Aprendí de Auster, que somos, de algún modo, los lugares donde habitamos.
Avenida Santa Fé 1380, 3° E, Barrio Norte, Buenos Aires. Departamento tradicional a la calle donde viví hasta los cinco años con mis padres, mi abuela Hebe y mi bisabuela Nane. Recuerdo la entrada al edificio, casi un mausoleo Medici y a Pablo el portero, un oso polaco, literalmente.
Fui todo lo feliz que puede ser un chico mimadísimo. Único hijo, nieto y bisnieto.
Me recuerdo juntando papelitos en un casco blanco, para tirarlos por la ventana a las princesas de la primavera que pasaban en sus carrozas, andando en el triciclo azul por los pasillos, poniendo mi lanchita pof pof en la bañera, yendo del cuarto de mis padres al mío a través de una puerta secreta en el fondo de un placard, jugando a casarme con Nane, ella envuelta en la cortina del living haciendo de novia… me recuerdo escuchando un disco de María Elena Walsh y otro de El Club de Anteojito y Antifaz.
Recuerdo el llanto incontrolable del primer día de jardín de infantes (papá me tuvo que traer de vuelta) y el llanto final cuando se vendió ese departamento.
Güemes 3757 1°C, Palermo, Buenos Aires. De los cinco a los veintiocho, toda la primaria, la secundaria y las universidades y el sofá de pana marrón dónde me recibí de psicólogo. Mi primer cuarto, mi cuarto y mis amigos Federico y Daniel del colegio y Luisito y Marcelo, los hijos del portero. Jugábamos en casa y en los palieres del edificio. Jugábamos con una ametralladora de madera que papá había recortado para ajustarla a mi tamaño ¿Estará en algún lado? ¿Dónde estará? Y la televisión en blanco y negro y más tarde en colores y los posters, primero de Billiken y luego de Mafalda.
En el año 72 ese edificio voló por los aires. Una explosión de gas que mató a Luis, el papá de Luisito y Marcelo.
Mansilla 3026 PB A, Barrio Norte, Buenos Aires. Dos ambientes a la calle, dos ambientes grandes (caso contario no hubieran entrado tantos muebles, también grandes). Era el departamento de mi abuela Hebe. Allí pasé los fines de semana entre los cinco y los doce, y seis meses del año 72 mientras ponían en condiciones el departamento de Güemes. Volví al paraíso abuela-bisabuela, mis padres a una segunda luna de miel en Primera Junta, en otro dos ambientes cedidos por el tío Carlos. En la calle Mansilla vi las mejores películas de grandes, me la pasé disfrazado de rey, superhéroe, robot y payaso, aprendí a jugar a las cartas y a servir bien el té y de nuevo fui todo lo feliz que puede ser un chico mimadísimo.
Rivadavia 4447 5° B, Primera Junta, Buenos Aires. Donde pase los mejores fines de semanas con mis padres, un interminable cantar La Gallina Turuleca a tres voces todo el tiempo.
Güemes 3757 1°C, Palermo, Buenos Aires. Aquí viví también sólo con mamá, luego de la separación, cuando nos preguntaban si éramos hermanos (yo tenía diecisiete y ella treinta y seis y los dos parecíamos mucho menos) y después se nos unió mi prima Julia, Julita, y allí me visitaron mis primeras novias y lloré rupturas y festejé el mundial 78 y recién me fui para casarme.
Lamadrid 822, Río IV, Córdoba. La casa de mi abuelo Julio Belisario Molina, Papalito (papa Lalito). Aquí pasé los tres meses de verano, todos los veranos hasta los diecisiete, más de mil quinientos días. En el cuartito de la terraza, en siestas abrazadoras me hice lector. En la misma terraza monté mis primeras representaciones teatrales, mis primos Julita (Michi en ese entonces) y Benjamín (Poli) de cuatro y seis años, eran las primeras figuras de ese elenco. Me acuerdo que los carnavales pasaban por la puerta de esa casa. Me acuerdo haber pedido limosna en ese zaguán, hasta que un día mamá me descubrió.
Wernike 341, 1° 6, contra frente, Ciudad Jardín, Buenos Aires. Departamento que mi suegro nos cedió cuando me casé con Gabriela. La primera vez que viví en el Gran Buenos Aires, para mí fue como mudarme, más o menos, a Birmania. Lo pinté yo y yendo y viniendo con pinceles y latas me sentí el cartonero Báez, pero feliz. Aprender a convivir. Aprender. Los sábados a la noche, de la primavera, caminando bajo las tipas, de regreso del centro, del teatro y del cine. Todo nuevo, todo.
Güemes 3757 1°C, Palermo, Buenos Aires. Año 1995. Me separo de Gabriela y de Wernike 341 traigo sólo mis libros y la loza de mi abuela, en cajas que apilo en mi cuarto. Trabajo en YPF, paso a Coca-Cola y luego a Cargill. Parece que todos quieren que firme para ellos, me pagan cifras disparatadas para comprar mi voluntad. Todos están locos, pienso que en algún momento sanarán y las cosas volverán a la normalidad. Dejo de usar subte y colectivo, definitivamente.
