Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



miércoles, 19 de mayo de 2010

17. Feissbück

Cuando éramos chicos (fines de los 70…) los amigos llegaban a casa en cualquier momento, sin avisar y pasaban a ser parte de lo que estuviera pasando. También se iban en algún momento, por lo general cuando ellos lo decidían o cuando los tiempos muertos nos mataban de sueño.
Los encuentros y las salidas eran grupales. A la corta o a la larga, todos terminábamos sabiendo todo de todos.
Las opiniones eran radicales, las discusiones podían no terminar nunca ni llegar a ningún lado (bueno, esto no ha cambiado mucho).
Los amigos de los amigos, terminaban siendo nuestros amigos, o más aún, novios o novias.
Nos tranquilizaba saber que el grupo (quizá la palabra más repetida) estaba ahí. Nos gustaba sentirnos parte de lo mismo: colegio, barrio, club o lo que fuere.
Hablábamos todos al mismo tiempo. Peleas y reconciliaciones. Encuentros y desencuentros. Intimidad nula, dispersión mucha, compromiso lo justo. El tiempo parecía estirarse hasta el infinito.
Nadie entendía muy bien cómo funcionaban las cosas, pero todos aprovechábamos lo que teníamos a mano, en todo sentido.
Feissbück es la versión amplificada a escala planetaria de ese momento adolescente e irrecuperable. Sí, irrecuperable, aunque parezca una paradoja.

Hace unos meses atrás, por la insistencia de amigos abrí una cuenta en Feissbück, no fui más allá de eso, jamás volví a ella. Hasta ayer.
Mi amigo Alejandro Bulacio, un fan de Feissbück, varias veces me tiró anzuelos para que picara y participara. Ale-es-insistente. Finalmente, más para complacerlo que por otra cosa, dejé en su muro (creo) un comentario sobre su posición en relación al tema del matrimonio gay. Lo juro, no fueron más de cuatro modestos renglones.
En seguida aparecieron en mi casilla de correo personal, comentarios de desconocidos que –imagino que alentados por mis cuatro líneas- me enviaban también sus opiniones.
Al instante también se sumó mi prima Julita desde Canarias, reclamando por qué glosaba las opiniones de amigos y no colgaba una modesta foto de mis hijos (sus sobrinos queridos).
Empezaron a aparecer ex compañeros del primario que estaban buscando a un maestro de sexto grado que seguramente ya no está con nosotros.
Hice sin querer un comentario inapropiado que leyó medio mundo. Perdón, no era mi intención.
Otros dos desconocidos me ofrecían su amistad, no entiendo bien por qué y nuevamente mi prima y entonces salí del correo y desconecté el laptop. Estaba aterrado.
Entiéndame, yo soy de esos que nunca atienden el teléfono. Que evita los encuentros con más de tres personas al mismo tiempo, que le cuesta un mundo responder un mail personal. No estoy preparado para las múltiples cabezas de la Hidra Feissbuck. Al menos, no todavía.
Acepté un poco a regañadientes participar en Lapicerapices. Lo hice porque me juraron que hoy todo pasa por Twitter, que nadie quiere ni leer ni escribir largo, que casi iba ser un diario personal escrito a tres manos y que todo quedaba en un controlado intercambio epistolar con los ocasionales lectores del blog. Tampoco tendría obligación de contestar los comentarios si no quería (aunque la política del blog es dar respuesta a todos los que nos escriben).
No sé… me parece que me estoy metiendo en camisa de once-mil varas.

Ah ¿Por qué llamo a “Feissbück”, Feissbück?
Hay una tradición hebrea que dice que sólo escribir correctamente el nombre de un demonio dormido, basta para liberarlo.
Tengo el laptop encendido, sé que la Hidra puede aparecer en cualquier momento. Estoy en guardia.

Guillermo García Avogadro, 19 de mayo.

5 comentarios:

  1. A ver Guillermo,
    tal vez haya un poco de miedo, o de preconcepto......
    Yo no soy fanática de las redes sociales, uso Facebook porque me permite difundir ideas.....A veces una botellita al mar.......una semillita...... nunca se sabe.
    Pero yo obtuve información y un tanteo de la sociedad también por facebook.......
    Hay mucha hostilidad, pero también está en la calle.......en la ciudad de Buenos aires una cuadra y un insulto ( vaya a saber uno porqué?)
    También encontras personas que los utilizan para florcitas, jueguitos, flores, videos, música.....En este caso no juzgo, creo que cada uno puede hacer con una herramienta lo que quiere.
    También es cierto ( probablemente para tu espanto) que estudié un Profesorado, licenciatura de RR.HH ( profesión de la cual vivo) abandoné Filosofía porque trabajar con dos carreras al mismo tiempo se me hacía cuesta arriba y AHORA ESTOY CURSANDO PSICOLOGÍA SOCIAL..y las redes sociales te dan cierto panorama de por donde van las cosas.

    Espero te sirva mi comentario, te envié la solicitud de amistad ( la cual podés rechazar tranquilamente;) Finalmente no creo en demonios....de modo que seguiré diciendo facebook

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  2. Acepté la invitación de Alejandro a escudriñar en Lapicerapices...
    Feissbück: Me gusta ¡oh! tu porqué de escribirlo así. Puede resultar agobiante, entretenido, disparador, propulsor, difusor de cosas de la más variada estirpe. Te llegan solicitudes de amistad -las puedes dejar colgadas- o envías las propias esperando que tengan eco. Hoy todo pasa por la red, pues la vida que describes al principio quedó atrás. Aquel grupo de carne y hueso en que se compartían momentos, ha mutado en la fría irradiación de la pantalla y su teclado. En soledad, los ojos arden, las horas transcurren sin percatarse, olvidando incluso comer... ¿Horarios? Todos, o ninguno. Facebook, el monstruo que apetece conocer todo de tí. El ojo (o la Hidra) que nos espía y controla desde algún lugar remoto e indubitable, y al que nos entregamos por voluntad propia. Secretos, gustos, rostros, ideas y pensamientos, geografías y vivencias quedan en la nube para siempre... no intentes borrarlos. Tu identidad ya no te pertenece.
    Amigos... muchísimos, a los que jamás conocerás. Amigos, amigos? Merece una mejor definición: eventuales conocidos.
    Igual, aquí estoy compartiendo contigo gracias a un posteado de tu real amigo Alejandro en... mi perfil del facebook!!! ¿Llegó por casualidad? No lo sé, tal vez el Ojo quiso que vertiera mi opinión sobre si mismo.
    Por las dudas, no bajes la guardia...

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  3. ¿Alguna vez transitaste las aulas de Letras, allá por el año 83, 84? Si es así, te recuerdo con muchísimo cariño, si no, qué lástima, porque el susodicho era un genio.

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  4. Como creo que sos vos, te mando un abrazo y sólo quiero decirte que me alegro de que estés vivo. No es necesario que me respondas ni nada de esas cosas que te desagradan :D

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  5. Hola Andreika, si el susodicho soy yo... aunque el genio debe ser otro, ahí si te confundís. Yo también te mando un enorme abazo ¡la pucha que vale la pena estar vivo...!

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