Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



martes, 18 de septiembre de 2012

137. La multiplicación de peces y panes


Cuando Jesús le habla a la gente desde una barca o en lo alto de una colina es previsible.
Quizá hace dos mil años era inaudito. Quizá la repetición, el poster, la samba del grano de trigo hicieron lo suyo.

Prefiero el Jesús íntimo. El que pregunta, el que es categórico sólo cuando da una indicación corta y precisa, como un cirujano en su mesa de operaciones.

De todos esos anocheceres, el momento ideal para la intimidad, mi preferido es un final de jornada, cerca del mar de Tiberíades.

Se ha juntado mucha gente que ha seguido a Jesús (el inaudito) de pueblo en pueblo. Es tarde para volver. Los caminos de noche, como siempre, son pura amenaza.

Jesús está sentado en un montecito, siempre cruzado por mil voces, por el vacío de las respuestas que no tiene. Los ojos vidriosos, miran hacia ese lugar incierto entre la vigilia y el sueño. Felipe está a su lado. Como despertándose de sí, Jesús alza los ojos y le pregunta ¿Dónde compraremos pan, para que ésta gente coma?

¿Lo hace para probarlo, porque El ya sabe lo que tiene que hacer? ¿O lo hace para darse ánimos, para obligarse a sí mismo, porque nunca está muy seguro si el próximo milagro acontecerá, porque no sabe cómo le suceden? ¿La gente lo sigue por la magia de caminar sobre las aguas y las curaciones imposibles o por el mensaje que intenta hilvanar?

Felipe responde… Ni doscientos denarios bastarían para que cada uno tuviese un mendrugo.

Como afirmando la imposibilidad de la tarea, Andrés indica que un chico, ahí, a su lado, tiene dos peces y cinco panes.

Entonces Jesús dice “Haced recostar a la gente” (y yo me digo si acaso se preguntó ¿Para qué les indicaba tal cosa, cuál era el efecto que buscaba?).

Cinco mil lo hicieron.

Jesús tomó entonces panes y peces, dio gracias y los repartió a sus discípulos y volvió asombrarse de lo hecho, de que hubiera suficiente para doce. Siempre igual, esos hombres no dudaban aunque El siempre vivía desconcertado ¿Es verdad que Soy el que Soy? ¿…Qué es la verdad?

Los doce alimentaron a miles. Comieron cuanto quisieron. Era noche cerrada cuando se recogió las sobras, Jesús no quería que se perdiera nada. Trajeron consigo doce cestas llenas.

* * *

Temprano visitamos la colina donde Jesús dio las Bienaventuranzas. Evito deliberadamente escribir El Sermón de la Montaña. Primero porque no lo es, si acaso, una ligera elevación. Luego porque no es necesario agregar dramatismo geográfico para enfatizar su importancia.
En esa línea de pensamiento recuerdo cuando mi hija Belén no entendía por qué en las películas aparecía, de pronto, música, fuerte.
Finalmente porque sermón remite inexorablemente a amonestación, insistente e interminable. A subrayado grueso. De preferir prefiero… El Encuentro de la Colina y nunca, nunca un Sermón en boca del abuelito de Heidi.

Es un día de primavera porteña, cálido y soleado, desde lo alto del cerro se ve la extensión del valle, verde, más verde que la Toscana. Treinta japoneses, en coro, cantan, religiosamente y todo combina bien, como en una película de Diane Keaton. Nada recuerda a hordas hambrientas castigadas por el sol, la tierra y el viento. Nada, sin embargo, rezo algo. Impulso espiritual, inercia, reflejo condicionado.

* * *

Cruzamos el pueblo de Magdala -de donde venía María Magdalena- y llegamos hasta la pequeña Iglesia de la Multiplicación de los los Peces y los Panes.

El primer edificio era del siglo cuarto y fue base para un segundo que los persas arrasaron en el seiscientos.

Mil trescientos años después arqueólogos dieron con algunos restos arqueológicos, mosaicos que mostraban plantas y animales del Nilo y una cesta con dos peces, uno a cada lado, la segunda cesta más famosa, luego de la de Moisés.

Sobre la antigua traza se construyó la iglesia actual, a cargo de los Benedictinos. Los arqueólogos encontraron también una piedra caliza natural, grande, donde Jesús habría apoyado peces y panes antes del reparto.

Ninguno de los cuatro evangelistas -todos muy parecidos en su narración- menciona esa piedra, la venerable. Tampoco los apócrifos la recuerdan. Pero quizá la piedra sí estuvo allí, aunque lejos de la mirada de Jesús, e indiferente a su destino de reliquia. O no, quizá Jesús haya sido consciente de ella y por un momento, de algún modo envidió la condición compacta, resistente, sin fisuras ni porqués, pero se lo guardó para sí.

Tal vez Jesús cuando jugando con las palabras le dijo a Pedro, tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, estaba pensando en la caliza que no se preguntaba, que no dudaba de su irreductible destino mineral.

A lo mejor, Jesús ni siquiera pasó cerca de la piedra, y quizá ella nunca haya existido, ni tampoco la cesta, ni preocupación alguna por el alimento.

Tal vez sólo hubo una noche plena, donde una comida frugal, ligera, fue suficiente y nadie pidió más de lo que había recibido durante ese día próspero.

Repaso estas líneas y me detengo cuando Jesús dice “Haced recostar a la gente”. Quizá no hizo más que eso, mandarnos a dormir, con la autoridad del padre, como a niños pequeños después de un día de fiesta… y luego claro… a la escena, conmovedora por sí sola, tuvimos que agregarle detalles, música, por vocación épica, para convocar el interés, para enriquecer el clima, por temor a la falta.

Es tarde. Frente a la iglesia, dos inmensas ruedas de molino, de granito o mármol.

El tiempo pasa, mejor busco otra luna.


Alicia Lis, Mar de Tiberíades, 18 de Septiembre 2012

viernes, 7 de septiembre de 2012

136. Sanseacabó


Sin lugar para psicopedagogas, sin lugar para catequistas

Cuando mi hija Emilia tenía seis años, todos nos preocupamos mucho. Escribía perfectamente, pero lo hacía completamente al revés.

Aíbircse etnematcefrep orep, ol aícah etnematelpmoc la sérev… hubiera transcrito al dictado, mi línea anterior.

Al redactar para Lapicerápices, a la mitad del texto ya elegí una frase, o un par de palabras que tomaré para el título. En mi última entrada, Obacaesnas, no fue así. Esa palabra no aparece en el texto. Yo lo terminaba con un… Sus ojos brillan, la niebla está levantando. Sanseacabó. “Sanseacabó” es algo que viene de mi abuela y me pareció apropiado, estando en Israel, reflejarlo sobre la mente espejada de Emilia y titular Obacaesnas.

Israel es el reino del revés. La biblia rescrita por mi hija.

Miro en el Ipad una foto en la que estamos con Emilia. Nos veo a la orilla de un río de aguas verdes, verdes como el sauce criollo, oscuro o claro según refleje o no la luz que se filtra entre la copa de los árboles que en varias filas, se suceden a lo largo de la rivera. El clima es fresco y húmedo, ambas llevamos abrigo. La vegetación, cerrada y añosa, veo ejemplares nuevos y otros tumbados por el tiempo y raíces enormes surgiendo del agua y lianas y más allá pastizales y juncos, como en un delta, y el cantar de los pájaros como en El Tigre. Estamos en el río Jordán, en el lugar donde Jesús fue bautizado, pero nuestro recuerdo es otro. Es el de Juan el bautista cruzando el desierto, entrando a un río pedregoso y bajo un sol sin misericordia, sumergiendo a Jesús en aguas cristalinas. Creemos recordar un horizonte dorado, vasto, mineral y áspero. Nada de eso es así hoy en Tierra Manta.