Soler 3811, 7°A, Palermo, Buenos Aires. Mi primera propiedad. Un poco del 96 y otro del 97, no llegamos al año. Dúplex muy luminoso con balcón terraza, vista abierta, resuelta, diría un agente inmobiliario. Pensé que iba ser la primera y única. Ingenuo. No la habito hasta que nos reconciliamos con Gaby. El verano y la noche, tumbados, mirando las estrellas. Ahora trabajo para BAT y me mandan a Londres, la locura continúa. Cerramos todos y allá vamos.
Riverdale Road 42B Richmond, London. Año 1997. Apartamento de tres pisos, nosotros ocupamos dos. El lugar más lindo, mezcla de La Dama y el Vagabundo con Mary Poppins a cuadras de donde vivió y pintó William Turner. Cerca del aeropuerto de Heathrow, todavía se escuchaba pasar al Concorde. Siempre nublado, siempre lluvioso, sólo un día se pudo andar en bicicleta. Un día gris, frío y al final, y como no podía ser de otro modo, mojado. Inglaterra debe ser el único lugar, donde, naturalmente, juegan golf bajo el aguacero. Vivir en Europa. Vivir. Vivir hasta que me dicen, una tarde, que murió Hebe. Y sólo recuerdo el escalón donde me puse a llorar y la voz que se me fue y el cuerpo que enlenteció por semanas, y la claridad de ideas que ya no tuve y la convicción que había dejado de ser, muy a mi pesar, un chico.
De la entrada principal de Bello Horizonte, 300 metros oeste, 200 sur, San José, Costa Rica. Condominio de cinco edificios con jardín y pileta y ausencia total de aire acondicionado frio-calor. No se necesita, el clima es un eterno final de primavera. Pero llueve, mucho, todos los días. A la selva no se la mantiene regándola, la selva pide más. Desde la ventanas se ven los cerros y luego los volcanes. No Se inventaron los nombres de las calles y menos las numeraciones, tampoco los GPS, la orientación se basa en la memoria y en la ubicación del sol y las estrellas. Tierra de sismos y de correr en la madrugada debajo de un dintel. Lugar que inspira romanticismo, playas solitarias playas muy american express, bosques y bosques y cascadas, baños a la luz de la luna y la lava bajando del Arenal. Largas siestas y más amigos que los que se pueden contar Alicia y Peter y Rodolfo y Maria y Manuel y Sole y Arturo y Mili y Clara y Fernando y Jaime y Carlos y la plenitud y los muchos viajes y ese eterno final de primavera que duro del 98 al 2001, mucho tiempo para algo tan bueno.
Soler 3811, 7°A, Palermo, Buenos Aires. Año 2001, BAT que me llevó a Costa Rica y me puso a cargo de los seis países de Centro América ahora me devuelve a Buenos Aires. Los primeros días vivo en el Hilton de Puerto Madero como un extranjero. Soy un extranjero. Soler nos queda chico, durante casi un año guardamos todas nuestras cosas en un depósito, lejos. Festejamos con mago mi cumpleaños, buscamos donde mudarnos, buscamos lo que la ciudad no da.
Pampa 3469, 6° B, Belgrano R, Ciudad de Buenos Aires. Departamento grande y cómodo con vista a las tipas de Melián, nuestra avenida más linda. Hace años cuando era vendedor de un mayorista de golosinas, hacía la zona… cruzar las vías y el mundo era otro, armonioso, sensato, inalcanzable, apenas entrevisto. Vivimos allí nueve años. Papá decía que ese departamento parecía una casa de artículos regionales por los tapices de guatemala y las estatuillas griegas y los huacos colombianos y los cestos del amazonas y las alfombras turcas y el alabastro egipcio y las figuras africanas y los tesoros de cien viajes. Años duros, de buscar y desesperar e intentar contener la desesperación y médicos y tratamientos estándares y tratamientos ciencia-ficción y abogados y psicólogas y trámites e instituciones y puertas y llaves y escaleras a ningún lugar. Y el año que nevó en Buenos Aires, en el 2007, Gabriela volvió a quedarse embarazada y en octubre nacieron Benjamín y Andrés y el mundo cambió. El mundo cambió, definitivamente.
Barrio Santa Bárbara, Lote 810, Troncos del Talar, Tigre, Buenos Aires. Nos mudamos en febrero del 2011, luego de nueve años en Belgrano R. . Benjamín y Andrés ya habían conocido el mar (gracias, papá, dijo Andy cuando lo vio) pedían hacer pis y andaban en triciclo solos. Construimos una casa cómoda, en dos plantas con vista a una laguna y a las diarias puestas de sol. Todavía no planté ningún árbol. Los chicos empezaron el colegio. A los cincuenta años se tienen más dudas que certeza. La duda no como método, la duda como condición de vida. Es una casa amarilla. El tiempo corre, lo veo en el jardín, en el cambio de las estaciones, lo veo en mis hijos, en el material de estas reflexiones. Nada indica que esta sea mi última, perdón, penúltima casa. El Cielo puede Esperar. Esperará.
Guillermo García Avogadro, 23 de abril, 2012
lunes, 23 de abril de 2012
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Me encantó...
ResponderEliminarHoy me desperté a las 4:30, pensando en Juncal 2222.
http://recuerdosnocuerdos.blogspot.com.ar/
Sólo coincidencia o el lugar que uno habita es En Cualquier Lugar dónde hay Esperanza?
Uno habita en Culaquier Lugar dónde hay Esperanza, tiene razón.
EliminarSí,uno habita en Culaquier Lugar dónde hay Esperanza, tiene razón
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