Como David Copperfield, nací un viernes a las doce de la noche.
Quizá esto influyó en mi gusto por la literatura inglesa. Mi madre siempre me recordaba que estando lista para salir al teatro tuvo que mudar de idea y correr al Mater Dei. Esa noche iba a ver La Importancia de Llamarse Ernesto de Oscar Wilde (no puedo creer que todavía continúe vigente esa absurda traducción de The Importance to Being Earnest, cuando podemos decir Lo Importante de ser Severo, dado que Severo es un nombre español y permite el juego de palabras que sugiere Wilde, juego de palabras –que por otra parte- la traducción consagrada confunde y pierde irremediablemente, Wilde escribe a propósito Earnest y no Ernest. En fin…).
Tiger, tiger, burning bright
In the forests of the night
Inicia Waldo, con unos versos que yo le leí.
A su vez Pompi me los había recitado a mí en South Bank una tarde de primavera, o al menos así lo recordaba yo.
Como es costumbre de nuestros lectores, en vez de dejar sus impresiones en el blog, Pompi me llama por teléfono y me dice que los versos que ella había aprendido en el colegio (inglés, en Richmond, a metros de la casa de Turner sobre el Thames) decían
Tiger, tiger, burning eyes
In the middle of the night
Pompi, luego, me recitó de memoria el poema completo, no había otras diferencias que esas dos palabras.
Vamos a internet y le preguntamos a Google por esta segunda versión (la que originó todo) 2,690 resultados –no es un mal número- pero ninguno hace referencia a los ojos o a las medianoches, todos perseveran en bosques y brillos de fuego.
Extraño.
El jueves comí con Quety en Azul Profundo. Tenía puesta una camisa colorada –Quety se esfuerza en corregirme diciendo que es roja- sea como fuere siempre le digo que ella le sienta muy bien al rojo, ella lo precede e ilumina. Había leído con interés los últimos artículos de Lapicerápices y me trajo el libro de Norman Thomas Di Giovanni La lección del Maestro, donde cuenta su experiencia de trabajo con Borges a mediado de los años sesenta, cuando juntos tradujeron lo más importante de su obra al inglés. Tuve la precaución de enfermarme y así poder leerlo de un tirón calentita en la cama.
Copio
“…A quien escribe, la preocupación por el estilo le implica una lenta y minuciosa búsqueda que ajuste los significados a los sonidos que lleva dando vueltas en la cabeza (dado que la buena prosa se escribe con el oído, la música precede al significado)…”
“…Una traducción como cualquier otra forma de escritura, siempre puede mejorar, más aún, puede mejorar la versión original…”
Blake escribe sus versos famosos, Pompi aprende una versión en el College y luego la comparte conmigo, muchos años después en Londres. Yo lo inicio a Waldo, él los hace suyos, tiempo después los emplea como epígrafe, para ello va a Internet y encuentra la versión original, Pompi lo lee, cree haber identificado un error y cuando vamos a verificarlo, no había tal, aunque su cuaderno de clase persistía en la versión infantil que ella nunca olvidó.
La música precede al significado. Una traducción, puede mejorar al original.
Porque no pensar entonces que hay un cielo platónico de poesías, donde habitan todos los originales, modelos que son pura música, tono, tensión y estilo. De algún modo versiones degradadas nos van llegando y unos y otros, como podemos, las vamos traduciendo e inducimos cambios mínimos. Traducir es traducirse, vaya saber qué ojos azules o castaños o profundos o inquisidores estaban perturbando a la teacher de Pompi, a que medianoche quería volver. La música es la misma, las necesidades, otras.
Alicia Lis, 31 de Agosto
martes, 31 de agosto de 2010
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