En Israel nunca el recuerdo coincide, es siempre la imagen invertida que nos devuelve el azogue de sus labores, el negativo de lo esperado, la versión Lewis Carroll de un oasis.

Poco desierto, muchos campos verdes y un clima… gentil.
Sepámoslo, Zeffirelli filmó Jesús de Nazaret en Durango, México.

Aquí una misma cosa puede estar en dos lados a la vez (que a menos que uno sea Dios,es casi, como no estar en ninguno) por ejemplo, el santo sepulcro, donde cada dirección, cada gruta, tiene sus peregrinos y veneración según el credo del que se trate.

También se visitan lugares históricos, muros, calzadas, escaleras con la ilusión de que Pedro o Pablo caminaron por allí, pero al momento nos enteramos que las ciudades fueron destruidas y vueltas a levantar decenas de veces.

Cuando llegamos a la Iglesia de la Anunciación, rápido nos aclaran, que la casa de María, la cueva donde recibió al ángel, podría ser esa u otra centena que el valle cobija.

Eso pasa una y otra vez.

Israel es una manta donde la arruga siempre corre hacia adelante. Una Tierra Manta.
Un sueño que desaparece con el día.

En Israel Emilia escribe al derecho y yo titulo Obacaesnas.

Alicia Lis, 7 de agosto, 2012


jueves, 23 de agosto de 2012

135. Obacaesnas


Seguimos en el hotel “Feliz Sabbath Para Todos”.
Hacía mucho que no compartía el mismo cuarto con mi hija.
Hemos puesto las camas a un lado y nos acostamos en bolsas de dormir.

Cuando murió Patricio, mi marido, me daba miedo irme a la cama sola. No quería invitar a nadie que me hiciera compañía, pero menos que menos preocupar a los chicos… así que los ocho nos íbamos de campamento al living… comíamos sándwiches, mirábamos las estrellas por la ventana y el sueño nos llegaba entre historias de miedo, que cada cual contaba desde su colchón, uno muy al lado del otro.

Hoy Emilia me pidió dormir en carpa y yo no me pude negar.

Con los ojos clavados en el cielorraso, apenas iluminado por el neón del garaje de enfrente, ella recita su malquerer y como le pasa a todo el mundo, en estos casos, confunde educación, cariño en el mejor de los casos, con amor.

El hombre la dejó y parece que sigue solo, y quiere seguir así, evitando todo compromiso.

No la llama, pero si ella le manda una chocotorta (o la mejor versión que una chica muy goy pueda hacer con productos kosher) él le agradece y le dice que es la mejor repostera y Emilia se hace ilusiones pero todo termina ahí. A veces le escribe algo cortito, como por ejemplo, Te recomiendo que veas una serie nueva, Sherlock Holmes… creo que te va a gustar y recibe como única respuesta… Me encantaría… pero estoy agotado… Y Emilia piensa en mandársela en DVD, para que él la mire cuando tenga un tiempo, quiere seguir compartiendo algo… pero no lo hace, no quiere mendigar, no quiere ser la pesada del grupo… Y pasan los días y vuelve sobre lo mismo pero de otra manera y le deja El Extraño incidente del Perro a Medianoche, que es como retomar el tema de Sherlock por otra vía (más dulce, más sensible)… y él de nuevo le agradece escribiendo… llevo al libro a todas partes… me encanta… Y mi hija cambia el nombre común libro, por el nombre propio Emilia y sueña un rato con él y con ella, juntos, pero temprano se despierta y está sola, en una historia que no es la suya y sufre y a mí no me gusta verla así.

Quiero traerla a casa, pero es inútil que haga o diga cualquier cosa, Emilia, sola, tiene que desinteresarse de un juego donde es la única que tira los dados, mueve las piezas, avanza y retrocede, termina la partida y ordena el tablero otra vez, para ofrecerse revancha.

Tengo una imagen en la cabeza, es la de un chico y su perro al atardecer. El chico tira un palo lejos, entre los pinos, en el bosque cerrado y húmedo. El perro va, lo busca y regresa feliz, es el juego de siempre. El chico con desgano, sin darle ninguna importancia lo tira más lejos y el perro viene con él de nuevo. Así una y otra vez, indefinidamente. Con cada tiro el palo cae en profundidades más oscuras y en una vuelta el perro ya no regresa. Sólo se escucha el ruido del viento entre los árboles. Entonces el chico tira dos piedritas al agua, vuelve sobre sus pasos y se va.

¿Triste, no…? Abandono por cansancio, dejarse perder en la niebla.

Puestos a elegir, prefiero el dueño que le parte el palo al perro en el lomo y da vuelta la cara para no verlo escapar entre aullidos. Claro y distinto. Definitivo y categórico.

Una vez una psicóloga me dijo que las relaciones entre hombres y mujeres necesitan explosión, necesitan una dosis de violencia, que el exceso de cortesía, contrario a lo que podemos creer, no ayuda. Quizá tenga razón, pero sé que Emilia no va a dar un portazo sonoro y el otro tampoco. Sólo resta, niebla y cansancio.

* * *

Sale el sol.

En mi mesa de luz, como en la de Catherine Deneuve, un frasco de Chanel N°5. Nunca como en la de Marilyn… siempre duermo en camisón, aún en una bolsa rellena de plumas duvet.

Emilia despierta adentro de una remera de la UCLA, talle XXLL, no creo que la haya comprado ella. Se da una ducha rápida, de vuelta toma el frasco pequeño, de líneas netas, glamour y austeridad, y con las yemas de los dedos se pone dos o tres gotas, apenas, detrás de las orejas. Es divina (soy la madre).

- Papá siempre decía que le gustaba el perfume de tu cuello…Ma… ¿Hoy vamos a la Iglesia de los Peces y de los Panes, no?
- Sí, claro
- ¿Te parece bies éste?

Me muestra un vestidito mínimo en seda naranja. Tiene el pelo largo, lacio y brillante.

- Má… ¿Me prestás la esmeralda de Colombia?

Sus ojos brillan, la niebla está levantando. Sanseacabó.

Alicia Lis, Jerusalen, 23 de agosto, 2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

134. Iglesia de la Natividad


- ¿Dónde está el futuro?
- En la televisión
- No, adelante
- No, en la televisión…
- No, adelante…
- No
(Diálogo de dos niños de cuatro años)

Viajo veinticinco horas (sin contar el remis hasta Ezeiza) haciendo escala en París y llego a mi destino final, mi hija mayor.

El destino final de los padres, ineludible, son sus hijos.

Emilia conoció en Los Ángeles a un productor de televisión Israelí y allá lo siguió y luego de siete meses, parece que todo ha terminado y aquí viene mamá sin estar muy segura si la llamaron o no, aunque siempre dispuesta a integrarse a cualquier equipo si la selección nacional de hijas mimadas la convoca.

Con la recomendación de que no me sellen el pasaporte -por si después quiero visitar algún país árabe- hago cola en Migraciones. Delante de mí una ex argentina, tarotista, residente en Tel-Aviv desde el 2002. Ciudad preciosa, me dice. ¿Es segura? pregunto. Por supuesto… ¿Vos vivís en Buenos Aires…no? Imperdible. Debo recorrerla. Hacelo en colectivo me grita en el oído izquierdo (ciega a mi falda y mi saquito color marfil, made by Prada, not La Salada, señora tarotista, tan preocupada por los precios de Galerías Pacífico). Pero eso sí… me recomienda… evitá las horas picos (claro, claro, digo yo…) es el momento que eligen los suicidas para volarse por los aires… es para causar más daño ¿Viste?

La convencí a Emilia que pasáramos juntas unos días en Jerusalén.

Jerusalén es una ciudad santa para los judíos, aquí se levantó el Templo de Salomón (el lugar donde moraba Dios mismo) y a uno de sus muros, todavía en pie, vienen todos los días centenas de hombres a rezar y hacer sus pedidos. Lo es también para los musulmanes que en el mismo espacio edificaron la Mezquita de la Roca, desde donde Mahoma se elevó a los cielos. Allí mismo fue juzgado y crucificado Jesús. No hay espacio de tierra en el planeta, con más concentración de sacralidad por centímetro cuadrado.

