Cómo parecer culto. Frases plagiadas para ser repetidas en público. Analogías y paradojas. Críticas en borrador. Asuntos internos: disputas legendarias por temas que le interesan sólo a los autores. Oia thoughts! Crónica de viajes. Reflexiones para llamar la atención. Nostalgia. Homenaje a nuestros amigos. Citas apócrifas. Blanco y negro, algo de sepia, nada de color. Estrategia de nicho. Redefiniciones. Aclaraciones marginales. Notas al pie de página. Deja vu. Auto-ayuda. Automatismo.



jueves, 15 de julio de 2010

34. Eso es lo que me pasa a mí

Recuerdo tres sesiones en la historia de mi terapia.
Voy a compartir sólo una (a menos que decaiga mucho el número de lectores y debamos apelar a los golpes bajos).
Tendría no más de 21 años.
Llegué, me recosté en el diván y hablé con entusiasmo de Zelig, la cinta donde Woody Allen tiene la capacidad de transformarse psicológica y físicamente de acuerdo a la persona con quien esté: negro si es un jazzero, con mechones de pelos arreglados como tirabuzones (peyot) si es un rabino, gordo y blancuzco si comparte balcón con el Papa, delgado -con bigote ralo y jopo- si marcha junto al tercer reich.
Una escena me había llamado fuertemente la atención: Zelig está solo, sentado en una silla con la vista perdida en una ventana. La peli es en blanco y negro y la luminosidad del sol convierte al paisaje en una mancha color plata. Zelig está quieto y parece vacío, contemplando la nada misma.
Me quedo pegado a la escena, digo “claro… está tan pendiente de agradar, de sentirse parte que se transforma en el otro, pero cuando está solo…cuando está solo no es nadie…eso es lo que me pasa a mí…”.

* * *

Aquellos días cursaba Letras (una de las decisiones más equívocas de mi vida. Sólo recuerdo dos cosas de ese plan de estudios, ambas son construcciones gramaticales –rítmicas y muy sonoras- en griego: “kalós kosmetikos y autodidactos deimi”).
Tenía un compañero (creo que la palabra compañero también es equivoca para describir ese vínculo)… había otro estudiante (me pregunto ¿Había realmente estudiantes en esa facultad?) retomo, había otro estudiante –digamos- aficionado a sentarse a mi lado, las pocas veces que yo estaba presente.
Una tarde de primavera (nunca olvidaré los indescriptibles pantalones playeros de bambula colar arena que llevaba) me confesó estar perdidamente enamorado de una chica, que luego de una rápida descripción, termino siendo una antigua –pero no tanto- novia mía
¡Para que! Pasé a ser su confesor, guía y paño de lágrimas. Y yo muy Zelig, sin poder decirle que no me interesaba ninguno de esos roles, que se arreglara sólo que ¡Chau picho!
Nunca supe si me torturaba con su mal de amores por ingenuidad o perversidad, aunque con el tiempo intuí que podía haber algo de lo segundo.
Finalmente, espacié mi asistencia a clases pasando de ocasionalmente a nunca y me deshice del problema.

En mi vida, ejemplos como éste se cuentan por docenas.
Y como Zelig, estando con un obrero de la construcción mi sempiterna alergia muta del rosado-camarón a unas manchitas blancas idénticas a las rebeldes marcas que deja la cal y el hablar se me vuelve pastoso y paraguayo y el pelo luce mojado como saliendo de la ducha al final de la jornada.
En cambio, entrando a la Universidad de Belgrano, mi metro setenta se estira diez centímetros y la alergia luce como un tostado Saint-Barth y tartamudeo ligeramente –casi como Borges- y el rojo bermellón, el rojo carmín, el rojo óxido, el inglés y el de cadmio…se me vuelven un único y uniforme colorado.


* * *

Hace unos años (nada en esta entrada pasa en el presente) estaba mirando Desde el Actors Studio; James Lipton pasaba a David Lynch por el cuestionario de Bernard Pivot. Cuando le pregunta cuál es la palabra que menos le gusta, contesta corpiño (de acuerdo), cuando lo hace sobre la que más le gusta dice No! (completamente de acuerdo).

Me ha llevado décadas hacerme amigo del No!
Hoy es mi palabra predilecta.

-¿Te gusta el cine iraní? No!
-¿Las playas argentinas? No!
-¿La música dodecafónica? No!
- ¿Marguerite Yourcenar? No!
-¿Los grupos? No!
-¿Las mujeres en pantalones? No, No!!
-¿La comida francesa? No!
-¿Las cosas de diseño, de autor? No!
-¿Los animadores? No!
-¿Jacques Lacan? No!
-¿Lo nacional y popular? No!
-¿La cultura del vino? No!
-¿Los celulares? No!

Como todo converso hice del No! una cruzada.
Mi primera respuesta es No! después discutimos…es así, te guste o no.
El uso abusivo del No! me liberó del síndrome de Zelig y de encuentros, conversaciones, relaciones y tareas fastidiosas.
Es verdad, a veces estoy un poco sólo en mi departamento interno (excelente pulmón de manzana) de la calle Las Heras, pero nunca estoy vacío, siempre estoy lleno de yo.
¡Kalós kosmetikos y autodidactos deimi!

Waldo Williams, 16 de Julio

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