Nota inicial. Escribí éstas líneas sobre las formas de mirar antes que estallara la polémica Lis-Williams.
Sepan que no estoy de acuerdo ni con Alicia ni con Waldo. Tampoco conmigo.
Sólo estoy de acuerdo con Saramago cuando dice “dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, y eso es lo que somos”.
* * * *
Entro a una tienda de fotografías y pregunto si hacen revelado en 24 horas, la respuesta es ¡No! Entonces en… ¿48 horas? No, en 48 horas tampoco. ¿Y en 72? No, no, tampoco.
Desilusionado y sin saludar salgo del local, no disponía de tanto tiempo en San José (de Costa Rica). Curioso, doy media vuelta y desde la puerta insisto con fastidio ¿En cuánto tiempo revelan un rollo ustedes?... En dos horas, señor.
Los Ticos son completamente literales, linealmente literales.
San José de Costa Rica es el infierno de los picaflores.
En San José es tarea casi imposible conquistar a una cajera o empleada de comercio.
No existe el doble sentido y nadie lee entre líneas.
No conocí cómicos famosos, los oficinistas no se juntan en la máquina de café a contar chistes, nadie te pregunta ¿Sabés cómo le dicen al presidente?
Al juego de palabras se lo considera palabrota o nadería de niño.
Nadie que pase la comunión se permite dudar de lo que se pregunta. Nunca me tiraron la muy porteña ¿En que sentido me lo decís?
Estoy convencido que a los homónimos (palabras que siendo igual en la forma, tienen distinta significación) se los considera herejías que corrompen la lógica del universo.
Imagino a Tribunales del Santo Oficio juzgando a palabras que pronunciándose de modo parecido nos llevan a destinos diferentes según se las interprete ¡Sea Anatema!
El mundo es como es y todos lo miramos con el mismo cristal. Más aún, no hay cristal, sólo armazón.
Con mi amigo del alma Arturo Borbón (más Tico que el Gallo Pinto, arroz con pollo, plato típico que se sirve al desayuno, al almuerzo y a la cena) nos sentamos a comer en Il Pomodoro de Zapote.
Reviso la carta: espagueti con tomate, espagueti con pesto, espagueti con salsa blanca, espagueti con frutos de mar…
Arturo pide espagueti con pesto. Yo pido espagueti con tomate y salsa blanca.
Ese plato no está en la lista, me contesta el mozo.
No discuto, pido pasar a la cocina, Arturo transpira.
Me atiende el cocinero rodeado de ollas varias. Contengo la respiración e intento ser didáctico.
- Lo que yo quiero es fácil, pone en ese plato la pasta, un cucharón de salsa de tomate, de ésa (señalando) y otro de salsa blanca (señalando también).
No dudo de mi claridad y vuelvo a la mesa.
Al rato llegan los pedidos. El mío es una pirámide de fideos, de hecho son dos porciones amontonadas en un solo plato, una ladera bañada con salsa roja la otra con blanca.
Sólo me cobran una porción.
Playa Sámara, noche estrellada y luna llena, mar calmo, parador glamoroso.
Yo ya hice mi elección, Gaby, mi mujer, duda ¿Qué será más liviano, sano, sabroso, cremosito, tierno y menos engordante? Se ha detenido en cada línea de la lista evaluando los ingredientes, el tipo de cocción y los acompañamientos. Ha repetido esta operación cíclicamente por varios minutos. El cielo de Gabriela será la contemplación eterna de un menú de restaurante. Trato de disimular –mal- mi ansiedad escrutando el horizonte.
Llega el mozo ¿Qué se van a servir los señores?
Gaby pregunta (Gaby siempre tiene algo que preguntar. Gaby es periodista desde que nació) ¿Cómo es el pescado del día a la Playa Sámara?
Contesta el mozo, lento, orgulloso de recordar cada detalle: el pescado del día a la Playa Sámara, tal como su nombre lo indica es una pieza pescada en el día que se cuece al vapor sobre un colchón de finas hierbas, todo envuelto en un cartucho de algas y rociado con gotas de leche de coco y ron.
Se nos hace agua la boca. Gaby se decide: quiero eso. Yo cambio mi idea original, también quiero uno.
Les voy a quedar mal, contesta el mozo, en el día de hoy no pescamos nada.
En Buenos Aires vivimos en La Pampa al tres mil quinientos. Nuestro domicilio es una convención. En la cuadra no hay un solo ombú ni crece soja en los canteros. Los terrenos se venden por metros, no por hectáreas.
Ni siquiera puedo afirmar con seguridad que habito exactamente a tres kilómetros y medio del inicio de la calle Pampa y si así fuera el valor cognitivo sigue siendo escaso si no sé dónde es el inicio.
Esta doble fuente de incertidumbre sería mortal para un Tico.
En San José los domicilios no son convenciones. Son objetivos, unívocos y mensurables.
Cuando vivíamos allí, nuestra dirección era “Del puente de los Anonos, trescientos metros al sur, cincuenta al oeste”.
Al puente se lo puede tocar, de la brújula no se duda, cada metro es contable. Nunca se perdió una carta.
Las cosas se ponen difíciles cuando se mantiene el nombre de la referencia, pero el mojón cambia o desaparece, como “El viejo palo de Mango” que fue talado, o la Bomba (estación de servicio) de la avenida central que devino en soda (bar al paso).
La Guía Filcar local es una sucesión de manzanas y manzanas dibujadas sobre la consabida cuadrícula, sin ningún nombre de prócer o batalla, sólo la trama urbana como una telaraña negra sobre sucesivas hojas en blanco. Tenerla en las manos, anonada.
Mes de Octubre, semana patria. Escena de video clip que muestra un correo trayendo al galope la carta. El locutor -en off- dice “…La independencia nos llegó…”.
¡La independencia nos llegó! Es verdad que no costó ni una bala, pero ¿Qué tipo de país evita caer en aceros y alboradas y leones y estridentes clarines, para conmemorar su liberación? Un país que llama a las cosas por su nombre, por su único nombre.
No hay cadenas de significados. La realidad es real y tiene un solo lado, no existe la perspectiva ni el revés de la trama.
Me pregunto ¿Qué verá un Tico cuando cruza el bosque lluvioso? ¿Qué le viene a la cabeza cuando entra en su mar tan American Express, se baña junto a un volcán en actividad o baila en la misma pista que Arturo y Mili?
Aunque la idea le repugne, este Tico no verá lo mismo que yo (argentino criado en la selva televisada del Tarzán de Ron Ely. Yo que creía que playa era la llanura metiéndose en el agua helada de Miramar…y volcán sólo el Krakatoa estallando en la pantalla del cine Gaumont en Congreso).
En cuanto al baile, huelgan las comparaciones, al lado de Arturo y Mili, todos nos sentimos una estaca pampa bien clavada en la pampa.
Guillermo García Avogadro, 14 de julio
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