Evitamos algunos hoteles, el King David por el recuerdo del atentado, el Herodes porque nunca dormiría tranquila en la cama de aquel señor… (Me pregunto ¿Saben sus administradores lo que hizo ese hombre?)… y siguiendo esa línea desechamos otro par y finalmente caímos en éste ¡Oh error! que parece una remake de Feliz Domingo Para Todos en versión Hacoaj.

La épica de la tierra elegida y el terror de la Alemania nazi, ya fueron. En Buenos Aires, París y New York, los judíos viven bien o muy bien, integrados. Ni necesidad de huir, ni gestas fundacionales… y la tasa de natalidad de las familias hebreas en comparación con la de las familias árabes es bajísima ¿A qué apunto? Apunto a que la estructura demográfica de Israel está cambiando dramáticamente y que sus autoridades deben esforzarse para mantener el equilibrio entre los dos grupos ¿Entonces? Entonces salen de conscripción de socios e invitan a centenas de estudiantes americanos, de la colectividad, en plan fun tour, para ofrecerles un estilo de vida, mejor, una estadía en tierra santa, con la ilusión de que alguno volverá, elegirá estudiar aquí y quizás eche raíces.

Y nosotras en medio de todo ésto, chicos y chicas de Washington, Vermont, Maine, Wyoming y Minnesota… apilados en pasillos, en sofás y en el suelo, entrando y saliendo, una, cien, mil veces de sus habitaciones y de las de otros, e ingentes e inmanejables cajas de pizzas y botellas por todos lados y fiestas nocturnas y llantos despechados y colas infinitas en los ascensores y un calvario, que ni siquiera la inmensa caja de trufas de El Viejo Oso que traje de Buenos Aires puede mitigar… al final creo que nos equivocamos, que el Herodes no hubiera estado tan mal.

Hoy un guía nacido aquí y casado con una uruguaya nos lleva a Belén (Bethlehem, que significa…casa de carne… ¡Qué asquito… ughff!).

Belén está a unas setenta cuadras de nuestro hotel. Imagínese que sale de Santa Fé y Callao hacia el norte y a la altura de Cabildo y Congreso se encuentra -cortando la avenida, a mitad de cuadra, de lado a lado- con un muro de planchas de cemento, de tres pisos de alto y tiene que bajarse del auto y cruzar una rampa cubierta de alambre tejido, mientras la vigilan desde torres de seguridad fortificadas. Todo luce a guerra fría, a intercambio de rehenes en un puente que une, precario, Este y Oeste. Y reflectores y pintadas en los muros y revisión de pasaportes ¿Y cómo dos mujeres solas? y hostilidad y paso rápido y miradas furtivas y entonces nos vuelven a meter en otro auto, ahora del lado contrario del muro y con un guía cristiano-palestino. Es la tardecita, está nublado y pronto se hará de noche.

Hay viento y olor a pólvora en el viento. Nadie o casi nadie en la calle. Ventanas y puertas de casas y tiendas, cerradas. Escombros, cables caídos, vidrios rotos y el auto que cruza veloz cada esquina.

Estacionamos en una plaza seca, color tiza y caramelo, empedrada, que a modo de pasillo desemboca en la Iglesia de Natividad, la iglesia que guarda la gruta del pesebre, el lugar donde nació Jesús.

Primera desilusión, uno de los lugares más sagrados de la cristiandad no es otra cosa que un paredón sin forma, en el fondo de la nada. Piedras irregulares castigadas por la metralla y una puerta diminuta (la puerta de la humildad) que debemos atravesar en cuclillas. Luego me enteraría que no fue cuestión de presupuesto limitado, fue una medida de seguridad: evitaba que los soldados entraran a caballo al templo. El dintel, tres bloques oblongos (¿Puede haber mejor palabra para describir lo tosco, lo feo, lo soso?) pesados, desiguales y sin inscripción alguna.

Llegamos hasta allí casi marchando como marines, custodiadas por tres voluntarios con rifles pesados, en el interior todo remite a mundo oriental, iconos oscuros y lámparas de aceite en vidrio coloreado, dispuestas en guirnaldas. Goteras, luz mortecina, pisos entablonados y deterioro ¿Dónde estamos? Hay que bajar cuatro o cinco escalones -curvos y gastados -y allí abajo, indicado con una estrella de plata el lugar del nacimiento y más íconos y sombras y un cable de donde cuelgan algunas bombitas de luz, algunas encendidas (25 watts) otras quemadas, por como (no)lucen, desde hace años. Estamos solas, nos sacamos un par de fotos… pero la emoción no aparece, nadie le avisó que estábamos aquí abajo. Me desilusiono de no emocionarme. Salimos, pasamos ahora por la parte católica, toda la visita fue como si me metieran en el lavarropas y me zarandearan entre un montón de prendas, con el motor aturdiendo y el agua turbia y los giros y giros y el desconcierto y luego, rapidito (fue un programa corto) alguien me cuelga en el tender para ser planchada y entregada en la habitación del hotel lista para ir a comer. Todo muy lejos de la hermana Consuelo, del catecismo, de las misas de gallo y del Pesebre Viviente en el Redentor.

Nunca el significado, fue tanto más fuerte que el significante.

Es de noche y se desata una tormenta eléctrica.

El guía nos cuenta que hace unos años, nueve de cada diez habitantes de Belén eran cristianos. Hoy son menos de tres, en poco tiempo no quedará ninguno.

Yo digo que me impresionó el estado de abandono de la iglesia, casi desidia… vergonzante.

Sin sacar los ojos del camino el hombre sonríe y explica que eso no tiene nada que ver con los palestinos… Despacio deja caer las palabras Status Quo… un documento de más de trescientas páginas que regla casi toda la vida en la Iglesia de la Natividad y preserva las relaciones entre el clero romano, el ortodoxo y el armenio, que más de una vez se han tomado a los golpes, largamente.

Todos se disputan la propiedad del lugar, dice.

Por ejemplo… la llave de la puerta está bajo custodia de los ortodoxos… sólo ellos pueden abrirla… En 1853 un incidente con ese pedazo de hierro justificó la Guerra de Crimea... Los romanos tienen uso exclusivo del pesebre de la gruta pero no pueden limpiar la estrella de plata del nacimiento ni celebrar misa en ese lugar… En días alternos a romanos y armenios les es permitido limpiar los escalones que llevan a la gruta… hay sectores del templo exclusivo para cada cual… pero nadie puede introducir ningún cambio… nada puede cambiar…

Miro la cara de Emilia apenas iluminada por las luces del tablero. Va en su mundo revisando por enésima vez el correo que nadie le escribe. Lleva el pelo arreglado con dos hebillas, parece una enfermera de pueblo.

Se muerde el labio y dice, inaudible…

- Ma… ¿Crees en el destino?
- Algunos ven al destino como un riel que nos lleva directo a la estación terminal… para mí es como la noche… una noche donde nos perdemos.
- Má… podés dejar de hablar para el blog… sonás peor que Mr. Gardiner.
- ...Creo en el futuro.
- ¿Crees que tengo futuro?
- Dejá de hablar para dar pena… sonás peor que Ana O.
- Se ríe. ¿Dónde está mi futuro?
- Adelante.

