcla de cosa inglesa y español-gauchesco, para toda su gente, que se reúne a festejar su partida (al fin ¡Es el último tema!)…

Espera
Aun me quedan en mis manos primaveras
Para colmarte de caricias todas nuevas
Que morirían en mis manos si te fueras

Espera un poco, un poquito mas
Para llevarte mi felicidad
Espera un poco, un poquito mas
Me moriría si te vas


Es de noche, vemos frenar la F-100, Jorge baja, entra a la sala, las miradas se cruzan y ellos abrazados –todo está dicho- miran a cámara felices sin besarse (por contrato Lolita no se besaba en cámara). Por favor lectores, les pido vayan a youtube y lo vean por Ustedes mismos. Imposible de traducir esas imágenes en palabras, ni Milton lo podría haber hecho.


Al Rosal florido, Alicia le contrapone Hoy puede ser un gran día… a Espera un poco…y sí, hay que decirlo, Yesterday… como operación mágica que busca anular las semejanzas.

¿Semejanzas de argumento? No… hay miles de historias con la misma anécdota… semejanza de clima, de estilo, de formato… son relatos que comparten el mismo universo aunque en principio parezca que uno es Navidad y el otro Halloween (gracias, Tim Burton).

Esa semejanza de formato es la que me permite decir que Alicia estaría feliz con la versión del 41’ donde todo lo kitsch de los setenta –cancionero incluido- se cambia por fracs, pent-houses y servicios de té –y mate- de plata.

Ahora en serio, no voy a decir que fue nuevo-periodismo, pero las doce entregas de Alicia contando su viaje y su romance… tienen lo suyo… Pero, repito, en serio ahora, luego de este Lapicerapices de verano, playero, los invito a volver a los intereses de nuestros lectores habituales y si vamos a revisitar pelis, retomemos la historia que empezamos con Casablanca y Cantando Bajo la Lluvia y Sunset Boulevard y si no que Subí que te llevo y La Carpa del Amor nos lo demanden.


Waldo Williams, 20 de Febrero, 2012

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