Alicia publicó -hace varios días atrás- bajo el título Todas las Mujeres son Sonámbulas una tipología de Príncipes Azules que me atribuye. Recién pude leerla hoy ¡Falso! Si tuviera esa capacidad de análisis me ganaría la vida como jefe de redacción de Oh-la-la. Lo que puedo recordar de una conversación lejana, es haber opinado que la atracción entre dos personas está fuertemente determinada por la polaridad intelecto-sexualidad y cercanía/calidez-distancia/frialdad.
En ese entonces, Alicia objetó mi planteo diciendo que nunca la sexualidad es enteramente física ni lo intelectual completamente descarnado. A lo que seguramente le conteste que si Oscar Wilde no hubiera sido gay, jamás hubiera podido escribir lo que escribió, porque siempre hubiera tenido al lado una mujer tomándose todo al pie de la letra. No mucho más que eso. Creo que me llevó más tiempo poner en palabras este recuerdo, que la duración real de aquella charla.
Lo que me llama la atención (y cuando leí el título Todas las Mujeres son Sonámbulas pensé que sobre eso versaría la entrada) es que Alicia no mencionara la historia de Paula, que le conté esa misma tarde.
Paula Mazarelli en los años noventa era secretaria de Horacio Quirós, Director de Recursos Humanos de la multi-nacional Cargil. Paula tenía cinco hermanas y todas eran sonámbulas. Por las noches se despertaban al mismo tiempo y jugaban a la maestra o a Amo y Señor, según iba pasando el tiempo. Lo curioso es que era un sonambulismo de grupo, operaba sí y sólo sí todas las hermanas dormían juntas. Para no perder el hábito (ya casadas, algunas con hijos) se juntaban a dormir una vez al año. Desconozco a que jugaban en esa última época.
Su quinta parte de sonambulismo me recordaba los cuentos de Hoffman. Algo tan maravilloso que siempre quedará dentro del lado de lo insólito, alejado de la vida cotidiana y por lo tanto no mucho más que una anécdota de vitrina.
Lo realmente asombroso de Paula es que el novio de jardín de infantes se convirtió años más tardes en su marido ¡Sin interrumpir jamás el romance! No le creí. Me trajo una foto de la “sala Jirafita” donde los dos están dándose tímidamente la mano con cara cómplice, mientras que el resto -de pintorcitos azules- miran desangeladamente a la cámara. Releo el párrafo y me arrepiento de haber escrito en itálica el novio, haciendo justicia se merece un El Novio.
Me pregunto si en este caso la tipología de Alicia es válida, si permanecieron siempre en el mismo cuadrante o se fueron moviendo acompasadamente según pasaban los años ¿Cómo manejaron la tensión cercanía-distancia en cada etapa evolutiva (es fácil pasarse toda la tarde juntos jugando al papá y la mamá, cuando se tiene cuatro, pero la presión grupal no permite hacer lo mismo a los diez…)? ¿Cómo manejaron la tensión sexual (que siempre está presente. Ver Freud, Sexualidad infantil)? ¿Cómo manejaron cada transición? ¿Hubo transiciones?
Siempre fui demasiado prudente, nunca le hice a Pauli estas preguntas, los interrogantes me acompañaran siempre.
Si el amor es un fino bordado de ilusiones ¿Cómo resiste a la áspera realidad de todos los días? ¿Para que el amor sea eterno, habría que rescatarlo de lo cotidiano? ¿Convertirlo en un amor imposible? ¿Los únicos amores verdaderos serán los amores imposibles? ¿Será el caso de Pauli, la siempre conveniente excepción que confirma la regla? ¿Cuántas más Paulis conocen? ¿Qué Woody Allen y Mia Farrow vivieran en pisos diferentes, ayudó a sostener o a destruir la pareja? ¿Deberíamos proponer el retorno de las camas gemelas? ¿Deberíamos obligar por ley que todos los jardines infantes tengan una “sala Jirafita”?
No sé cómo llegue hasta aquí, pero ya saben, la regla del Blog es “escribir sin corregir, ni volver atrás”. Quizá un Head-hunter afiebrado me ofrezca ahora la gerencia de redacción de Cosmo (politan).
Guillermo García Avogadro, 5 de Agosto
jueves, 5 de agosto de 2010
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