Alicia Lis, 15 de agosto, Jerusalén, 2012

martes, 7 de agosto de 2012

133. Lali

¿Para que sirven las mariposas?
Benjamín Avogadro

Calle Lamadrid al ochocientos, en la esquina Peybo, una modesta venta de electrodomésticos, al frente la policía federal y el almacén de Borgiani y Buzo. Al lado de la casa de mis abuelos, el taller de Massacheci, completamente negro y pringoso de grasa de motores. Massacheci me caía bien y alguna vez me dio una vuelta en moto. Luego la veterinaria y en su vidriera decenas de pollitos y el olor al alimento balanceado. A mitad de cuadra lo de la (estamos en la provincia) Esther Faral y sus tres patios, el último de tierra con gallinero. Esther era una santa y nos cuidó a Polaquito (el Dr. Zorrilla) a Julita y a mí (lo más parecido a los Tres Jinetes del Apocalipsis, en versión apto para todo público) durante la corta pero temible agonía de mi abuela Elena. En la otra esquina Valsecchi e Hijos, cueva de Alí Baba, ferretería enorme que con el tiempo se fue quedando con todas las propiedades de la cuadra. Quizá allí nació mi pasión, inexplicable de otro modo, por el rubro… era una de las famosas cinco esquinas… en la segunda, La Viña de Italia, comedor y pensión, donde buscábamos los domingos, tallarines con tuco, en una fuente enlosada. En la tercera, El Cuerno de la Abundancia, agencia de lotería, quiosco de revistas y parada obligatoria. En la cuarta una tienda (¿La Argentina?) donde un verano, en el colmo de le elegancia me compré nueve pares de medias Roberto de Vicenzo, cada una de diferente color, incluído coloradas y amarillo patito. En la quinta el cine Avenida, donde vi títulos del tipo La Sonrisa de Mamá (Palito Ortega y Libertad Lamarque) pero también El Ladrón de Bagdad y El Pirata Negro las dos con Douglas Fairbanks, que para esa época ya estaba recontra muerto y sepultado. Me queda sólo un recuerdo pero es más que suficiente, Fairbanks clavando su puñal en la vela mayor y dejándose deslizar a medida que el filo rasga la tela, con el viento en popa y los suyos matándose en cubierta.

Mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla, ni de un huerto claro donde madura un limonero, es evidente. Río IV no es Andalucía. Pocas mariposas y muchos cascarudos.

* * *

Las fotos vienen en tres formatos. Hoy son píxeles en celulares y tablets, en los noventa fueron álbumes malayos hechos de plástico, las anteriores, rectángulos de cartulina guardados en cajas y sobres.

Del colegio de los chicos nos pidieron fotos de nuestro primer día de clases. Las busqué, sin dudarlo, en cajas y sobres. Yo en blanco y negro, flequillo pesado, puro ojos, tan parecido a Andrés, con guardapolvo gris sentado en un banco de madera opaca más dura que el acero. Dudo de enviarla, temo que mis hijos, comparando, crean que su padre tuvo por compañeros en la primaria a los doce apóstoles. Tomo coraje y lo hago, la suerte ya fue echada hace cinco años atrás.

En otro sobre, yo de nuevo, ahora muy parecido a Benja (me pregunto ¿Veo lo qué es o lo que quiero ver?) en la terraza de la calle Lamadrid, con mediecitas tres cuarto, casi corriendo, en sepia, con mi tía Lali atrás, cuidándome y recuerdo, de nuevo, a Machado.

Una clara noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría

El hada más joven
me llevó en sus brazos
a la alegre fiesta
que en la plaza ardía.

Laura (Lali) es el nombre de al menos veintidós canciones… de Dany Martin, Arjona, Charlie Parker, Nino Bravo, Raphael, Billy Joel, Roberto Carlos y Maná. Laura está presente en el título de al menos dos novelas. Laura es afín a la poesía.

Laura, Lali, era (es) mi tía más linda, mi tía Lali.

Una tía jovencita y su primer sobrino y ojos claros y sonrisa clara en la década del sesenta, la de la felicidad (ja, ja, ja).

Una tía jovencita que vivía en el palacio de la Porota ¿Una Princesita mediterránea?

Una tía jovencita que jugaba bien tenis y bailaba graciosa y cantaba como Adriana, aunque no recuerdo haberla escuchado cantar nunca. Lali tenía un novio alto, rubio, médico y de ojos celestes, del que estuve celoso, por supuesto.

Dí con ella (y con mi tía July) mis primeros pasitos en esa terraza de baldosas coloradas de la calle Lamadrid.

¿Para que sirven las mariposas? Para hacer más lindas las tardes, a la hora de la melancolía.

¿Para que sirve una tía linda? Para que Río IV luzca como Sevilla y una azotea sea un huerto claro.

A mí también, Antonio, una vez, el hada más joven me llevó en sus brazos.

Sumo una línea a la poesía de Laura.

El filo rasga la tela mientras el mundo se mata en cubierta.


Guillermo García Avogadro, 7 de agosto, 2012

miércoles, 25 de julio de 2012

132. Leonardo, anatomista

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Baldomero Fernández Moreno, Soneto a tus vísceras


Cruzo Saint James Park. Nublado y ventoso. En las parcelas de césped (inglés, nada de grama bahiana) decenas de reposeras con lonas celestes y blancas a rayas. Súbditos de la corona, sin termos ni mate, dirigen la mirada al punto teórico donde debería estar el sol. Nublado y ventoso, verano londinense.

Los árboles pierden hojas como si fuera otoño y la gente compra helados como si hiciera calor. Nadie transpira, les aseguro. Camino entre macizos de flores blancas, azules, amarillas, margaritas, me encante su salvajismo, digo, su paisajismo.

Arrastro mi bolso Samsonite. Las ruedas, estoicas rebotan sobre el pavimento, indiferentes a las decenas de turistas que se fotografían frente a Buckingham Palace. Hace años juré no sacar una foto más y no me arrepiento. Ahora debería jurar no llevar más bolsos.

Son las cuatro y media de la tarde, es mi último día en la ciudad, hago cola y luego pago 9 libras en The Queen’s Gallery para ver la exhibición Leonardo Da Vinci: Anatomista. Yo paso por el detector de metales, sendos trajes del Hombre de Acero -con sus mascaras- que compré para Benjamín y Andrés son rigurosamente examinados, pero también pasan.

No lo advertí y nadie me avisó que la galería cierra en media hora. Mal rayo me parta, haré la visita como tour de japoneses en el Louvre.

Mi primera vez en The Queen’s Gallery. Es pequeña y acogedora. La iluminación óptima, en ningún caso tuve que ajustar el ángulo de visión o hacerme pantalla con la entrada ni entornar la vista, nunca ningún reflejo sobre el cristal que protege las obras. La magia existe y no es patrimonio exclusivo de Pixar.

Me produce cierta emoción (algo kitsch, reconozco) tener esos dibujos a la misma distancia que los tuvo Leonardo cuando los fue haciendo. Nada me separa, tengo las obras frente a mí, extiendo mi brazo y puedo jugar a que yo dibujo los contornos. Veo lo que él veía, me miento, porque sé que nunca, nunca podremos ver como él y no lo digo filosóficamente hablado, lo afirmo fisiológicamente convencido.

(Es)tuve sólo media hora. Voy directo al punto. A Leonardo lo tenemos (lo tengo) como un artista interesado por la ciencia… pero si fuera al revés… ¿Si fuera un científico cabal, habilidoso con la manos que se gana la vida decorando interiores para sus patrocinantes?

Quizá mi modo de valorarlo sea una deformación romántica donde el genio artístico le gana a la metódica ciencia. Quizá.

