Nota. Esta entrada es parte de una serie, cuya primera entrega es la 96, del martes 10 de enero, 2012.
Anoche los chicos representaron una escena, escenita, de Sueño de una Noche de Verano, en el teatrito de la villa, un lugar divino que recuerda los diseños de Andrea Palladio. Casi me muero, pensar que en casa ni siquiera los puedo tener diez minutos pintando con crayones. Es enero y hace mucho frío y me acuerdo de los eneros imposibles de Buenos Aires, cuando yo tenía seis y papá me llevaba cada noche a plaza Houssay, frente a la facultad de medicina, a aprender andar en bici. La calle Azcuénaga con las persianas de los negocios bajas y la basura esperando ser recogida y allí donde había luz un enjambre de bichos y de vez en cuando una heladería y un helado (nunca de frutilla, muy en contra de lo que indicaría mi género)…y veo a Pablo y Pili abrazados con sus tíos y primos recibiendo nuestro aplauso y pienso si acaso una tragedia, si nos quedáramos sin nada… ¿Serían fuertes los suficiente para construirse desde cero…? No llegué a responderme, el marido de Catalina me toma de los hombros y me ofrece un sambuca y la charla me termina llevando a otra orilla, más segura, menos atemorizante. Aún así, las nubes vuelven y vuelven.
* * *
Veo como maneja Enrico, lo hace con gusto, pareciera que inclusive estacionar en espacios mínimos le causa placer.
Por fuera el palacio Pitti luce roca amurallada gris e inexpugnable. A mediados del mil quinientos, Leonor Álvarez de Toledo y Pimentel-Osorio, mujer de Cosme de Medicis (que es la suma de los Kennedy, Rothschild, Slims y más) como toda madre en buena posición decidió mudarse de la ciudad para criar sus hijos en un lugar más sano, en las afueras, y así fue como empezó todo.
Visitamos las habitaciones principales, El descubrimiento, uso y abuso de la perspectiva o La perspectiva como laberinto de la arquitectura… Sobre una ventana real (de mampostería, digo) no pueden no tentarse y recortan sobre ella macetones con plantas bien pintados, en perspectiva, of course. En otra parte el techo simula estar cubierto por un tapiz, en los vértices, en la zona de tensión, los bordes están arrugados para crear la ilusión perfecta y así hasta el cansancio.
Pinturas y pinturas en proporción foto panorámica de viaje de egresados. Un hombre sentado de espaldas sobre una cerca de piedra, a su lado cuatro bloques de mármol, uno a continuación del otro, antes de ser esculpidos, de diferente tamaño… Ahora en el recuerdo, me vienen como enormes terrones de azúcar. Paradoja: en la obra Duchamp, el azúcar es sustituida por cubitos de mármol ¿Habrá visto Marcel este trabajo, le habrá gatillado las mismas sensaciones que a mí? ¿Chi lo sa?
Florencia es mármol, fachadas, tumbas, fuentes, mesas, tutti mármol. Cuando al escultor reconocido le preguntan cómo creó, digamos, la madre con el niño, responde mirándose las manos…quité todo lo que no fuera ni la madre ni el niño.
Enrico lee un sobrecito de edulcorante “la escultura es como la vida, no es cuestión de agregar cosas, es cuestión de quitar todo lo que no sea vida”.
Alonso dice lo mismo de la pintura y literalmente le borra un ojo al obispo que ha pintado. Ganancia más qué perdida.
Estamos en lo alto del jardín, jardín de Boboli, clima de La Cumbre en nuestra Córdoba, seco y cálido, sol tibio y luz durazno. Terraza al paisaje toscano de vides y cipreses, verdes en pleno invierno. Paisaje de Leonardo. Una se queda un rato y quiere quedarse para siempre. Enrico revuelve, lento, su café. Da ganas de ser jardinero, da ganas de besar suave y húmedamente. Le pregunto si siempre le gustó manejar, si ama a los autos. Enrico sentado a mi lado y mirando a lo lejos, hablándose a sí mismo… mi padre fue el octavo y último hijo, el día que nació echaron a su madre y a sus siete hermanos de la casa, la primera noche durmieron bajo un puente, enterrados, para no pasar frío. Durante diez años fueron vagabundos, a esa edad empezó a escuchar que Mussolini esto, que Mussolini aquello y decidió solo ir a pedirle trabajo. Viajó a Roma y llega a la termini y pregunta a un vendedor de diarios dónde puede encontrar a Mussolini, le responde que en Palazzo Venezia y allí va mi padre y lo espera todo el día. Tarde en la noche sale Mussolini en un auto descapotado, mi padre le hace una seña, el Duce lo ve, pide detenerse y el soldado que viajaba en el estribo lo sienta a su lado. Mussolini sonríe y dice “es la primera vez que me piden trabajo y no limosna, mándenlo a Maranello”. Mi padre trabajó sesenta años como mecánico, tenía tanta y tan antigua grasa debajo de las uñas, que el día de su muerte los de la funeraria no pudieron limpiarlo y fue enterrado con las manos en los bolsillos del traje. Yo no quise eso para mí, fui piloto de pruebas en la fabbrica mientras estudiaba historia y ahora soy “private driver”, aunque hubiera preferido ser “private detective”. Ríe. Ningún músico es una abogado frustrado digo yo y se ríe más (no conocía la publicidad de Converse).
Vamos saliendo, una pintura pequeña, dorso de mujer, desde la mitad de la espalda hasta la mitad de los muslos. Piel blanca, azulada, gris, verdosa, fosforescente como una luna. Pienso, una cola como una luna, sí cola, aunque los españoles digan que se dice culo, que la cola es de los gatos… yo prefiero cola que es algo redondo y no culo que es algo puntiagudo.
Enrico busca las llaves del auto en el bolsillo y sonríe, disimulando ¡No les digo, me volvió a leer la mente!
Alicia Lis, contenta en la Toscana, 23 de Enero 2012
lunes, 23 de enero de 2012
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