Es cierto, Andrea del Verrochio, maestro de Leonardo, les enseñaba a los aprendices que debían profundizar su conocimiento del cuerpo humano si querían representarlo de modo preciso… Pero imaginemos este cuadro… Un hombre insiste frente a señores y magistrados para conseguir hoy un cadáver y mañana otro, en días donde esa tarea es rara, inusual, más todavía si la lleva adelante un artesano. Son tiempos donde no existen medios para conservar los tejidos y la tarea no se acaba en una noche. Olor denso, acre, nauseabundo. Trabajo sin sueños ni pausas. Ácidos, sustancias viscosas, grasa, todo en descomposición. Luz de velas, sombras cambiantes, la vista que se esfuerza por captar detalles en condiciones imposibles, la necesidad de crear métodos que permitan sostener la apariencia de un órgano un rato más, para poder dibujarlo mejor, vívido, preciso. Seccionar cráneos y abrir un torso al medio, quitar capa por capa, piel, tejido adiposo, llegar al músculo, separar sus fibras, estudiarlas, limpiar hasta el hueso, recorrer cada forma, al tiempo que todo se registra con esmero sobre una hoja… y sobre otra y otra… y la ropa manchada de sangre y bilis y asco y la muerte metiéndose en los pulmones y debajo de las uñas y opacando el brillo de los ojos y un hombre que sigue dibujando lo que pocos, quizá nadie vio hasta ese momento, la inserción de los nervios espinales, el corazón y sus válvulas, los órganos de la reproducción, de la vista, la lengua, la mecánica interna de brazos y piernas, el feto humano en una bolsa, esférica, perfecta e irreal… Todo ese celo, esa energía, no deviene únicamente de cumplir con la enseñanza del maestro, nada tiene que ver con el mero interés de representar a un guerrero en batalla conforme a su naturaleza, no, no…Es otra cosa, de otro orden, hay un interés profundo y evidente por el conocimiento cierto que trae la observación precisa del mundo.

Leonardo no sabía leer latín, no tenía acceso directo al conocimiento disponible en su época… Una debilidad que lo hizo más fuerte, nada se interpuso entre él y su ojo, aprendió más y mejor, generó ciencia. Sin embargo lo que produjo se mantuvo disperso y oculto por años, para todos. No hubo herederos. Los anatomistas que vinieron luego, durante siglos recorrieron lentamente y con menos brillo caminos ya abiertos. Transitaron sin saber lo ya transitado, centenas de láminas espléndidas y precisas se les negaron.

Del Leonardo artista recordamos la Gioconda, la Última Cena, la Virgen de las Rocas y el Juan Bautista.

También tenemos sus curiosas máquinas y la caligrafía espejada, casi dos juegos, dos curiosidades.

El fiel balanza no es generoso con el pintor, el escultor, el artesano.

Sabemos de sus múltiples intereses, en todos los órdenes.

Tratamos de explicarlo diciendo que fue un hombre del renacimiento.

Hoy estoy convencido que antes que nada, primero fue un científico y luego un artista.

Pero quizá no… Quizá Leonardo lo sea todo, todo junto, al mismo tiempo e igual de bueno… y nos cuesta reconocerlo.

Todas las vocaciones son un misterio. Las habilidades, los dones, son regalos. Fernández Moreno lo sabía y nunca intentó ser médico.



Guillermo Garcia Avogadro, 25 de julio, 2012

lunes, 16 de julio de 2012

131. Picadilly Line

Let it be (Lennon y McCartney)

Sigo en Londres. Viajo por Picadilly Line, si nuestra línea D uniera Ezeiza con plaza San Martín, sería una buena comparación.

Suben tres adolescentes, japoneses, todos llevan anteojos tipo Henry Kissinger. Uno de ellos sin lentes (sí, sólo el armazón). No puedo dejar de mirarlo fijo, me cuesta creerlo (quizá porque ya olvidé lo que es tener dieciocho). Se debe haber sentido cohibido, al momento se los quita y guarda. Luego en el aeropuerto me cruzaría con otro caso similar. Dos golondrinas hacen verano. La moda (como la rosa) es sin por qué. Definitivamente.

En el vagón, muchos son literalmente absorbidos por sus smarth-phones. Con auriculares puestos dejándose llevar por la música, o leyendo mensajes, por decenas, o twitters con fotos diminutas, o moviéndolos a izquierda y derecha corriendo una carrera o escapando de caníbales... No sé, completamente absorbidos. Quizá en Buenos Aires pasa lo mismo, viajo tan poco…

Sentado frente a mí, en su diminuta pantalla, un paquistaní ve una y otra vez un clip subido a U-tube. El video sucede en el subte, underground.

Dejo a un lado a mi amigo con turbante y me concentro en lo que pasa a nuestro alrededor, observo un cartel que dice “El diario que Usted lee es basura”, fuerte ¿No?… Claro está, es una campaña para que todo esté un poco más limpio. Registro el movimiento de las estaciones, los trenes que vienen en dirección contraria y nos encandilan, la gente que baja y sube (esa es aquí la dinámica de sólidos) los cambios de luz, de temperatura, la publicidad, voy del detalle a lo general y de de allí de vuelta a otro detalle.

Un compañero de viaje, en su pantalla, ve lo que ve a través del recorte de otro. Su experiencia de primera mano es, de hecho, una experiencia de segunda mano (un banquete para Platón)… Me pregunto: dentro de una misma generación ¿En qué momento se corta la cadena de representaciones de la realidad ancladas en soportes digitales generados por alguien anterior, al que ahora mira?
Pero también me pregunto si esa forma de ver la realidad, está reduciendo verdaderamente nuestra capacidad de observar. O de alguna u otra manera, sea como sea, siempre hemos recortado la realidad para poder asimilarla. Ya sea porque otro encuadra y graba, o porque alguien nos instruye en cuáles son las categorías óptimas para ordenar, y entender (aprehender) lo que vemos. No sé… era más fácil concluir que la moda es sin por qué.

Suben dos inglesas, madre e hija, clase media trabajadora, las mujeres inglesas tienen los ojos azules más lindos del mundo. No importa que sean demasiado gordas o demasiado flacas u ordinarias o no tengan gracia, o hayan envejecido mal o intuimos que así será. Esos ojos azules son mágicos y siempre lo serán.

Me distraje. Me distraje y me pasé.

Bajo en Baker Street (la calle de los panaderos. Hoy nos genera una sonrisa ingenua, mientras Silicom Valley, admiración. Nada más que una cuestión de tiempo). Es la estación original del primer subterráneo del mundo, una placa dice que se inauguró en 1863.

Pero sólo Baker Street 221 B, tiene algún eco para mí. Es el domicilio del dos ambientes de Sherlock Holmes. En la época en que se escribieron sus historias, la Baker Street no llegaba hasta el 221. Al extenderse la calle, muchos años después, esa dirección le correspondió a la Abbey National Building que ocupo el espacio entre el 219 y el 229. Y es allí donde empezaron a llegar cartas, con el nombre de Holmes como destinatario. Tiempo después, en algún lugar entre el 237 y el 241 fue abierto, siguiendo una reconstrucción detallada (incluida el número de escalones entre la planta baja y el primer piso) el Holmes Museum. La disputa de a quién le correspondía el celebérrimo 221 duró años y nunca se zanjó, sólo que cuando la Abbey cerró allí su operación, nadie osó desafiar nuevamente a la ficción.

Doble paradoja. Un observador agudo de la realidad, un reconstructor del mundo a partir de la deducción sostenida en el detalle registrado con minucia, un detective que le da sentido a lo aparentemente ilógico a partir de su fé en el poder de la razón, de su apego a los hechos medibles, verificables… Un representante del positivismo, pero un personaje de ficción al fin, cuya materia es la palabra escrita, logra filtrarse en el mundo, logra hacerse tan presente y sólido como un edificio y disputar con un organismo inglés el derecho de propiedad sobre el 221B.

Quizá un Imperio lo sea por su genio para escribir las historias que nos gusta contarnos y su capacidad de perseguirlas y hacerlas realidad. Quizá, no sé

Llegué al fin, subo las escaleras, me miro los zapatos, están un poco golpeados. Me acuerdo que de chico, con no más de diez años, me los hacía lustrar en la tienda de lustre que estaba (creo que sigue estando) en uno de los extremos del pasaje Obelisco Norte, a la salida de la estación Catedral (de la D, claro). Hoy no podría resistir tener alguien encorvado sobre mis pies, con las manos y la uñas retintas, afanándose por unas monedas. Se me ocurre algo, casi una formación reactiva. Camino rápido hacia Whitcomb Street, cerca de la National Gallery, entro al Barber Shop y le ofrezco mi cuello y mis mejillas a la navaja.

El imperio inglés dominó desde el Lejano Oriente hasta América, incluyendo entre otras decenas de países a Botsuana, Egipto, Rhodesia, Seychelles, Canadá, Birmania, Ceylán, Nepal, Palestina, Singapur, Nueva Zelanda, Bután, Irak, Tonga, América del Norte , Australia, Papúa New Guinea y las Malvinas¿Me explico? En el sillón del barbero me siento un poco Al Capone, cuando se dejaba afeitar cada mañana por un desconocido en el Lexington Hotel de Chicago. Demuestro mi poder, desarmándome frente al poderoso. Metáforas.

Metáforas, decir una cosa por otra.

¿De qué hablamos cuando no hablamos de amor?

Camino solo, muy solo.

Y ahí estás vos, lector para el que escribo todas las semanas, más poderoso que un Imperio, callado, sin decirme nada, a vos te ofrezco estas líneas que me gustaría fueran Naderías de Una noche de Verano, de Wolfang Amadeus Shakespeare y no son más que mis Tribulaciones desde el Subsuelo a la hora de la Siesta.

Let it be

Guillermo García Avogadro, Picadilly Line, 16 de Julio, 2012

jueves, 12 de julio de 2012

130. Damien Hirst


I want art to be life, but it never can be

Bajo en la estación Southwark, llueve y apuro el paso para hacer las cinco cuadras hasta la Tate Modern. Sólo me detengo frente a un edificio en construcción, típico de la arquitectura que hoy se ve en Londres, cajas de vidrio y acero, todo a la vista, estructura, servicios… Un cartel anuncia la venta de pisos a partir de un millón de libras. Hogares para familias de uno o dos miembros, quizá tres… seguramente una excepción que deberá validar el consejo de propietarios.

Llego al enorme espacio de la vieja usina y compro el ticket para la muestra de Damien Hirst.

En las escaleras mecánicas me digo que no es una exposición para ver solo. El arte conceptual prioriza el diálogo sobre la contemplación. El discurso (como modo de pensar) sobre el trabajo con los materiales.

La fuerza del arte conceptual está en la idea detrás de la obra. Vale más la agudeza, la revelación, que la ejecución misma.

Una idea puede ser descrita en un texto. El texto ha sido el modo habitual de difundir ideas. Sin más, Einstein, buen ejemplo de inteligencia visual, razona movido por imágenes, pero luego en el papel, usa pocos gráficos y muchas fórmulas, que son una expresión de lo conceptual al cuadrado. Todo eso pensaba mientras subía hasta la sala. Al entrar me cruzo con Vargas Llosa, de poder elegir hubiera preferido cruzarme con Andrea.

Andrea Mantegna trabajó en el mil cuatrocientos, para la bella Isabel de Este, en Mantua. Pintó mucho y para su marido hizo La Cámara de los Esposos, donde retrata a toda la familia, trabajando los detalles y la perspectiva de modo tal que las paredes y el techo de la habitación parecen disolverse hasta convertir el recinto en una caja de cristal con vistas al valle y a los poderosos que lo dominan. Un mago de la ilusión. Un mago.

Entro y camino a través de la obra expuesta. En el museo clásico, la caja vidriada preserva lo que merece ser exhibido y resguardado. Una inmensa vitrina con una mesa-escritorio blanca, un cenicero repleto y una silla de oficina, vacía; otras vitrinas, decenas, llenas de cajas de medicamentos. Una vaca y un ternero, Madre e hijo separados al nacer, literalmente, cada uno en dos mitades perfectas, por cuya bisectriz podemos transitar. El tiburón de doce millones de dólares (La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo) preservado en formol, que se cambia por otro cuando el tiempo lo deshace. Comprimidos, tabletas y pastillas alineadas en metros y metros de estantes. Moscas que nacen de un lado y mueren del otro, dentro de su hermética caja pero a la vista de todos.

También se recrea la instalación del año 91, In and out of love. En una primera sala, cinco paneles, grandes y monocromáticos con algunas mariposas aplicadas a modo de collage. La siguiente sala, nos hace participes del ciclo de vida de esas mariposas, las vemos volar, posarse en un hombre, en una mujer, nacer, alimentarse, languidecer y morir. Es el espacio donde me quedé más tiempo y el lugar que verifica, por contraste, lo que hace años sentenció el mismo Hirst "Quiero que el arte sea vida, pero nunca puede ser".

La mariposa es bella aún muerta. La mariposa es tan perfectamente bella que trasciende lo físico. Mi hijo Benjamín de cuatro años me preguntó si me gustaba la palabra mariposa. Luego me preguntaría si me gustaba la palabra sandía, palabra profundamente verde y rosada.

Sueños, realismo, apariencia, palabra, sentidos, vida y muerte, de eso habla la obra de Damien Hirst. Bajo ese programa le dio mayor densidad a viejos símbolos nuestros.

Salgo. Viento y nubes color cinc (son las peores…). Waldo hubiera dicha que el arte conceptual nos participa más como escribanos, que como observadores. El goce no pasa por el ojo, pasa por los diálogos. Sólo estamos ahí para dar fé que la obra se realizó, no importa por quién. Las ideas son universales y reproducibles. Discutir si tiene sentido pagar fortunas por un original (lo que en este caso sería un perfecto contrasentido) es una conversación infinita y absurda que no me interesa dar… las nubes color cinc me persiguen, diligentes.

Vuelvo a pasar por el edificio a estrenar. Pienso en Andrea Mantegna, que sólo simulo quitar las paredes, en Hirst que metió la realidad (la suya) en vitrinas para que la visualizáramos como arte. Miro esa caja de cristal, donde todo está a la vista –donde el hombre de hoy está descubierto- y remplazo el cartel de venta por otro que dice “La imposibilidad fáctica de no ser obra de arte, en la mente de un artista conceptual”.

Distraído rozo, ligero, a una señora al cruzar, rápido, la calle… Sorry about that.


Guillermo García Avogadro, 12 de Julio, Southbank

viernes, 6 de julio de 2012

129. Difícil dormir

El viajar es un placer, que te suele suceder
Pipo Pescador
 
¿Olimpiadas? Tal vez, lo único que sé es que no había asiento en Business. Conseguí en Económica Superior, su nombre ya la delata, un absurdo, una especie de purgatorio, una cabina pequeña entre cortinitas azules que separa a la nobleza del pueblo, una especie de clase media, incómoda y pretenciosa como toda clase media que se precie.
 
Asientos ligeramente más amplios que los de la cercana Económica a Secas, pero que no sirven de mucho al volar trece horas con cuatro de diferencia horaria. Cuando en casa son las nueve, hora de ir a comer, en el destino son la una de la mañana y en el medio de la nada vaya a saber qué hora sea.
 
Es difícil dormir sentado, largamente, a contra reloj. Uno sabe que no debe intentar estirarse sobre el abdomen tipo decúbito prono, con el cráneo incrustado en el posabrazo, y los miembros superiores e inferiores flexionados y rotados en modo inverso a la rotación de la luna. Uno sabe que debe relajarse… y gozar. Pero no… no podemos mantenernos así mucho tiempo, hay algo que nos lleva a buscar una posición inexistente para alcanzar el sueño que sólo la horizontalidad puede traer. Esa posición inexistente es siempre absurda e incómoda, pero igual insistimos.
 
He dormitado tres horitas bajo un frío glaciar (no entiendo porque los pilotos insisten en convertir a su pasaje en medias res) suerte que vine preparado (bufanda de algodón incluida) a mi lado veo sufrir a todos los que viajan muy vestidos de verano europeo. Están estornudando ¡Super! Mañana yo estoy igual.
 
Tengo los pies hinchados, son dos diminutos Increíbles Hulk a punto de estallar. Las articulaciones duras, como si me hubieran inyectado, con esmero, en cada una, conchillas de mar. Me saco el antifaz que me mantiene en la oscuridad (como si con eso bastara para conciliar el sueño) el elástico estaba a punto de cortarme la circulación a la altura de las orejas, que tengo plastificadas con un par de tapones que reducen, intentan reducir, el ruido de las turbinas. Me duele la cabeza, ese tipo de dolor producido, digamos, por tener puesta una escafandra y desconectado el oxígeno o quizá mejor, por llevar un vagón de subte entre las sienes.
 
Abro un ojo, en la pantalla que tengo frente a mí, veo que la ciudad más cercana es Dakar, que la temperatura exterior es de 65 grados bajo cero y que nuestra velocidad llega a 970 kilómetros por hora, todo es lugares y cifras inauditas.
 
Tengo hambre, hace seis horas sirvieron una mezcla de almuerzo y cena. Pasa un ayudante de cabina, le pido, por favor, algún snack. Me trae tres paquetes con dos galletitas cada uno, un sache de paté de hígado de ganso, un vaso de agua, un jugo de naranja y una magdalena (alguien me puede negar que la ecónoma-nutricionista-chef que diseño este menú estaba al borde de ser internada, para siempre). Clasifico mi bandeja según la calidad de los empaques, los que se abren fácilmente al desgarrarlos por el lugar indicado y los que terminan siendo una bolsita tironeada con el contenido hecho polvo. Termino mi magdalena, me tomo un vaso de agua y me acuerdo de mi hijo Andrés (le encantan las mandalenas).
 
En el medio de la noche, alguien le pide a su vecino que le saque una foto, quiere documentar quizá tanto glamour, seguramente. Al menos estoy sentado del lado del pasillo, no molesto a nadie, voy al baño (baño con nueve horas de vuelo. Do you know what I mean?) Tengo la piel seca, los párpados y las fosas nasales y los labios secos, me miro en el espejo, la mirada opaca, así luciré cuando esté muerto.
 
Salgo, dos mujeres charlando, creo que harán Londres y Praga... Yo pensé que ya estaban hechas, también tocarán París, aunque no creo que se deje. Una de ellas era la misma que en Ezeiza, con acento cordobés, le pedía a otro, por celular, que le contara todo, qué estaba haciendo, qué pensaba, cómo se sentía. Sí yo hubiera sido el interrogado me hubiera quedado bloqueado por horas. Parece qué a él le pasó lo mismo, la cordobesa cortó en menos de dos minutos.
 
Vuelvo a mi asiento. A lo lejos alguien llora, a lo lejos. Debe ser uno de los cuatro hijos -entre dos y cinco años- de la pareja alemana que me crucé al embarcar, cuando la aerolínea trataba de comprar voluntades a 400 dólares por pasajero... Las olimpiadas, tal vez, lo único que sé es que habían sobrevendido el vuelo.
 
En mi reloj son la una y veinte, estoy desvelado pero intentaré lo imposible, dormir algo más…Mañana Damien Hirst me espera a mí… y a otros cientos, en la Tate Modern, luego de una hora de cola .
 
Guillermo García Avogadro, 6 de julio, 2012

sábado, 30 de junio de 2012

128. Viernes

Es viernes, es tarde

Me gusta quedarme dormido en mi sillón cómodo,
Me gustan los ruidos de la madera en la noche,
El peso de mi mano derecha sobre la izquierda,
Un vaso lleno de agua,
Almorzar solo,
Peinar el pelo con los dedos,
El pelo largo,
Me gusta estar despierto cuando todos duermen,
Reconocerme en los rasgos de mis hijos,
Las casualidades,
Me gusta cuando me traen una réplica mía, ingeniosa, olvidada,
Que me pregunten, escuchar, el silencio,
Los hombres de pocas palabras,
Me gustan los instrumentos para medir el tiempo y el espacio,
Los escenarios, los magos,
Sentir como la barba raspa,
Afeitarla, levantar la vista y verme otro en el espejo,
Las manos con sortijas, como las de Mujica, que nunca he llevado,
Los sombreros y los chalecos, que evito,
Las bufandas, los pañuelos, los cuellos altos,
Las películas en blanco y negro, en gris y plata,
El estilo de Gene Kelly
Y cuando era chico, increíble, llevar anteojos de pasta, pesados
Los ríos y las sierras, tanto más que el mar,
Los reflejos en el agua,
El frío en la cara al subir una montaña,
La ducha luego de un vuelo transatlántico,
Caminar junto a un perro vagabundo, a mi lado,
Los números primos,
Los nombres cortos bien acentuados,
El queso y dulce,
El chocolate amargo,
El Campari,
Tenderme bajo las estrellas, en verano,
Me gustan los años cuarenta y los zapatos Crockett & Jones, gastados,
La linda letra, las etimologías, los atlas,
Las acuarelas, los pasteles, la tinta de china,
La hora del té,
Me gusta que me tomen de la mano,
Que me acarician los párpados,
Ver a los chicos corriendo, desaforados, en el campo,
Tirándose bomba, disfrutando,
Escucharlos en la noche hablando en secreto.
Las mujeres cuando están roncas,
Su sonrisa,
Sus tobillos, verlas llevando falda,
Los móviles de Calder
Y el perfume de tu cuello, sí, de tu cuello,
El recuerdo de mis abuelos,
Rapsody in Blue sobre postales de Manhattan,
Antes relojes y lapiceras, ya no, demasiada vanidad,
Una sala de la National Gallery y otra del Metropolitan,
Las letras de Col Porter,
Y pedalear de noche con la luz de la dinamo titilante,
Navegar a vela, viajar en globo,
La calle Melián,
Haber besado en la plaza,
El pan y el aceite,
Una salchicha asada en Bloomsbury, Londres, en la calle,
Comer de parado pizzas, empanadas, al lado de los que trabajan,
Comprar uno, tres, cinco libros, nunca ni dos ni cuatro,
La moneda inglesa de una libra,
Escribir en los bares,
El café con leche,
El olor a tierra mojada,
Haber levantado una casa.

Tengo miedo de la muerte,
Más de tu muerte que de la mía.

Guillermo, 30 de junio, 2012

jueves, 21 de junio de 2012

127. Crímenes y Pecados

Durante toda la vida debemos tomar decisiones morales que resultan desgarradoras. Algunas son importantes y muchas lo son menos, pero estas decisiones nos definen. Somos la suma total de ellas.
Los acontecimientos ocurren de forma tan imprevisible e injusta que parece que la felicidad humana no se incluyó en el diseño de la creación. Sólo con nuestra capacidad para amar le damos significado a un universo indiferente.
Louis Levy

Alicia tiene razón, si mañana volviera a nacer quisiera hacerlo como Woody Allen, si con el sexo cambiado, en el cuerpo de Peggy Guggenheim, si something in between elegiría, pese a todo, volver siendo Oscar Wilde. Si vamos a pedir, pidamos.

Guillermo escribió sobre Manhattan, para mí esa película es parte de la trilogía de New York (perdón, Auster) junto con Annie Hall y Sueños de un Seductor, que ¡Oh paradoja! se filmó en San Francisco por problemas gremiales. Si a ese tridente ofensivo le sumamos Zelig, Hannah y sus Hermanas y Crímenes y Pecados… puedo decir, muy seguro, nosotros seis contra todos lo que se vengan. Películas que de alguna manera me construyeron, o al menos amoblaron mi dos ambientes.

Difícil quedarme con una, pero luego de tanto hablar de amores contrariados, elegir la cinta que mejor se interna por el túnel de la culpa pareciera no ser una mala elección.

Glosa en los márgenes. Si buscan liberación en Google obtendrán 10.900.00 resultados (no es un mal número). Si buscan culpa 24.400.000. Huelgan los comentarios.

En Crímenes y Pecados se cuenta las historias de Judah (Martin Landau) oftalmólogo exitoso y la de Cliff (Woody Allen) documentalista fracasado. Sus vidas sólo se tocan al final, cuando se encuentran, por casualidad, en un casamiento y cambian algunas pocas frases, mientras otros, alegres, festejan.

Judah tiene carrera, mujer, hijos grandes y una amante, Carmen, que puede tirar todo por la borda. Judah ha malversado fondos, cometió fraude y disimula con beneficencia. Carmen lo sabe todo, y no acepta el abandono, está desesperada y pasa de la amenaza a los hechos. Caminan al borde de la cuerda, está oscuro y el mar da miedo, mucho, se puede comer, rápido, al profesional modelo y a su familia ejemplar.

Pero Judah también tiene un hermano con capacidades especiales, un hermano oculto, pragmático e inmoral, un asesino a sueldo que se encarga de terminar con la vida de la amante.

Cliff es fiel a sus convicciones y a la ética de su obra. Lo encontramos haciendo un documental sobre el profesor Louis Levy, pero éste se quita la vida antes que el trabajo esté terminado.

La mujer no lo valora, lo compara con su exitoso hermano Lancer (Alan Alda) director de televisión. Cliff lo desprecia por superficial y vacío, pero sin trabajo ni proyectos acepta filmarlo para un especial en su honor. Allí conocerá a Holly (Mia Farrow) productora que trabaja a desgano con Lancer. Los dos se ríen a sus espaldas. Holly le trae un poco de felicidad, Cliff la besa, se declara enamorado y piensa que ella puede ser su segunda oportunidad. Desea a una mujer que no es la suya, en su matrimonio no queda traza de amor.

A Judah le cuesta (algo…) aceptar el asesinato como solución del conflicto, pero acosado la toma. Dios es un lujo que no me puedo permitir, dice.

Cliff trabaja para Lancer, es verdad, pero no puede traicionarse y en los avances que vemos del fílmico, las imágenes de su cliente se contraponen con la de Mussolini y Mr. Ed.

Cliff pierde el trabajo y también a Holly que terminará casándose ¿Adivinen con quién? …Sí… con el rico y arrogante Lancer.

* * *

Escribo de memoria, he visto Crímenes y Pecados más de diez veces. Releo. Mis líneas son a la película, lo que los huesos de un dinosaurio a la bestia infernal que reinaba en el jurásico. Nada. Quiero romperlo todo y escribir una oda a la cebolla, al calcetín, a la cuchara.

Medianoche, el viento es despiadado con los árboles y mi ventana no lo contiene. En la calle hiela, me preparo un café, pongo el DVD, y vuelvo a ver al cansado león de la MGM, otra vez. Afuera algunas luces ámbar.

Rápido me convenzo, mi error no fue limitarme a describir la peripecia, el esqueleto, dejando de lado las líneas del diálogo… Cada réplica es tan buena, que hubiera terminado copiando íntegro el guión, dibujando, al fin, un mapa borgiano, completo, perfecto pero completamente inútil.

Al contar Crímenes y Pecados como un teorema, aunque en el fondo pueda serlo, pierdo el clima, la luz, su temperatura.

Los colores son cálidos, pero todo es frío, más frío que el invierno de la ciudad y de los personajes, más aún que el frío de sus abrigos, de sus piletas cubiertas y su pasto quemado por la helada.

Me refugié en la anécdota y perdí las manos que frotan, tensas, la frente y el sonido de un teléfono como un puntazo en la espalda y la mirada febril y perdida y la espera de algo, de nada, en el interior de un auto y matar el tiempo y las nubes negras que pasan y el mal humor y un golpe sobre la mesa y el aire que no alcanza y el cuerpo que se retuerce por dentro y la certeza del insomnio y en medio de la noche, nosotros girando sobre lo mismo y la ansiedad y la cabeza llena de paja y el fuego tan cerca y el pecho tan angosto y partido y nadie a nuestro lado… Y todo eso que hemos vivido tantas veces.

No supe describir el frío de un mundo sin centro, que gira alrededor de una estrella muerta.

* * *

En el final veremos a Judah y a Cliff de smoking. Uno muy cerca de un Cary Grant sombrío, el otro de una casa de ropa de alquiler. Conversan al lado de un piano. Es la boda de la hija de Ben, rabino, paciente de Judah y cuñado de Cliff. Todo es blanco o negro. Todo claro y distinto.

Judah abre el diálogo, casi un monólogo, de algún modo, una confesión.

Ben me dijo que usted hace películas.... Tengo la “gran historia” para “una de asesinatos”. Un argumento increíble... Hay un hombre muy exitoso, que lo tiene todo...

El director, con pudor, evita que Judah le hable a la cámara sobre los detalles del crimen, se aleja al salón y vuelve cuando su hombre retoma el aspecto filosófico del relato.

…Y una vez que el infame trabajo está hecho, la culpa lo abruma…. Surgen chispas de un pasado religioso que había sepultado, escucha la voz de su padre, imagina a Dios mirando todos sus movimientos, de repente no es un universo vacío... Es un universo justo y moral...Y él lo ha violado... Entra en pánico, está al borde del colapso mental y a pasos de confesar todo a la policía...

El plano se ha cerrado sobre el rostro de Judah, casi un terreno baldío. Habla desde el fondo de una caverna sellada con siete candados.

…Pero una mañana se despierta...y brilla el sol y su familia está junto a él. Misteriosamente la crisis desaparece… Va de vacaciones a Europa con su mujer y sus hijos...y con el correr del tiempo ve que no es castigado. Al contrario, todo se encarrila… Culpan a otro por el asesinato... Un hombre con más víctimas en su historial. Que importa... Una más no cambia nada.... Ahora es libre… se ha liberado. Su vida vuelve a la normalidad. .. Está de vuelta en un mundo protector, en un mundo de riqueza y privilegios.

Cliff: (preocupado) Sí, pero… ¿Usted cree que realmente puede volver?

Judah: Bueno…todos cargamos con algún pecado.... Digo… de vez en cuando se tiene un mal momento....pero pasa… y con el tiempo todo desaparece.

Cliff: Entonces sus peores temores se hacen realidad...

Judah: Yo dije que era una historia espeluznante… (con algún cinismo en el modo de mirar, ligero)

Cliff: A nadie le sería fácil vivir con eso… muy pocos podrían vivir con algo así en su conciencia.

Judah: (liberado) Muchos hombres cargan con faltas graves… ¿Qué se supone que haga? ¿Que confiese? ¡La realidad es así! En la realidad racionalizamos, negamos… o no podríamos seguir viviendo.

Cliff: …Yo haría que él se entregue... Así la historia alcanzaría una dimensión trágica… Ante la ausencia de un Dios, él debe asumir toda la responsabilidad. Se excede y parece escapar del destino pero finalmente le llega su castigo… Una gran tragedia.

Judah: Eso pasa sólo en las pantallas… ¿Vas demasiado al cine, verdad? Yo hablo del mundo real… Para finales felices están las películas de Hollywood…

Judah sonríe algo nervioso, entonces entra su mujer vestida de color verde esmeralda, se miran, se toman de las manos y ella le dice que se ve muy apuesto, se besan con cariño y ahora sí, Judah es Cary Grant en su mejor momento.

Cliff se queda mirando el piso. En el salón, Ben, el rabino ciego, baila el vals con su hija. En su oscuridad es el único que parece ver una luz.

Mientras vemos girar, felices, a padre e hija escuchamos al profesor Levy, que sabemos se ha suicidado, cerrando con un hilito de voz “La mayoría de los seres humanos parecen tener la habilidad de seguir intentando, e incluso encontrar placer en las cosas simples como su familia, su trabajo y en la esperanza que las próximas generaciones quizá entiendan mas…”

Waldo Williams, 21 de junio, 2012